Cuando Ruiz-Gallardón había terminado intervención pública en la que informaba largo y tendido, tan largo y tendido que parecía que su declaración iba a durar lo que resta de legislatura de Rajoy, comentamos en la redacción de Periodista Digital que iba a ser interesante ver si los columnistas se ponían las pilar, enviaban los artículos ya escritos a la papelera de reciclaje de su ordenador y escribían otro nuevo para adaptarse a la última hora. Juan Velarde (@JuanVelarde1972) , en un sorprendente arrebato de optimismo por su parte se mostró seguro de que lo harían. Y acertó.
Los espacios de opinión de la prensa de papel española, sobre todo la considerada de derechas, son el 24 de septiembre de 2014 casi monográficos dedicados al freno del proyecto de Ley del aborto y la inevitable dimisión de Ruiz-Gallardón. Resulta llamativo comparar en la línea que se sitúan los articulistas de los diferentes diarios considerados más o menos próximos al PP. La Razón, el medio más leal a Rajoy, rompe esta vez la ‘disciPPlina’ y sus columnistas escriben en bloque contra el Gobierno y en apoyo al hombre que soñó con pasar del Palacio de Cibeles al de La Moncloa con el Ministerio de Justicia como parada intermedia. ABC muestra una mayor variedad, con artículos defendiendo al dimitido y otros apoyando que se haya frenado su proyecto de reforma de ley del aborto. El Mundo se sitúa en las antípodas de La Razón: todos contra Gallardón.
Tras hacer sonar nuestra armónica de afilador nos lanzamos a dar cumplida cuenta de todo ello.
El País es el periódico donde menos atención dedican, en los espacios de opinión firmados, al gran tema del día. Quien escribe sobre el asunto es Soledad Gallego-Díaz, que se deshace con Rajoy en el título: El presidente ha dicho algo maravilloso. Después vemos que no es para tanto.
Mariano Rajoy dijo este martes además algo sorprendente y maravilloso: «No se podía seguir adelante con una ley que el próximo Gobierno fuera a derogar al minuto uno». Una declaración extraordinaria que supondría un giro formidable en su política, si fuera consecuencia de una reflexión y no de su extraña forma de expresarse, porque implicaría, entre otras cosas, que tiene la intención de renunciar a todas aquellas iniciativas que le conste que tienen en contra a la oposición en pleno, a los profesionales y a la mayoría de la ciudadanía, como la nueva ley de educación, por ejemplo.
Concluye:
En cualquier caso, todo este indecente episodio de hacer pagar a las mujeres la falta de señas de identidad del PP parece haber terminado bien, aunque de forma un poquito rara. Cuando se nos aseguraba que todo estaba milimétricamente preparado para hacer frente a un pretendido desafío soberanista en Cataluña, resulta que el presidente del Gobierno tiene un viaje programado a China, que el ministro de Justicia dimite y que el Rey se encuentra en Estados Unidos. Es posible que todo salga razonablemente bien, pero raro, es.
Vamos, que está contenta pero busca algo que reprochar al registrador de la propiedad que creíamos metido a Gobernante. Dicho a esto, pasemos a los otros tres grandes periódicos de Madrid.
En La Razón se nota el enfado con Rajoy, y no se conforman con que los columnistas de la casa escriban poniéndole a caldo. Han encontrado además una manera original de tocar las narices al gallego que se hizo fotografiar fumando un puro mientras paseaba por las calles de Nueva York: publicar un artículo de Ana Botella poniendo por las nubes a Gallardón.
La todavía alcaldesa de Madrid y mujer de ese Aznar cuyo mera mención parece producirle urticaria al jefe del Ejecutivo titula Un político fiel a sus convicciones. La mujer que contaba gaviotas reidoras en el Manzanares e refiere a Gallardón, no vayan a creerse lo contrario algunos despicados.
Al margen de cualquier otra consideración, la de Alberto Ruiz-Gallardón es una decisión coherente, y honrada, en la que muchos ciudadanos pueden reconocer a un político muy alejado de los perniciosos estereotipos que lastran la imagen de los que se dedican a las responsabilidades públicas.
Esto es, como diría nuestro compañero Roberto Marbán (@robermarban) un ‘zas, en toda la boca’ a Rajoy. Y sigue:
Alberto Ruiz-Gallardón ha acreditado inteligencia y elegante brillantez, capacidad de diálogo y voluntad de entendimiento.
Concluye:
Es mucho lo que Alberto Ruiz-Gallardón ha aportado a la vida pública española. Su decisión de abandonarla supone la pérdida de una personalidad que me gustaría creer que en algún momento se reencontrará con el servicio al interés público.
El artículo de Botella es el arma de menor calibre que utiliza La Razón en esta jornada para disparar contra Rajoy. La artillería pesada tiene forma de varios artículos de firmas importantes de la casa, incluyendo el propio Francisco Maruenda. Este último titula El oportunismo electoral.
