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Cuando un gesto deviene en una gesta,…

Ángel Sáez García 14 Feb 2026 - 14:00 CET
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CUANDO UN GESTO DEVIENE EN UNA GESTA,

SE HALLAN LAS/OS MIMBRES PARA HACER LA CESTA

La cesta del rótulo es un obsequio; y si la persona que te hace el regalo es un poeta, un vate al que le gusta usar en sus composiciones métricas las estrofas clásicas, acaso ese recipiente lleve incorporado entre sus mimbres los dieciséis versos endecasílabos de que consta un soneto con estrambote.

Hace dos cabales semanas y media, el miércoles 28 de enero, mientras el abajo firmante estaba departiendo con sus amigos Maribel y Vicente (ellos subían la cuesta de la calle Miguel Eza y este menda la bajaba; ellos iban en dirección de su casa y yo de la tudelana biblioteca “Yanguas y Miranda”) nos saludó, deteniéndose a nuestra altura, enfrente del clausurado y tapiado cine Regio, Marimar, una vecina de servidor (vive en el edificio anejo al mío) y correspondimos los tres a su salutación. Nos despedimos del matrimonio, ellos con ganas de llenar el buche, de desayunar, y anduvimos Marimar y yo, durante un tramo del camino, apenas unos metros de la Plaza de los Fueros o Nueva (ella se dirigía a un bar cercano para tomarse un café —eso colegí al menos, aunque luego pensé que podía tener una pequeña cafetera en su lugar de trabajo—, antes de abrir su establecimiento, una peluquería), juntos, dándole a la mui y, acto previo a optar por la bifurcación del camino, ella (ignoro si es un vocablo común en ella) usó el vocativo “corazón”  (“bueno, corazón, que pases buen día”) para decir adiós, antes de alejarse por su derrotero.

Como hacía mucho tiempo que nadie se dirigía con ese cariñoso término a mi persona, lo recordé por la tarde, y rememorar ese vocablo, corazón, dio pie a que hiciera lo propio con sus padres, Petra y Máximo, que regentaron, durante muchos años, un colmado, una tienda de barrio, en la que podías encontrar de todo lo que necesitaras y estaba situada en los bajos de los porches de la actual Plaza del Padre Lasa, donde ahora se hallan las dependencias de la jefatura de la Policía Nacional de Tudela.

Del abigarrado local, a mí lo que más me llamaba la atención, cada vez que mi madre me mandaba a comprar algo a la mentada tienda, era un recipiente redondo de madera donde había un montón de ordenadas sardinas arenques, que a mí no me flipaban, pero a mi padre le entusiasmaban, se pirraba por ellas.

A lo que iba, que, como soy un adicto a las digresiones, me puedo perder, en menos que canta un gallo o que se yanta un callo, por los cerros de Úbeda; que me dio esa tarde por escribir un soneto con estrambote, como si yo me hubiera metamorfoseado en Máximo y se lo dedicara a su esposa, Petra, padres de Marimar (y de Marisol y Anabel, sus hermanas).

 

EL AMOR SE COCINA A FUEGO LENTO

 

Si es extenso tu grupo de amistades,

Seguro que conoces al que ha hallado

Pareja en un pispás, y ya ha sellado

Su unión, al coincidir sus voluntades.

 

Deseo compartir intimidades,

Aunque creas que soy varón callado;

Vivir anhelo y odio ser dallado

Por la parca, con otras prioridades.

 

Para hallar un amor que satisfaga

Tendré que desnudar mi cuerpo y alma,

Y hacerlo con paciencia, sí, con calma,

 

Siendo atrevida y no persona vaga.

El amor se cocina a fuego lento;

Me aconsejó hacer alguien con talento.

 

Su consejo seguí al pie de la letra

Y convivo dichoso junto a Petra.

 

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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