OPINIÓN / Afilando columnas

Mayte Alcaraz (ABC): «En Canal Sur todo sigue como cuando los presupuestos públicos sufragaban las aventuras romanas de Mar Flores»

Duro reproche de una vícitma de ETA a Rajoy desde El Mundo: "Sólo el cariño no es suficiente, es incluso ofensivo"

Los espacios de opinión de la prensa de papel española están llenos de porquería el 14 de noviembre de 2013. Que no se nos entienda mal, no queremos decir que los artículos sean malos o que en ellos se defienda lo indefendible, aunque algún caso haya. Nos referimos a que nos encontramos una gran cantidad de columnas dedicadas al chapapote y a las basuras que inundan las calles de Madrid. A cuento de esto último, y como el oteador de portadas Juan Velarde (@JuanVelarde1972) ya ha adelantado algo en sus ‘Tribunas de papel’ de esta jornada —El ‘Nunca Máis’ de Bardem, Tosar y Beiras naufraga en los tribunales de Justicia–, les contaremos que sufrimos en nuestras propias carnes los riesgos que para los ciudadanos conllevan los actos vandálicos que los basurientos piqueteros.

Algún desperdicio que no logró esquivar este afilador de columnas le hizo resbalar. Afortunadamente, logró mantener cierto equilibrio y dignidad en la caída, con el leve resultado de una rodilla golpeada en el piso y unos dedos del pie doblados de forma un tanto dolorosa. Nada grave, pero nos ha hecho pensar cuál hubiera sido el resultado si el que se hubiera resbalado hubiera sido un anciano. Hemos de destacar que vimos algo que nos reconfortó con los madrileños, todas las personas que estaban en las cercanías se acercaron para preguntar si estábamos bien. Los ciudadanos demuestran ser mucho mejores que sus políticos y los sindicalistas.

Pero antes de entrar en materia de huelgas de basuras y el juicio por el Prestige, vamos a visitar el auto proclamado ‘diario de la Catalunya real’, trasformado en un auténtico club de fans del ‘Nen de la xancleta’. Al día siguiente de que el director de El Periódico, Enric Hernàndez, elogiara al aspirante a Kruschov con barretina y butifarra —El Periódico de Catalunya no comparte la indignación con el ‘Nen de la xancleta’: «con su exabrupto, Fernàndez atrajo los focos hacia la figura de Rato»–, otros dos columnistas del mismo se muestran entusiasmados con el diputado autonómico de las CUP David Fernàndez. Ernest Folch (el mismo que comparaba a Pedrojota Ramírez con un dragón y mostraba su esperanza con que algún Sant Jordi nos librara de él, o para el cual informar sobre la corrupción era expandir mierda con un ventilador) se declara A favor de la sandalia:

Pasarán los años y nadie olvidará el día en que la crisis quedó inmortalizada en esta estampa del banquero ante su propio mal, como un espejo. Tal como era de esperar, en ultramar se han activado los resortes habituales, desde la portada de rigor hasta las tertulias enfermas: las alarmas de la histeria se desatan en un mecanismo que por rutinario ya no causa ningún efecto.

Pero qué cursilería esa de «en ultramar». Suponemos que se refiere a los medios de ‘Madrit’, pero a no ser se que confunda el río Ebro con el Atlántico no deja de ser una figura pedante y cargada, además de absurda. Añade:

Esta vez la auténtica novedad ha sido el menosprecio local que ha recibido el diputado Fernàndez, resumido en esa inédita y curiosa reprimenda del Govern que le instaba a mantener las formas.


Ernest Folch.

Se muestra fascinado con el partido del que, como alguno recordaba, es apodado en Barcelona como el ‘chófer de ETA’ por sus relaciones con el entorno batasuno:

Y es que la CUP no vino precisamente a respetar ninguna convención: es un movimiento pacífico pero revolucionario, que tiene la independencia no como meta sino como simple punto de partida de una transformación social y económica de gran alcance. Quizá sea un partido ingenuo y utópico, quizá se dará de bruces con la realidad, o no, pero los listos que lo tratan con condescendencia harían bien en empezar a escucharlo con el respeto que se ha ganado a pulso.

Concluye:

La sandalia de David Fernàndez, pues, no era ninguna gamberrada fuera de lugar sino la puerta por la que por un instante entraron en sede parlamentaria los millones de personas que han quedado destrozadas, arruinadas y marginadas por este sistema despiadado. Una sandalia que además de ser en sí misma un acto de justicia fue por encima de todo un acto de lealtad a sus votantes. Y eso sí es una sorprendente y maravillosa novedad.