Tras escuchar que se retira el anteproyecto porque divide a la sociedad, cabe preguntarse por qué no se hizo lo mismo con tantas medidas adoptadas por este Gobierno que han generado un enorme rechazo social. Nadie esgrimió este criterio insólito cuando se aprobaba un real decreto ley tras otro. La victoria de los dirigentes populares que tienen una sensibilidad social de izquierdas y defienden la legislación abortista del PSOE es una grave derrota del PP. La marcha de Alberto RuizGallardón es un hito muy negativo en la historia de este partido.
Tras dedicar grandes elogios a Gallardón, incluyendo entre sus méritos ser hijo de uno de los fundadores de AP, carga contra Celia Villalobos y Arriola, así como el modo en el que se ha retirado el proyecto tras haber sido aprobado en Consejo de Ministros. Concluye:
Me gusta ser coherente y defenderé lo que haga bien Rajoy y su Gobierno, pero nunca un despropósito de estas dimensiones. Es posible que los «progres» del PP tengan razón y el miedo a Podemos haga que los votantes olviden lo sucedido, pero también puede ser que sea la gota de agua que colme el vaso. A lo mejor la gente se conforma con un Gobierno tecnocrático. No lo sé, pero lo dudo.
Una línea similar a la de Marhuenda es la mantenida en ABC por Ramón Pérez-Maura, que titula Siempre ceden los mismos.
La prueba más evidente del daño que se ha hecho Rajoy está en los elogios que recibe de quien no le vota y las críticas de una parte relevante de sus electores.
Tal vez desde su aristocrática visión del mundo o llega a conocer al electorado medio del PP. Si hay una parte relevante de los votantes del partido de la gaviota (no reidora) que querían una ley como la de Gallardón, hay un sector no menor que ese que consideraba que se trata de una norma en exceso restrictiva. Concluye:
El de ayer fue un día triste para la democracia española y para el partido que encarna el centro-derecha. Mariano Rajoy no pudo cumplir muchas de sus promesas económicas porque las circunstancias heredadas eran peores de lo previsible. Pero en esta materia de defensa de la vida y del más débil, solo necesitaba aplicar la mayoría absoluta que había obtenido en las urnas. Decidió no hacerlo por una estrategia política cuyo calado no alcanzo a entender. Y en un gesto de dignidad poco frecuente en nuestra democracia, Alberto Ruiz-Gallardón se fue a su casa. Sus muchos críticos que tantas veces le han acusado de «venderse» por un puñado de votos habrán de reconocer que no nos vendría mal tener más políticos dispuestos a dimitir por sus ideas.
Dicho de otro modo, para Pérez-Maura, Rajoy puede traicionar a los votantes en todo menos en la cuestión del aborto (aunque en realidad su compromiso tampoco era sacar una ley como la impulsada por Gallardón).
Pero la de Pérez-Maura noes la postura de todos los columnistas de ABC. Algunos escriben en un sentido muy diferente. Un buen ejemplo es el de David Gistau, que titula La rendición.
Al devorar su propia reforma, algunas voces del PP han demostrado que ese partido no es tan monolítico como lo presumen, sino que también existe una derecha escarnecida por progre por la derecha: escarnecida por liberal, por laica, por sentirse más integrada que la otra en las evoluciones sociales. Basta observar la bancada azul para descubrir que, desafortunadamente, esta otra derecha apenas ha sido llamada para servir en el Gobierno, donde en cambio hay ministros que atribuyen a la intervención de fuerzas celestiales, con sus cabritillas, la caída del Muro de Berlín.
A este humilde lector de columnas le parece que esta descripción del PP es bastante acertada, por mucho que Rajoy parezca poner todo el empeño del mundo en expulsar de su electorado (y quien sabe de si de sus filas) a, por ejemplo, a cualquiera tenga simpatías liberales. Concluye:
Verdaderamente, el PP eligió bien a quién enfadar. Adonde quiere Blanco [Benigno, presidente del Foro Español de la Familia] no podría ir sin convertirse en un partido residual que impondría la necesidad de fundar otro capaz de cobijar a la derecha del siglo XXI, que es la del tercer español y sabe que el Muro lo tiraron Reagan y Walesa.
Nos atrevemos a lanzar una matización a Gistau. Es cierto que, contra la opinión conocida del ministro de Interior, el Muro de Berlín no fue tumbado por la Virgen de Fátima. Pero tampoco lo tiró Ronald Reagan. Quienes acabaron con el comunismo en Europa Central y Oriental fueron miles o milones de polacos, bálticos, checoslovacos (hoy separados), húngaros, rumanos…. que se levantaron por lo general de forma pacífica contra las dictaduras comunistas. Reagan, como Thatcher o Juan Pablo II, sin duda alguna ayudaron mucho y fueron un gran soporte para aquellas poblaciones que se alzaron contra la bota de la hoz y el martillo, pero el verdadero y profundo mérito está en todos esos ciudadanos que hicieron una de las más hermosas revoluciones que ha vivido el mundo.
