Bokabulario

Si hoy quieren ser Nación, mañana querrán ser Estado

La insistencia de los nacional-separatistas catalanes en que las Cortes Generales aprueben –de manera fraudulenta- un nuevo Estatuto con la denominación de nación aplicada a Cataluña no responde a poesía ni romanticismo. Es un paso más en el despedazamiento de España.

En el blog de los Radikales Libres, que recomiendo a mis lectores para enterarse de cómo gobierna el Bipartito social-suevo, he encontrado un artículo de Juan José R. Calaza en el que lo explica de manera sencilla.

Supongamos que los secesionistas se presentan en la ONU, Estatuto en mano, invocando el reconocimiento de nación e incluso planteando que se abra un expediente de descolonización. ¿Qué pasará? Seguramente nada bueno. A los juristas de la ONU les importan tres cominos los intríngulis de la ingeniería constitucional española, y no ponderarán si el termino nación del preámbulo, o su equivalente, tiene carácter descriptivo aunque no asertivo . Lo que sí tendrán muy en cuenta en la ONU serán los respaldos políticos de Cataluña.

¿A quiénes les interesa una España fragmentada? A Francia, Portugal, Marruecos y sus respectivas áreas de influencia. Por ejemplo, Mario Soares considera que España no es una nación, pero Cataluña sí.

Para que los catalanistas se hagan una idea del hartazgo que están causando incluso entre sus aliados mesetarios, pueden leer el artículo de uno de los intelectuales preferidos de Rodríguez: Juan Álvarez Junco. Éste fue premiado por el Gobierno del PP en 2002 por un libro que habla de una supuesta invención de España en la guerra de la Independencia. Ni que decir que su hipótesis ha sido refutada por historiadores de izquierdas y derechas, aunque ha satisfecho a muchos políticos. Y ahora Álvarez Junco recrimina su sectarismo al Parlamento autonómico.

en el proyecto se halla constantemente presente una Cataluña esencial, idéntica a sí misma, cargada de «derechos históricos», agraviada siempre por «España» y a la vez impermeable a toda influencia española. Los autores del texto ni siquiera parecen ser los diputados que lo redactaron y aprobaron, sino «Cataluña», ente espiritual que ha «definido una lengua y una cultura» o «modelado un paisaje» en esa parte del globo. (…)
Cataluña se ve también dibujada como un organismo vivo, dotado de voluntad y capacidad de raciocinio: «Cataluña considera…, quiere…, expresa su voluntad de». Es un retorno al Volksgeist, a las almas colectivas, a los caracteres nacionales, a la visión orgánica de las sociedades, propia del romanticismo de mediados del siglo XIX. Es asombroso que, a comienzos del XXI, un 89% del Parlamento catalán suscriba esta manera de entender el mundo.
Sorprenden también las referencias a la historia como legitimadora de este proyecto político. Es una historia sesgada, sólo interesada en avalar la existencia de una identidad nacional permanente. Más cierto sería decir que las instituciones del Antiguo Régimen defendían privilegios corporativos y no tenían el menor contenido «nacional» (¿quién pensaba entonces en «pueblos soberanos»?).

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Autor

Pedro F. Barbadillo

Es un intelectual que desde siempre ha querido formar parte del mundo de la comunicación y a él ha dedicado su vida profesional y parte de su vida privada.

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