No todo se puede justificar por el número de votos que tenga alguien, y eso incluye los tics totalitarios de Fernàndez que tanto fascinan a Folch.

Pero el hombre que soñaba con Sant Jordis que liberaran a Catalunya de dragones mediáticos madrileños no está sólo en su elogio al de CUP. J.M. Fonalleras titula La sandalia. Nos quedamos con la conclusión:

Y Fernàndez no las lanzó [las sandalia] y ni siquiera hizo el gesto de intentarlo. Simplemente dijo que hay otros que lo hacen. Este diputado está en las antípodas de mis gustos estéticos, incluso los zapateros, pero con la sandalia en la mano delante de Rato se acercó bastante a mis conceptos éticos.

Un serio problema cuando alguien escribe que sus conceptos éticos están cerca de los del ‘Nen de la xancleta’.

Tomamos el puente aéreo para cambiar de ciudad, periódico y tema. Nuestro paseo madrileño comienza en El País, donde Jorge M. Reverte se refiere a la capital de España con el nombre de Nápoles. Nos cuenta que ha visitado una exposición sobre dicha localidad italiana, y añade:

Cuando se sale del recinto de la exposición a respirar el aire cálido que el cambio climático nos trae, ahí está también Nápoles. Una alcaldesa, Ana Botella, nos ha regalado la evocación. Hay basura para la eternidad, para que el visitante foráneo recuerde Madrid como la villa de la mierda y la desolación.

Concluye:

La alcaldesa medita si comprometer al ejército en la limpieza. Para luchar contra los trabajadores peor pagados de España.

Habría otra fórmula: echar de la alcaldía a Ana Botella. Sin el ejército.

Nos parece un tanto aventurado eso de asegurar que los barrenderos de Madrid son los trabajadores peor pagados de España, aunque sea cierto que no reciben precisamente sueldos millonarios y además se los quieren reducir. También es verdad que la gestión de la dama que veía gaviotas reidoras —¿Hay gaviotas reidoras en El Manzanares?–. Pero no sobraría tampoco recordar que hay una diferencia entre hacer una huelga y ser un vándalo. Lo que hacen los piqueteros es el equivalente a unos policías municipales en huelga que para protestar se dedicaran a atracar a los pacíficos ciudadanos.


Jaime González.

Sobre el mismo tema escribe en ABC Jaime González. Titula La basura que no huele.

Nos hemos quedado en la basura visible, sin reparar en ese otro tipo de basura -que huele menos, pero duele más- que estrecha y pone cerco a la propia dignidad de las personas, convirtiéndolas en simples mondas o cáscaras de un sistema antihigiénico. ¿Cómo es posible aceptar que las empresas adjudicatarias del servicio de limpieza cuadren a capón sus cuentas despidiendo a 625 personas (en un principio eran 1.134) y recortando bruscamente los sueldos de quienes logren conservar su empleo? ¿Acaso no sabían cuando presentaron su oferta al Ayuntamiento que la rentabilidad del negocio pasaba indefectiblemente por cercenar la plantilla? Ignoro si el ultimátum de 48 horas de la alcaldesa de Madrid a las partes enfrentadas resolverá el conflicto, pero mucho me temo que debajo de la basura que se acumula en las calles, oculta bajo toneladas de porquería física, hay toneladas de la quinta acepción de esa otra basura que, según el diccionario de la Real Academia, nos remite a las «cosas repugnantes o despreciables» que no huelen, pero tienen un punto de podrido.

En el periódico madrileño de Vocento nos encontramos con un artículo sobre las televisores públicas. Los firma Mayte Alcaraz y se titula Y ahora, Canal Sur:

Las cadenas valenciana y madrileña están heridas de muerte. A ambas se les asaetea (con razón, ciertamente) por sus desproporcionadas estructuras, una ineficaz gestión y un inconfesable tufillo a clientelismo político. Sin embargo, sorprende cómo la tercera pata del banco que creció a la sombra de los tiempos de Tómbola, Canal Sur, sigue haciendo gala de una soltura en el bolsillo público realmente estupefaciente.

