De cómo Norteamérica nos ha devuelto a la Edad Media e Israel a la época de las cruzadas (1ª parte)

De cómo Norteamérica nos ha devuelto a la Edad Media e Israel a la época de las cruzadas (1ª parte)

“Al mundo lo rige el rayo”, dijo el gran filósofo griego Heráclito al final del s. VI a.C. “Todo fluye, todo cambia, nada permanece”, añadió. Los rayos brillan al principio, pero al final destruyen cuanto tocan. Algo así se puede decir de los humanos: cuanto más poderosos, más peligrosos. Cuanto más civilizados, mucho más crueles y destructores.

Quien gobierna, en el fondo, es el vertiginoso desarrollo tecnológico-militar y la implacable lucha de las grandes potencias para conseguir la hegemonía mundial. También la maldad del ser humano, potenciada por la ambición y la megalomanía de sus dirigentes políticos.

No se puede ser una potencia benefactora de la humanidad y tampoco un gran país democrático, como pretende Norteamérica, cuando no se respetan los derechos humanos y no se busca la armonía de las grandes naciones que compiten entre ellas. Menos aun cuando se impulsa su confrontación.

Habría que preguntarse por qué Norteamérica intenta liderar el mundo con tanta insensatez y crueldad. Y por qué Israel, su aliado incondicional, sigue el mismo camino.  Ambos países son los máximos responsables del caos y destrucción que impera en el mundo, sobre todo, de la locura de las dos guerras como la de Ucrania y Palestina.

Podemos también preguntarnos por qué la UE no ha tratado de evitarlas o detenerlas desde el primer día que estallaron. La de Ucrania, a quién de verdad perjudica es a Europa. Incomprensiblemente, los lideres europeos no han hecho sino agravarla. La de Palestina, al mundo árabe. Tampoco se entiende por qué las naciones musulmanas no han hecho gran cosa para detenerla.

Desafortunadamente podemos decir que el Eje del Mal está en Occidente y no en Oriente. Mejor no hablar de lo que significa la carrera de armamentos y el despilfarro económico mundial que supone.

LA DEMONIZACIÓN DE RUSIA

No tenía sentido alguno tratar de integrar a Ucrania en la OTAN. No era necesario. Moscú lo consideraba como una línea roja que no iba a permitir. La canciller alemana Angela Merkel se opuso a que Ucrania se incorporara a la Alianza Atlántica. Pensaba que podía considerarse como una declaración de guerra. Cuando Antony Blinken, secretario de Estado norteamericano, en enero el año 2022 comunicó que efectivamente se integraría: un mes más tarde Rusia atacó. Se consumó la tragedia.

La postura rusa, como dijo John J. Mearsheimer, uno de los mejores especialistas en la materia, “estaba inspirada en la doctrina Monroe, elaborada por los EE. UU. en el siglo XIX, que estipulaba que ninguna gran potencia estaba autorizada para instalar fuerzas militares en su patio trasero hemisférico”.

En el fondo era repetir el error de Jrushchov cuando en 1962 instaló en Cuba misiles que podían amenazar a EE. UU. que estuvo a punto de generar una Tercera Guerra Mundial. Se pudo evitar gracias a que Rusia retiró los misiles, y además porque ese gran presidente norteamericano que fue John F. Kennedy, se enfrentó al Estado Mayor de su propio ejército. Los militares habían comunicado a la Casa Blanca la recomendación unánime de lanzar un bombardeo masivo sobre Cuba. Estuvimos al 99% de posibilidades de generar una guerra nuclear.

Resulta aterrador y escalofriante pensar cómo actúan las Fuerzas Armadas de las grandes potencias: son los poderes fácticos junto con los servicios secretos de sus países. Y también quienes realmente controlan las decisiones militares. En definitiva, los responsables de la destrucción y la barbarie que hoy día ejecutan los ejércitos cuando entran en guerra. Antes solían respetar a la población civil, pero últimamente la destruyen con la misma pasión que lo hacen con los soldados o los milicianos. Esto está sucediendo en Palestina, con la excusa de que tienen que acabar con el terrorismo. Los miles de muertos civiles son daños colaterales. Israel incluso ha prohibido la ayuda humanitaria a los heridos, a las personas mutiladas o inválidas. Increíblemente los EE. UU. han permitido tales actuaciones.

Max Hastings, riguroso escritor británico en la materia, nos dice que el problema en Cuba no estaba en la amenaza que los misiles podían suponer. Había numerosos submarinos con armamento nuclear navegando por el mundo. La cuestión radicaba en el hecho de que los EE. UU. se sentían obligados a responder en todo caso a la política agresiva de los soviéticos.

