A SER FAUTORA APRENDE; NO SE NACE
Arrobados estamos de quien llama
Nora Sándigo. ¡Cuánto y qué bien hace!
Tanto que a los dos mucho satisface.
Que no se apague nunca su impar llama.
Quien migró y fue ayudada también ama.
A ser fautora aprende; no se nace.
Nos consta que ese reto a Nora place,
Y sin remordimientos va a la cama,
Donde, con el deber cumplido, sueña
Que es de una casa aún más grande dueña
Y puede cobijar a más infantes,
A los que ahora ve alegres, triunfantes.
Nos flipa que su luz sea halagüeña,
Y que urdan un soneto dos migrantes.
Emilio González, “Metomentodo”
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home