“Hicisteis cientos de reuniones para hablar de mi pobreza. Publicasteis miles de informes sobre mí enfermedad. Discutisteis una y otra vez sobre mi falta de vivienda. Y yo sigo pobre, enfermo y sin techo” Desconozco al autor de estas frases que, sin ninguna duda, van dirigidas a todos los políticos de todos los colores e ideologías
El Adviento religioso nos promete la segunda venida de Cristo, La Parusía.
Supongámonos que existiera un adviento político. Podríamos decir que en él el hombre espera la llegada de un tiempo de paz y prosperidad.
Son milenios esperando el Adviento religioso, la llegada definitiva de Jesús, la Parusía. Y. sin embargo, los hombres seguimos viviendo en el pecado. En cuanto al adviento político, si podemos llamarlo así, la pobreza y la injusticia que iba a erradicar la democracia, no solo no han desaparecido, han aumentado en cantidad y en calidad.
En un mundo absolutamente desnortado en el que nos encontramos, donde, tanto la socialdemocracia con tintes de comunismo y socialismo rancio, como el capitalismo desbordado, han fracasado y están fracasando, los días de Adviento son, como todos los días del año, la excusa para, en vez de ser días de reflexión, aprovecharlos para rendir pleitesía – si es que cabe rendirle aún más de la que durante todo el año le rendimos – a ese dios insaciable al que hemos dado el nombre de consumo y así cumplir los mandamientos que establece su religión, el consumismo, que no son otros que ¡consumir, consumir malditos! Y para ello, aquellas iglesias y catedrales que las antiguas religiones levantaron para acoger el culto – cualquier culto – han dejado paso a los centros comerciales que son, y desde hace años, las nuevas catedrales. La izquierda y la derecha irreconciliables, se concilian y no discuten sobre la liturgia de esta nueva religión de la que ambas son fervientes creyentes, liturgia que viene impuesta por los mercados.
El Adviento es tiempo de esperanza, pero el adviento político carece de esperanza desde hace años, los mismos que van desde que los hombres perdimos los valores y principios del cristianismo, hasta hoy. A lo largo de esos años, en cada uno de los cuales, al llegar estas fechas celebramos el Adviento, es decir, abrimos la puerta a la esperanza, se ha afianzado la desesperanza en un cambio de naturaleza política. Es imposible un adviento político lleno de esperanza porque los políticos, tanto de las diferentes izquierdas que nos iban a salvar como por las distintas derechas que nos iban a garantizar una felicidad enlatada y envuelta en papel de celofán, abandonaron a lo largo de estos nefastos años los principios que recogen las distintas constituciones de los distintos países escritas en sus fraudulentas páginas con letras de oricalco, abrazándose y dejándose acariciar por la codicia dineraria y de poder.
Los derechos primarios del hombre: alimentación, vivienda, salud y educación, voceados por estos apóstoles falsarios a los que se les llena la boca de promesas más falsas que las de un chulo hechas a la mujer a la que va a desplumar, el mundo está más convulso que nunca y esa convulsión, a pesar de las ¿democracias? asentadas tanto a la izquierda como a la derecha y a lo que se ha dado en llamar Carta Magna que recoge como de obligado cumplimiento esos derechos primarios, la sufren los ciudadanos abandonados y expoliados.
Adviento quiere decir “venida”. El hombre lleva miles de años esperando la “venida” de la paz y la prosperidad para todos los pueblos, para todos los seres humanos. Será imposible, porque el causante de tanta injusticia es el mismo hombre que establece las leyes para que nada cambie.
MAROGA
