El 20 de noviembre ha quedado fijado en el calendario español como el día del aniversario de tres destacados fallecimientos: los de José Antonio Primo de Riverra, Francisco Franco y el Partido Popular. Es cierto que una formación con ese nombre, y con los mismos dirigentes que aquel PP y muchos de sus afiliados, sigue existiendo y además gobierna España. Pero, más allá de esas coincidencias, la organización del registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante nada tienen que ver con la del registrador de la propiedad que quería ser gobernante. ¿Dónde están los que prometían bajar impuestos, aseguraban que despolitizarían la Justicia o se comprometían a ser firmes contra ETA y estar siempre del lado de las víctimas del terrorismo?
La carcasa sigue ahí, pero en su interior contiene unos seres que no dejan de aumentar la presión fiscal, pactan con el otro partido socialista, el PSOE, la composición política de los órganos judiciales y no hacen nada para impedir la liberación masiva de etarras al tiempo de desprecian a quienes sufrieron su crímenes.
Esta transformación del PP es uno de los temas tratados en los espacios de opinión de la prensa de papel española el 20 de noviembre de 2013, segundo aniversario de su victoria en las elecciones generales de 2011. Pero hay más, como unas críticas duras al nuevo programa de Buenafuente que terminan con un elogio. Como si quedara feo no escribir bien sobre un cómico que, en opinión de este humilde lector de columnas, ha perdido toda la gracia que pudiera tener.
Arrancamos nuestro repaso a las columnas del día con un tercer tema, el reto independentista catalán y cómo respondel al mismo algunos personajes políticos. En La Razón, Toni Bolaño publica La intemperie:
Ni el PSC será el culpable de que no se haga una consulta que, por cierto, todavía no se sabe qué consultará porque no tiene pregunta, ni Aznar es un actor válido ni un interlocutor con el Gobierno de España. Mas acusa a Rajoy de no querer negociar cuando Mas sólo quiere negativas de Rajoy para seguir azuzando una consulta que no se hará. Necesita su negativa para buscar más culpables.
Concluye:
El PSC será señalado como el traidor local, Aznar será algo así como el hombre del saco y Rajoy será culpable de no querer negociar la soberanía de España, algo que por sí solo cae de cajón. De esta forma, echando pelotas fuera, Artur Mas podrá seguir a la intemperie. Sabe que siempre hace frío pero con excusas bien elaboradas podrá seguir calentando su propia hoguera de las vanidades. Quiere pasar a la historia como un patriota aunque ya sabe que está quemando sus últimos cartuchos y ahí sigue, a la intemperie.
Joan Barril.
La interpretación que hace en el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’ Joan Barril es radicalmente diferente. El periodista-intelectual orgánico de Uniò y hombre de Duran i Lleida en El Periódico de Catalunya titula La quimera y la realidad:
El debate sobre la independencia se ha visto alterado. Y no únicamente por el atávico miedo a lo desconocido con el que la prensa española ha cargado las tintas. Ni siquiera por las amenazas de Aznar de llevar a Mas a la cárcel del vapor Uruguay como se hizo con Companys en su día. Aznar es un solemne reaccionario, que se aferra a la legalidad que él mismo acuñó. La legalidad es cosa de los hombres mientras que la emoción es cosa de la gente.
Más allá de la opinión que merezca el ex presidente del Gobierno que sustituyó su abdomen por una tableta de chocolate, curioso reproche ese de que «se aferra a la legalidad», al tiempo que se sostiene eso de que «la legalidad es cosa de los hombres mientras que la emoción es cosa de la gente». Ya sabemos que para los colectivistas, y el nacionalismo es necesariamente un tipo de colectivismo, los supuestos derechos colectivos siempre son la excusa perfecta para conculcar las leyes y los derechos individuales.
Sorprendentemente, tiene una crítica a lo que ocurre en Cataluña:
Tras la ensoñación de una Catalunya independiente asoman unos recortes exclusivamente catalanes, se asiste a una privatización catalana de lo que era de todos, se cubre un espeso velo cuatribarrado sobre los casos de corrupción de uno de los partidos del gobierno. Entre los medios de comunicación catalanes y la torpeza imperial del Gobierno de España y sus adláteres se ha generado ese independentismo de salón que es tan estimulante como falaz. Porque por buena que pueda ser la idea, a alguno de sus promotores se les ve el truco.
Concluye:
El Gobierno del PP, con su incompetencia y su altanería uniformista, ha sido el gran pirómano de ese incendio cuyos rescoldos no se apagarán jamás. Pero ahora lo que urge es dejar la ficción soberanista en el gran teatro de la revuelta. El ejemplo de un buen gobierno hace más por la secesión que el lamento y la verbena.
Ya vemos, es un aviso de Uniò a sus socios de CDC: hay que parar el tema del referéndum de una vez. Esos sí, Madrit sigue siendo el mal.
Ferran Monegal.