Tras señalar la deuda de la televisión pública andaluza, y el altísimo sueldo de sus directivos, denuncia que dicho medio no informa sobre el caso de los ERE. Añade:

Mientras tanto, la Junta de Andalucía pidió hace unos meses casi cinco mil millones al Fondo de Rescate Autonómico para poder cuadrar sus cuentas; el Sistema Andaluz de Salud cierra intermitentemente decenas de quirófanos para hacer sostenible su modelo sanitario y el vicepresidente andaluz, Diego Valderas, idea un plan por el cual, al mejor estilo zapateril, quiere pagar con dinero público la luz y el gas a los más desfavorecidos, ante el estupor de sus compañeros socialistas que corren a desautorizarle.

Por Canal Sur, pues, no ha pasado el tsunami que se llevó a sus «hermanas» en el despilfarro.

Concluye:

Todo sigue como cuando depositaron en el liguero de Bárbara Rey o en las espantadas de Chabeli Iglesias el sustento de sus proyectos megalómanos, eso sí, tapando su nariz de políticos conspicuos. Era aquella una España de champán y fresas, de aeropuertos fantasma y obras de tijera y cinta; una España donde los presupuestos públicos sufragaban las aventuras romanas de Mar Flores.

Una crisis, la ruina de nuestras arcas y decenas de manipulaciones después, junto a la burla a muchos trabajadores de buena fe, en Canal Sur la vida sigue siendo una tómbola.

Por su parte, Ignacio Camacho nos introduce en otro tema con Los días de chapapote:

A la vuelta de once años es fácil señalar los errores de aquellos días dramáticos en los que nada funcionó como debía. La principal decisión, la de alejar el buque de la costa, sólo tenía una alternativa viable que era la de llevarlo a un puerto seguro. Eso significaba señalar un punto del mapa de Galicia y condenarlo para una década. Sólo había dos posibles: La Coruña o Vigo. El tráfico mercantil o la riqueza pesquera. Alguien optó por enviarlo a altamar y encomendarse a la Providencia. Quien dio la orden, buena o mala, ha salido absuelto, pero el que la decidió no se sentaba en el banquillo.

Añade:

Casi todos los fallos de aquella crisis sucedieron después del naufragio. Faltó coraje político y sobró sectarismo oportunista. Aznar no tuvo la empatía necesaria para haberse manchado de chapapote junto a los voluntarios que hacían frente a la viscosa marea de fuel. Fraga ya no tenía reflejos. Cascos era demasiado soberbio para admitir responsabilidades. Nadie ha mostrado tampoco contrición por la salvaje campaña arrojadiza de acoso político que aprovechó torticeramente el siniestro.

Concluye:

Ahora toca lamentar la ausencia de culpas penales en las que depositar un cierto alivio retrospectivo. Y ese desconsuelo borra la huella del solidario heroísmo civil que fue la clave de los plomizos y convulsos días del chapapote: un pueblo entero a brazo partido contra la calamidad y el caos. Quienes lo vimos jamás lo olvidaremos, pero es una pena que esta sensación de justicia frustrada opaque la memoria de una epopeya tan noble, tan bella, tan generosa.


Salvador Sostres.

En El Mundo nos encontramos con dos artículos, muy diferentes entre sí, sobre esta misma cuestión. Salvador Sostres titula Nunca Máis:

La Sentencia judicial claramente absolutoria pone punto final a la farsa del Prestige. Esa farsa política organizada por la izquierda política y cultural para utilizar como siempre el dolor ajeno con el único fin de insultar al Partido Popular.

Lo que se presentó como una tragedia de consecuencias irreparables fue un accidente y hoy están más limpias que nunca las playas manchadas. Lo que se presentó como la mala gestión de una crisis fue una mentira más de la izquierda ecoprogre: el Gobierno ayudó de un modo eficaz a los pescadores y el Partido Popular ganó las siguientes elecciones municipales en la mayoría de los pueblos afectados.

Añade:

Lo que nunca máis tendría que volver a repetirse, en un Estado de Derecho como España, son estas repugnantes operaciones de acoso y derribo con que la izquierda intenta barrer del poder a la derecha cuando gobierna. Lo que nunca máis tendríamos que volver a tolerar es esta persecución de raíz totalitaria con que los socialistas convierten al adversario en enemigo, y el intercambio de ideas que enriquece el debate público, en una cacería sin escrúpulos que en su paradigma moral recuerda tenebrosamente a la facilidad con que la FAI te venía a buscar por ser empresario o católico.

