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TENSIÓN MÁXIMA EN EL CARIBE MIENTRAS TRUMP PIERDE CONTROL POLÍTICO

Los planes de Donald Trump para Venezuela se aceleran: Nicolás Maduro busca ya refugio

Trump incrementa la presión militar sobre Maduro con un ultimátum de salida inmediata, pero el régimen chavista se mantiene firme mientras la polémica en casa socava la credibilidad presidencial

Periodista Digital 02 Dic 2025 - 10:18 CET
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La administración Trump se enfrenta a un dilema geopolítico cada vez más complicado en Venezuela.

Con el portaaviones USS Gerald R. Ford y más de 12.000 efectivos desplegados en el Caribe, oficialmente para operaciones antinarcóticos desde agosto, la situación ha llegado a un punto crítico.

Nicolás Maduro está muerto de miedo, pero rechaza de manera tajante las demandas estadounidenses de abandonar el poder.

Para colmo, ha surgido una nueva complicación: el descubrimiento de un segundo ataque contra un supuesto barco narcotraficante el 2 de septiembre ha desatado una tormenta política interna que debilita la posición negociadora de Trump.

La Casa Blanca confirmó hace pocas horas que se ordenaron dos ataques aéreos contra la misma embarcación, no uno como se había informado previamente.

El segundo ataque se realizó tras el fracaso del primero en cumplir sus objetivos. Legisladores de ambos partidos en EE.UU. exigen respuestas sobre posibles violaciones a las leyes de guerra, cuestionando si estas operaciones militares cumplen con los estándares internacionales. Esta controversia interna llega en un momento especialmente delicado para Trump, justo cuando intenta mantener una presión coordinada sobre Maduro mediante amenazas militares y ultimátums diplomáticos.

La estrategia de presión de Trump fracasa ante la resistencia de Maduro

El presidente estadounidense ha desplegado una estrategia dual: amenazas militares combinadas con exigencias diplomáticas directas. En una reciente conversación telefónica con Maduro, Trump presentó un ultimátum directo: el líder venezolano, su esposa Cilia Flores y su hijo debían abandonar Venezuela sin demora. A cambio, recibirían garantías de salida segura. Desde Washington, se planteó que Maduro y su círculo cercano debían marcharse para facilitar un retorno a la democracia. No obstante, la respuesta del régimen fue una contraoferta que evidenció la profunda divergencia entre ambas posiciones: Caracas ofreció ceder el control político a la oposición, pero manteniendo bajo su mando las fuerzas armadas.

Este rechazo ha dejado a Trump sin opciones diplomáticas efectivas. Ante esta situación, ha intensificado su retórica amenazante, afirmando públicamente que los esfuerzos para combatir el narcotráfico «por tierra» comenzarían «muy pronto», una afirmación ambigua que ha suscitado especulaciones sobre operaciones encubiertas en tierra. Sin embargo, estas declaraciones chocan frontalmente con la realidad política interna estadounidense, donde congresistas de ambos partidos cuestionan la legalidad y proporcionalidad de las operaciones militares ya realizadas.

Por su parte, Maduro ha respondido adoptando una estrategia defensiva simbólica junto con apelaciones internacionales. El régimen chavista proclama que Venezuela es «indestructible, intocable e invencible» y ha movilizado a la OPEP pidiendo apoyo para frenar lo que consideran una «agresión» estadounidense. La vicepresidenta Delcy Rodríguez leyó una carta presidencial ante un comité ministerial de la OPEP, advirtiendo que cualquier acción militar estadounidense «pone en grave peligro la estabilidad de la producción petrolera venezolana y del mercado mundial». Esta maniobra busca internacionalizar el conflicto, alertando a los productores de petróleo sobre los riesgos asociados con una escalada militar en la región.

El aislamiento regional de Maduro acelera su vulnerabilidad

En los últimos días, Maduro ha sufrido un notable deterioro en sus alianzas regionales. Venezuela ha perdido dos apoyos clave que antes le otorgaban cierta legitimidad internacional. Esta erosión del respaldo regional complica enormemente la situación del régimen chavista, que ahora depende casi exclusivamente de países como Rusia, China y Cuba para sostener su viabilidad política y militar. De hecho, Cuba ya ha emitido comunicados oficiales defendiendo a Maduro, denunciando interferencias electromagnéticas atribuidas al despliegue estadounidense y clamando contra lo que consideran una «guerra psicológica» contra Venezuela.