En ese mismo diario, Ferran Monegal escribe sobre el programa de Buenafuente una crítica titulada Sepultado en elogios. Al principio se muestra duro:
Ha sido tan empalagosa la ceremonia, que cuando Frank Blanco le llamó desde esa espuma que ha estrenado en la misma cadena (Zapeando) y le preguntó: «¿Cómo estás, cómo estás?», el propio Buenafuente, seguramente agobiado, contestó: «¡Sepultado en elogios!». ¡Ahh! Intentemos pues liberarle desde aquí, al menos desde esta humilde columna, de este ‘sepultamiento’, y procedamos a esbozar cuatro pinceladas críticas sobre el regreso del ‘showman’.
Al portavoz del pájaro ‘Papitu’ (al igual que a Maduro se le presenta el espíritu de Hugo Chávez en forma de avecilla parlanchina, Monegal tiene un canario que le cuenta sus opiniones sobre televisión) no le gusta el monólogo del nuevo programa:
Es una sección clásica. La suele trabajar excelentemente. Pero teniendo en la misma cadena, y apenas dos horas antes, un programa que borda el sarcasmo y consigue matrícula de honor cada noche -es decir, El intermedio-, Buenafuente debería elegir con lupa los temas y no intentar superar la insuperable mordida de otros que muerden más y mejor (las basuras en las calles de Madrid, por ejemplo). Otra sección clásica es la entrevista. En su debut tuvo a Javier Cámara y David Trueba. Son criaturas con notable y probado talento que pueden dar mucho juego, pero no a partir de un planteamiento de entrevista de amiguetes.
Pero, aunque en ese punto parece que a Monegal no le gusta lo que hace Buenafuente, al final le elogia:
En el capítulo de los aciertos señalemos esa formula genial y fantástica que conforman Buenafuente+Berto haciendo bárbaras parodias.
Concluye:
También hay que celebrar que hayan fichado a la actriz Belén Cuesta. Aunque su aparición en el programa fue casi en el tiempo de descuento, o sea, de telonera, demostró talento, ingenio y desparpajo. Me parece que esta señora va a dar mucho juego. Cabe explotar, en particular, sus encontronazos con Berto. Nos hicieron un ‘sketch’ simulando mal rollo, que fue para chuparse los dedos. ¡Ah! Belén Cuesta puso una excelente pincelada final a este debut televisivo que, devotamente, iremos siguiendo.
Buenafuente: «Señores, lo puedo decir, se ha acabado la crisis»
Traemos por primera vez a nuestros ‘Afilando columnas’ a Javier Cid. Es una difícil tarea la que le ha tocado a este articulista; ni más ni menos que sustiuir a Emilia Landaluce como comentarista televisivo en El Mundo. Empiez con buen pie. Este columnista que lleva por apellido el apodo del más destacado héroe medieval castellano titula ‘Relaxing’ Buenafuente.
Arrancó Buenafuente al trasnoche con un chiste del relaxing café con leche, que ya es un género en sí mismo, como si el vodevil de las Españas no tuviera otros chascarrillos con los que aliviar el desánimo general de la muchedumbre.
Dice del programa:
‘En el aire’ es, y ya van mil, más de lo mismo. Un contenedor de medianoche donde Buenafuente y su troupe se arremangan las vergüenzas para llegar allí donde ya ha llegado Twitter. Y el método funciona: basta con televisar los trending topics más trendy y más topic a lomos de una mesa con muchas lucecitas. Porque el programa es eso: un retuitde los tuits, no vaya a ser que un día nos salga un chiste inédito, Dios no lo quiera, y sea tal el sobresalto que España implosione como una supernova.
Ve, eso sí, alguna cosa buena:
El show de Buenafuente, que es como una chirigota pero en fino, esconde algunas perlas que invitan al optimismo: es canalla, es despierto, es gafapasta. Sin niños robados, sin Jordi González y sin la preñez de Isabel II (léase Chabelita Pantoja). Y lo mejor: se emite de un tirón, sin el tortuoso maná de los anuncios.
Concluye:
‘En el aire’ [La Sexta] 1,2 millones de espectadores. 14,8% de share. En el país de los ciegos…
Raúl del Pozo.
En la contraporta del periódico de Unidad Editorial nos encontramos con que Raúl del Pozo vuelve a enviar ‘avisos’ del ‘entorno’ del Señor de las Peinetas al Gobierno y al partido del gallego que se sentía importante paseando con un puro encendido por las calles de Nueva York. Titula Dolores, Rosa, Alba:
Como saben mis lectores, apenas me ocupo ya del caso. Hasta que un mensajero inesperado me ha llevado a descolgar la pluma de la espetera.
El que ha llegado me cuenta que el preso está muy callado porque espera a que se acerquen las elecciones. «Un día se sabrán hasta las entregas de dinero por compensación». «¿Qué es eso?» – pregunto. Contesta: «Entregar 150.000 y hasta 200.000 euros en mano en Madrid a millonarios, incluso aristócratas, como uno de los Alba, que tienen dinero en Suiza. Ellos daban la orden de pasarlo a la cuenta del que soltaba el dinero».