Concluye:

El no saber perder de la izquierda y su permanente tensión prebélica, y que el PSOE continúe siendo la única alternativa de gobierno, nos aleja de la homologación europea y nos devuelve al sórdido atraso de la checa.

Manuel Jabois, que entonces se dedicaba a la información local en tierras gallegas, titula Algo nuestro:

Durante semanas el Gobierno, acostumbrado a ocultar asuntos desagradables de la vida pública a conveniencia, trató de conseguir el más difícil todavía: hacer desaparecer a lo Houdini 77.000 toneladas de fuel en un paisaje de azul y verde. Si salió mal no fue porque no se intentó.

Retrata las playas gallegas en aquel momento:

Un silencio de velatorio mientras miles de personas trabajaban como avispas blancas retirando chapapote. Las fotografías muestran mareas negras acercándose a la costa y enfrente, como un pelotón de soldados, pequeños barcos de pesca, gamelas, con marineros dentro armados con cubos, jarras y manos; detrás de ellos, ya en la playa, un ingente ejército aguardando retirar todo aquello que se colase. Y el silencio de la espera, como en la guerra. Una batalla poética, un combate viejo para muchos de ellos.

Pasa a escribir sobre la sentencia:

La sentencia entra dentro de la lógica; lo único que consiguió el proceso judicial fue dejar en vilo hasta el final a las tres personas que más empeño pusieron en salvar el barco. Mira uno atrás y entiende, en la urgencia, la política de alejamiento del buque, la falta de prevención; se entiende menos la voluntad de engañar, la comunicación dirigida al falseamiento de la realidad y el propósito de minimizar la catástrofe con el coste que supuso. Pero bien es verdad que eso no es delito. En una entrevista, Bernard Fichaut, experto en mareas negras, me dijo: «No se hubiera perdido nada diciendo la verdad».

Concluye:

Ese año se presentó en Galicia la generación del mundo de ayer de Zweig, la Europa que él conoció antes de la Gran Guerra y que se presentaría después en otros lugares y por otras causas: una generación que no hace nada de lo que no cree y no pregunta al terminar qué se debe, desvinculada de exaltaciones y ruindades ideológicas, sostenida por un ideal palpable, manchado por manos ajenas. Ese país no nos lo inventaron, como acostumbraba a hacer Cunqueiro; lo vieron los gallegos, participaron en él. Fue nuestro.

Terminanos este afiliando columnas con un artículo de una víctima de ETA dedicado al registrador de la propiedad que creíamos metido a gobernante por su actitud hacia quienes sufrieron el terrorismo en sus propias carnes o en las de sus familias. Ana Velasco Vidal-Abarca (directiva de Covite e hija de Jesús Velasco, asesinado por ETA, y de Ana María Vidal-Abarca, fundadora de la AVT) escribe sobre El cariño de Rajoy:

El presidente del Gobierno ha realizado unas declaraciones en las que transmite a las víctimas del terrorismo su afecto, cariño y solidaridad.

Explica:

El afecto, el cariño y la solidaridad suenan a desistimiento, a arrinconamiento, a renuncia, a abandono de las reivindicaciones y de la concepción de las víctimas como referente ético y de resistencia colectiva de los españoles ante la intimidación del terrorismo. Los muertos ya no son patrimonio de todos, sólo lo son de sus familias, a las que el presidente les pasa la mano por el lomo y les da el abrazo del oso, tratando de asfixiar esa molesta exigencia de justicia y de derrota moral y política del terrorismo que no está dispuesto a garantizar. Ese cariño es una claudicación, una declaración de intenciones -o de no intenciones-; es la constatación del pago del precio por una paz incierta e indigna.

Sólo el cariño no es suficiente, es incluso ofensivo. Tras su inacción en Estrasburgo para evitar la derogación de la doctrina Parot, el presidente puede y debe ofrecer a las víctimas y a toda la sociedad otras iniciativas ineludibles y mucho más reconfortantes, además de eficaces y necesarias.

Le reclama a Rajoy:

Puede decirnos cuál cree que debe ser el fin -que no la derrota- de ETA, porque nos encaminamos a toda velocidad a un escenario de exculpación, olvido, legitimación y toma del poder. Quizás eso explica la mala conciencia y el intento de eludir responsabilidades con esas muestras de cariño tan culpables como estériles.

 

Te puede interesar

Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído