Carme Chacón vuelve por sus fueros en lo espacios de opinión de la prensa de papel española el 1 de marzo de 2013. Igual ella hubiera preferido, más por pose que por otra cosa, que fuera un primero de mayo, pero le ha tocado el de un marzo que arranca con mucho frío en la mayor parte de España. Tampoco es que la rubia socialista sea el tema que acapara la práctica totalidad de columnas del día, ni de lejos, pero al menos sí le dedican varias. Hay un poco de todo, desde corrupciones e indignaciones hasta un columnista de La Gaceta que se pone en plan radical y lamenta que no haya políticos que opten por volarse la tapa de los sesos.
Más suave es Fernando Vallespín, que publica en El País La política del esperpento. Arranca hablando de Bárcenas, el espionaje masivo en Cataluña, el llamamiento del líder de IU a «ganar en la calle lo que no se puede conseguir en el parlamento», Corinna, el caso Nóos, las intervenciones de Montoro y la crisis entre el PSOE y el PSC. Añade:
Si este es el espejo en el que se refleja la política española -y esto es solo es una pequeña muestra-, ¿para qué queremos a un Beppo Grillo o al mismo Berlusconi? La fiesta del absurdo y lo grotesco ya la tenemos bien instalada en la vida pública sin necesidad de esos personajes de feria de nuestra querida Italia.
Añade:
Sobre estos [PP y PSOE] y casi todos los demás partidos que integran nuestro arco parlamentario cae además la sospecha de estar implicados en casos de corrupción. Según dicen las encuestas, esto lo piensa una amplísima mayoría de españoles. Pero los políticos no pueden ponerse de acuerdo en una resolución dirigida a combatirla.
Recupera una de las imágenes más esperpénticas del tardo-Felipismo y, acto seguido, contrapone la política y la sociedad civil:
Nunca, al menos desde las fotos de Roldán en calzoncillos, había sido tan esperpéntica nuestra vida política. Y, sin embargo, por debajo de esta fachada hay una sociedad que ya parece haberse puesto las pilas.
Concluye:
Como en la época del tardofranquismo, se ha abierto de nuevo una brecha entre la España oficial de las instituciones y la España real del nuevo activismo. No se vislumbran los medios para reconciliarlas, pero el esperpento, el ver nuestro rostro de tal modo deformado, nos ha permitido pasar de la anterior desazón y nihilismo a una actitud diferente, más consciente de nuestro protagonismo y menos predispuesta a dejarse engañar o caer en el autoengaño. No es mayoritariamente antisistema, pero sabe que no puede eludir estar presente en su ya inevitable regeneración.
Vayamos ahora a la ‘cafrada del día’, por no decir del mes o incluso del año. Desde que este humilde lector de columnas se dedica a esto de repasar la opinión del papel ha encontrado pocas cosas comparables a esto. Tal vez sólo le iguale en el fondo, las formas eran más suaves, aquel columnista del Periódico de Catalunya que comparaba a Pedrojota Ramírez con un dragón y reconocía esperar que un «San Jorge» nos «librara» de él –ya saben lo que hizo en santo en cuestión con la bestia escupefuego: matarla». La burrada, no nos parece que merezca un epíteto más suave, en esta ocasión tiene la firma del tertuliano de ‘Dando caña’ (Intereconomía) Kiko Méndez-Monasterio. Publica en La Gaceta el artículo titulado Aquí nadie se pega un tiro:
Flotan entre el agua nieve -que es una precipitación antipoética, por indeterminada- síntomas de depresión colectiva, generacional, cuando ya no hay entusiasmo ni para las protestas. Quizá, con este clima, no ha sido muy oportuno que la prensa empiece a dar portadas con gente que se quita la vida, olvidando que está demostradísimo que estas noticias multiplican los casos, un contagio que se llama «efecto Werther», porque también la novela de Goethe sirvió de inspiración a los suicidas.
Recuerda una oleada de suicidios por imitación en Japón, para después hablar sobre el harakiri como una letal forma de limpiar el propio honor. Añade:
Por cosas como esta, para hablar de honor, o simplemente de decencia, se suele acudir a Japón. Y es curioso, porque a España antes lo llamaban «el país del honor». Al parecer exagerábamos mucho en eso (…) Y, por supuesto, aquí nadie se pega un tiro. Hay suicidios, sí, pero de desesperación, de impotencia, de rabia, quizá también de contagio por la irresponsabilidad de algunos capaces de todo por vender un periódico más. Pero los responsables del desastre se diría que, además de la impunidad judicial, han alcanzado una inmunidad contra esa epidemia.
Como conclusión, llega la gran gañanada:
No hay un banquero, un legislador, un asesor de la monarquía, un presidente de lo que sea capaz de levantarse la tapa de los sesos. Lo lamento. No porque les desee mezquinamente cualquier mal. Todo lo contrario, sólo es que me gustaría que al menos uno de ellos -y son tantos- se procurara un final digno.
Saltamos ahora a ABC, donde Iñaki Ezkerra hace un sorprendente análisis del legado intelectual del recientemente fallecido Stéphane Hessel. Lo hace en El derecho a indignarse:
Hay algo que podemos reivindicar todos los españoles del legado de Stéphane Hessel, el autor de ese manifiesto que dio discurso a los quince emes europeos y que acaba de morirse: el derecho a la indignación. Hasta él, en nuestro país se creía que la indignación era una cosa de derechas y, por lo tanto, un execrable defecto. Estaba mal visto indignarse por algo. Y el que lo hacía era un amargado, un carca, un apocalíptico, un histérico, un enemistado con la vida. Se podían denunciar, sí, algunas cosillas, pero con la risueña y dulce expresión del zapaterismo.
Recuerda:
Eso era lo más lacerante, la negación de lo obvio, el escándalo que inspiraba tu reacción indignada ante lo que claramente era una imposición. Y esa actitud de apagafuegos ante quien no ha encendido ni una cerilla.
Concluye:
Y, en medio de este lío, se nos muere Hessel, el hombre que, sin saberlo, dio permiso a nuestra derecha para indignarse al declarar obligatoria la indignación de izquierdas. Desde él, sabemos que ésta no es pecado mortal según la sagrada doctrina de la corrección política. La pega que yo le pongo a Hessel es que su indignación era como por consigna cuando yo creo que es un sentimiento de lo más personal aunque aspire a lo social. Es un derecho y, como tal, individual, no colectivo. Es algo que sube desde la interioridad más íntima y profunda, desde el suelo del ser, hasta la boca. Como las bilis de las malas digestiones y las declaraciones de amor.
También en el diario madrileño de Vocento, Carlos Herrera escribe sobre El Carmen doloroso de Carme:
Ella contesta a los dos nombres, pero firma como Carme, que le es más familiar. Su gesto, estos días, ha sido tan escrutado como las pulseras de Corina -una pasta, al parecer y un tanto innecesarias en el publireportaje por entregas- y los pezones de Hathaway, que ya tienen cuenta en Twitter y le han obligado a pedir un estupefaciente perdón.
Sobre lo que hizo a la hora de votar, ausentarse, dice:
Sea cual sea la interpretación de los hechos, sea cual sea el análisis de las intenciones de Chacón, ésta habrá de salir forzosamente malparada en cualesquiera de las opciones. Si vota que sí al derecho a decidir bañará de razón a los que se malician que es una independentista encubierta -que ya les digo yo que no lo es-, si vota que no, se convertirá en la catalana a odiar por los propios catalanes soberanistas -labor en la que desarrollan una pericia envidiable-, si se abstiene pasará a ser el agua tibia que Jesucristo expulsó de su boca y si se va a retocar la sombra de ojos al tocador será una melíflua acobardada.
Concluye:
Todavía no sé a qué se ha debido el cálculo poco acertado con el que ha manejado el encierro, pero recibirá desafección desde todas partes, sea Carme o Carmen. Ahí se encuentra, en un vestíbulo cuyas puertas, todas, dan al vacío.
Terminamos en El Mundo, donde Santiago González publica Decadencia ‘non stop’, que tiene en tre sus protagonistas a Carme Chacón y otros dirigentes socialistas:
En el Congreso se planteaba el martes el derecho a decidir, la consulta, al PSC le tocaba votar sí y no podía hacerlo quien aspira a sustituir a Rubalcaba en el PSOE. O sea, que Carme se vistió de verso suelto, no alineada: ni con sus 13 compañeros del PSC, ni con sus 96 compañeros del PSOE. No se entenderá con ninguna de las partes. Pere no le ha pedido el acta, pero ya le ha dicho que así no se encabeza la lista de Barcelona en las próximas, y tampoco parece que Rubalcaba le vaya a ofrecer el segundo puesto en la de Madrid, cuando está claro que va a por él.
Concluye:
El problema es el PSOE. Los resultados del 20-N-2011 debieron llevarles a Suresnes, porque la decadencia exigía una respuesta a la altura del reto: la refundación. Si hubieran dedicado los seis primeros meses de la legislatura a su vida interior (la familia no recibe) podrían haber hecho una catarsis. En cambio, apostaron por la decadencia en sesión continua. Lo del PSC es el fin para Rubalcaba, pero el problema no es sólo él, ya digo. Cualquiera de los nombres que se barajan para sustituirle (Chacón, López, Madina y por ahí) será para peor. La decadencia del PP no les va a rescatar de la suya. Me parece a mí.
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