A pesar del aislamiento regional, no se detiene la resistencia de Maduro. El régimen ha adoptado una postura desafiante al revocar las licencias operativas de seis aerolíneas y rechazar categóricamente las declaraciones sobre el cierre del espacio aéreo venezolano realizadas por Trump. El canciller Yvan Gil calificó estos comentarios presidenciales como una «amenaza colonialista» y advirtió que Venezuela «no aceptará órdenes ni injerencias provenientes de ningún poder extranjero». Esta actitud desafiante mantiene viva la resistencia interna frente a lo que el régimen presenta como una invasión estadounidense.

La CIA inicia operaciones encubiertas mientras Trump pierde control narrativo

Mientras tanto, han surgido informes sobre actividades intensificadas por parte de inteligencia estadounidense dentro del territorio venezolano. La CIA ha comenzado a operar más activamente dentro del país chavista, aprovechando las grietas en el sistema de seguridad del régimen y las redes fragmentadas de oposición. Estas operaciones encubiertas, aunque no confirmadas oficialmente, forman parte de una estrategia más amplia desde Washington para desestabilizar el control ejercido por Maduro desde adentro. Sin embargo, hacer pública esta información junto con los ataques aéreos contra barcos civiles ha ido erosionando la credibilidad de la administración Trump, tanto a nivel nacional como internacional.

La polémica generada por este segundo ataque es particularmente perjudicial porque pone al descubierto inconsistencias fundamentales en el relato oficial: si realmente se trata solo de operaciones antinarcóticos, como sostiene Washington, ¿por qué fue necesario llevar a cabo un segundo ataque contra la misma embarcación? ¿Quién tomó esa decisión y bajo qué autoridad legal? Estas preguntas planteadas por congresistas estadounidenses minan la legitimidad generalizada de toda campaña militar en el Caribe. A pesar del esfuerzo del secretario de Estado, Marco Rubio, por justificar las acciones designando formalmente grupos vinculados al régimen como terroristas, esta maniobra legal no logra acallar las críticas internas.

El espacio aéreo como nuevo campo retórico

La disputa sobre el espacio aéreo venezolano marca un nuevo capítulo en esta escalada conflictiva. La afirmación realizada por Trump, indicando que dicho espacio permanecería «cerrado en su totalidad», es sin precedentes y va más allá incluso de las operaciones antinarcóticos anunciadas. Esta declaración fue interpretada globalmente como una amenaza velada hacia un posible bloqueo militar, algo que contraviene convenciones internacionales. En respuesta, Maduro exigió «respeto por su espacio aéreo», tildando dicha declaración como un «acto hostil unilateral y arbitrario».

Como consecuencia inmediata se suspendió un programa destinado a repatriar venezolanos deportados desde los EE.UU., lo cual generó mayor presión sobre Trump, especialmente desde sectores dentro de la comunidad hispana estadounidense. De manera astuta, el régimen chavista ha utilizado esta medida para argumentar que es Washington quien asume responsabilidad por las consecuencias humanitarias derivadas del aumento tensionado, no Caracas.

Una estrategia militar sin objetivo claro

El problema central radica en que la estrategia diseñada por Trump carece de un objetivo final claro y alcanzable. Mantener 12.000 efectivos en el Caribe indefinidamente resulta insostenible tanto política como económicamente. Por otra parte, Maduro, lejos de debilitarse ante esta presión externa, ha demostrado capacidad para resistir gracias a una mezcla efectiva entre nacionalismo retórico y apoyo externo proveniente principalmente de países aliados como Rusia y Cuba, además del respaldo interno asegurado por su aparato policial y militar. En este sentido, el régimen ha desplegado más de 5.000 misiles antiaéreos rusos tipo Igla-S a lo largo del país convirtiendo así a Venezuela prácticamente en una fortaleza defensiva cuya ocupación terrestre resultaría extremadamente costosa.

Mientras tanto sigue creciendo la controversia interna estadounidense acerca de la legalidad relativa a estos ataques aéreos. Congresistas exigen investigaciones profundas; medios internacionales cuestionan si estas acciones violan convenciones bélicas; todo ello contribuye al desgaste progresivo dela credibilidad presidencial respecto al liderazgo militar ejercido por Trump . Curiosamente , lejos desuponer un debilitamiento definitivo , Maduro parece haber consolidado aún más su narrativa alrededor dee resistencia frente loque llama agresión imperialista , mensajeque resuena profundamente entre amplios sectores popularesy gobiernos afinesen lal región .

La situación actual en el Caribe atraviesa ahora una fase crítica marcada por un estancamiento peligroso. Trump cuenta con una superioridad militar abrumadora, pero carece de derecho político interno para utilizarla. Maduro carece de recursos militares comparables, pero posee suficiente determinación política junto con el apoyo externo adecuado para resistir. Entre ambos extremos, la región parece estar preparada para enfrentar una crisis prolongada sin solución aparente en el horizonte

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