El mismo procedimiento que usaban los chinos. Le digo que eso vale para un programa de Sálvame Deluxe. Responde: «No lo descartes, pero hay que esperar a que se acerquen las elecciones, ahora están confiados en Génova». Tiene razón el heraldo. En Génova se están olvidando de las grabaciones en poder de un esquiador francés y del mejor amigo de Luis.
Concluye:
A María Dolores de Cospedal, la primera y casi la única que presentó demandas contra el tesorero, la postura de enfrentarse con Luis Bárcenas le ha proporcionado popularidad en el Partido, frente a otros dirigentes mandilones que se han escondido. Cree que toda la artillería que tenía Luis la ha gastado, y lo que le queda no es dinamita sino petardos, cuatro chismes menores que no afectan a Mariano Rajoy ni a la estabilidad del partido. «¿Por qué -le pregunto a María Dolores mientras almorzamos frente a un jardín púrpura bañado con lluvia fina- hay esa pugna entre Bárcenas y usted?»
«Las pasiones están a veces por encima de las razones; son inexplicables. Y la estupidez es muy insistente».
Pasamos ahora a dos artículos donde se comenta la situación del país y la acción del Gobierno dos años después de las elecciones generales que llevaron a Rajoy a La Moncloa. En ABC, Ignacio Camacho titula Un país entre costuras:
Un Gobierno que cifró su objetivo unívoco en la crisis y que fue elegido para superarla tal vez tenga motivos de moderada satisfacción al cumplir la primera mitad del mandato. Ha embridado el déficit, ha estabilizado las cuentas y ha sorteado con éxito la amenaza cierta de quiebra que encontró hace dos años. A costa de duros recortes de servicios públicos y de un ajuste fiscal descargado sobre sus principales sectores de apoyo -las clases medias asfixiadas con subidas de impuestos y devaluaciones de salarios- ha evitado el rescate de la Troika y sentado las bases de una recuperación incontestable.
Dice también:
Mal que bien, la sensación dominante es la de que el motor averiado ha vuelto a ponerse en marcha. Hablar de éxito sería una ligereza prematura; estamos mejor pero lejos, muy lejos de estar bien.
Añade:
Sucede además que la economía no es el único problema de este país afligido. La recesión ha destrozado muchos valores de la convivencia y se ha llevado por delante la herencia de la Transición, el modelo constitucional del 78. La gente no sólo ha dejado de creer en las instituciones y en los políticos; se ha evaporado la confianza en la propia política como agente de resolución ordenada de problemas cívicos. Y para mayor abundancia de males ha surgido un proyecto de ruptura, un desafío secesionista que compromete la esencia unitaria de la nación misma. Ante esta crisis de sistema el Gobierno muestra una pasividad exánime, un desalentador quietismo.
Concluye:
Hace falta política, que es la debilidad de este Gabinete pensado para una reconstrucción de la economía competitiva. La cohesión emocional del país necesita otros bálsamos, otras actitudes y otras reformas. Si no llegan quizá podamos alejarnos de la recesión pero no saldremos de una depresión sociológica que agarrota el sistema nervioso del régimen democrático.
En la contraportada del periódico que ya no trae miga nos encontramos con un duro artículo de Kiko Ménez-Monasterio. El director adjunto de la Gaceta titula La vida sigue igual:
Tampoco le pega nada a Mariano Rajoy hacer de la política una canción de Julio Iglesias, pero aquí lo tenemos, como si estuviera tarareando el tema que triunfó en el Festival de Benidorm -la vida sigue igual, demasiado igual- y fumándose un puro.
Sostiene:
Del programa se ha incumplido casi todo, y casi parece que el único compromiso que este Ejecutivo ha observado con diligencia es el de los acuerdos que el anterior Gobierno contrajera respecto al proceso de paz, o sea la amnistía tipo Gotham. Esa es una herencia que no rechazan. Tampoco le han hecho ascos al legado de ingeniería social del zapaterismo, de las bodas gays a la barra libre de aborto, pasando por esa ley de Memoria Histórica que deslegitima la Monarquía, y nos convierte en una república graciosamente coronada.
Pone varios ejemplos más, antes de concluir:
Respecto a lo de que el dinero estaba mejor en el bolsillo del ciudadano, es una broma con la que ya nos hemos reído bastante, y que además tiene la gracia justita, porque cuando en España desaparecen las clases medias el ambiente que se genera no es como para contar chistes.
Y en fin, que muy ufanos nos van a contar en este aniversario que han evitado el rescate. Y eso es cierto. La duda que tienen los votantes del Partido Popular, es si convertirse en la franquicia del PSOE era inevitable, o si de verdad merece la pena sacar al sistema de la crisis, y dejar dentro de ella a los españoles.
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