Es cierto que la invasión de Ucrania es una locura. También que Putin en estos últimos años se ha convertido en un déspota, incapaz ni siquiera de desarrollar económicamente su país. Pero, en cuanto a la invasión de Ucrania, ha hecho lo mismo que en su día estaban dispuestos a hacer los EE. UU.: destruir Cuba.

La pregunta que surge en estos momentos es por qué Zelenski y la Unión Europea permitieron que se produjera este conflicto. Y sobre todo por qué no lo han parado desde el primer momento. Sabían que solo podía mantenerse con la ayuda militar de Occidente y eso podía originar una confrontación entre EE. UU. y Rusia que puede amenazar la paz mundial.

La ayuda que ha proporcionado la UE es un préstamo de unos 35 mil millones de euros. No suministra directamente armamento, pero varios Estados miembros han enviado equipos militares y formado a las fuerzas ucranianas. EE. UU ha enviado unos sesenta mil millones de euros y ha proporcionado sistemas de defensa aérea, vehículos blindados, etc. Canadá ha enviado equipos militares y ayuda financiera.

La última y peligrosa agresión que ha realizado Joe Biden, es entregar a Ucrania misiles balísticos de largo alcance.  Eso permite que Zelenski, un megalómano independentista, pueda potenciar el enfrentamiento en un conflicto que sabe que no puede ganar ninguno de los dos bandos.

No cabe duda que el presidente de los EE. UU. Joe Biden, que afortunadamente deja de serlo próximamente, es una amenaza para el futuro de la humanidad. Tampoco está muy claro cuál es el papel de Kamala Harris en esta tragedia; si no podía pararla, debería haber dimitido. Hubiera supuesto un soplo de aire fresco para el mundo.

Europa suele estar agradecida a los EE. UU. porque contribuyeron a destruir el nazismo alemán y salvar a Europa. Incomprensiblemente, no lo está con Rusia, que ayudó casi más que los americanos con un coste de vida mucho mayor. Se suelen escudar los europeos en que las tropas rusas cometieron todo tipo de tropelías cuando avanzaron hacia Berlín. Pero se olvidan de que las fuerzas armadas de la RAF británica y de la USAAF estadounidense bombardearon masivamente la ciudad de Dresde y la destruyeron cómo venganza. Miles de personas murieron y se lanzaron más de 3.900 toneladas de bombas explosivas e incendiarias. No sabemos si fue mayor la barbarie de Norteamérica y Gran Bretaña o la de la Rusia soviética.

Por otra parte, no tiene mucho sentido que cuando se hundió el comunismo soviético, la UE no integrara la nueva Rusia. Como dice Karl E. Meyer, riguroso politólogo norteamericano, en su obra “Las Cenizas de los Imperios”: “la Rusia de Gorbachov, no utilizó para nada su enorme arsenal y respetó los acuerdos para reducir sus reservas nucleares. Tampoco se amotinaron las descontentas y mal pagadas fuerzas armadas”. Putin reaccionó con mesura incluso cuando el presidente George W. Bush decidió bruscamente abandonar el Tratado de Misiles Antibalísticos que Moscú había defendido, en todo momento, como fuerza estable para la no proliferación nuclear”. Europa y Norteamérica debieron sentirse agradecidas, era el momento de variar el rumbo de la historia: evitar la confrontación y fomentar la cooperación.

La Unión Europea pudo haberse independizado de la tutela norteamericana y haber creado una nueva gran potencia, incluyendo a Rusia en su seno, que hubiera sido “Eurasia”.  Cometió un gran error estratégico que habría evitado la enorme tragedia actual y se hubiera convertido en la tercera potencia mundial, con ejército propio. Podíamos haber recuperado los valores de la Ilustración y ser una balanza de poder entre EE. UU. y China (entre Oriente y Occidente), que hubiera suavizado la nueva Guerra Fría entre estas dos potencias, provocada por la ambición desmedida de los EE. UU. y la estupidez de la Unión Europea.

No queremos decir, que la posibilidad cada vez más cercana de que China sea la próxima potencia hegemónica mundial, vaya a ser algo beneficioso para el mundo; pero sí sabemos que Europa no pintará gran cosa en el futuro.

También es muy probable que la UE siga siendo —en palabras de un diplomático belga—“un gigante económico, un enano político y un gusano militar”. En todo caso, puede que sea mejor seguir como vamos que tratar de materializar las propuestas de Mario Draghi, quien hace años jugó un gran papel en Europa, pero ahora parece estar poseído por esa locura bélica que hoy día invade la mayoría de los líderes de la UE. Si continúa avanzando, solo puede generar una catástrofe mundial.

>> Ir a la 2ª parte

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Lo más leído