Por su parte, Ignacio Camacho titula, también en el diario madrileño de Vocento, Nada personal.
El peso confesional del Partido Popular es en el fondo bastante menor del que la izquierda aventa como un tópico; se trata de una organización de naturaleza mixta, de una derecha híbrida amalgamada por un pragmatismo adaptadizo y tecnocrático, de un allcatchparty, un partido atrapalotodo.
Concluye:
Tampoco el presidente estaba cómodo con la ley de nueva planta; hubiese preferido unos retoques a la norma actual y dejar el asunto correr a la espera del fallo del Constitucional sobre el recurso que él mismo, desde la oposición, había presentado. La incógnita que queda pendiente es la de por qué dejó hacer a su ministro, por qué le permitió avanzar hasta un punto en que la marcha atrás supone un revolcón, un aparatoso desaire. Misterios del marianismo, esa variante quietista del poder cesáreo. Gallardón ha quedado en tierra de nadie; nunca gozó de la simpatía conservadora y había perdido la del progresismo. Tampoco en el Gabinete suscitaba pasiones; lo han abandonado con más indiferencia que crueldad, como a un juguete roto. Su salida, el único camino honorable que le quedaba, no provocará una sola lágrima. No es nada personal, solo negocios… de la política. O sí, quién sabe.
Algo le dice al afilador de columnas que Camacho sabe algo que no puede escribir. O tal vez sólo se lo imagina, quién sabe.
Pasamos ahora a El Mundo, donde nos topamos con un Federico Jiménez Losantos, que ha vivido el que debe de haber sido uno de los momentos más felices de su vida. Su pésima relación con Gallardón y la animadversión mutua es de sobra conocida. El turolense titula El gran embaucador y arranca de forma dura:
Es difícil encontrar un farsante fuera del teatro con tanto éxito como Gallardón.
Tras recordar que Gallardón prometió despolitizar la Justicia e hizo lo contrario, dice:
Yo, que he padecido el despotismo de Gallardón en los tribunales por el delito de opinión de oponerme a su vil proyecto de enterrar el 11-M, defendí aquí mismo, en estos comentarios, el proyecto gallardonita, porque suponía el fin de la corrupción partidista de las instituciones. Pero Gallardón no es decente, políticamente hablando, ni por error.
Destaca que la reforma de la ley del aborto de Gallardón no tenía nada que ver con el compromiso electoral de su partido, y concluye:
La clave de la distorsión, que no estaba en el programa electoral del PP, era penalizar el aborto por malformación del feto, algo con lo que no estaba de acuerdo el 80 % de los españoles, incluidos los votantes del PP. Gallardón ha hecho grandes discursos contra la eutanasia -como si fuera lo mismo- pero por la misma razón que hizo la ley, un cálculo electoral equivocado, Rajoy se la ha cargado. Y Gallardón no ha tenido más remedio que irse… un ratito. ¿Por respeto a los electores? Nunca se lo ha tenido. ¿Que deja la política? Cuando deje de respirar.
Lo cierto es que a algunos otros también nos sigue costando imaginar que Ruiz-Gallardón de verdad vaya a dejar la política.
En el periódico ahora dirigido por Casimiro García-Abadillo nos encontramos con un artículo en el que Victoria Prego cuenta cómo Rajoy precipitó los acontecimientos para evitar que Ruiz-Gallardón anunciara su renuncia estando él de viaje en China. Se titula Contrarreloj.
El anuncio inesperado de Rajoy, ayer, en un acto que nada tenía que ver con el asunto, fue absolutamente premeditado y calculado al milímetro para que todo estallara antes de su viaje.
Añade:
Aceptemos que peor hubiera sido que el señor Gallardón hubiera abierto la crisis de Gobierno en el momento en que el presidente del Gobierno y también el Rey estuvieran fuera de España. La solución buscada por Rajoy ha sido la de un regate en corto y fulminante y Alberto Ruiz-Gallardón ha dimitido y ha sido inmediatamente sustituido dentro del tiempo reglamentario.
Concluye:
Ahora bien, este error, por el que el Gobierno pagará un precio alto, traducido en manifestaciones de protesta por parte de un sector de sus votantes y en la retirada de su apoyo electoral, es del Gobierno en su conjunto y no sólo del ministro de Justicia recién dimitido, por más que el señor Gallardón haya encabezado y alentado el endurecimiento de las condiciones de interrupción del embarazo. Pero, con todo el coste que comporta para el Partido Popular, ésta ha sido la mejor decisión que podían tomar una vez que se habían equivocado tan grandemente. Otros votantes del PP le devolverán ahora su voto.
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