Pedro Sánchez Pérez-Castejón ha conseguido otro objetivo: cargarse la Comisión de secretos oficiales del Congreso de los Diputados.
A partir de ahora los partidos constitucionalistas desconocerán las operaciones secretas que realizan nuestros servicios de inteligencia para defender a España.
Porque nadie en su sano juicio se puede creer que metiendo en esa Comisión a los enemigos internos de España, a quienes la quieren demoler: independentistas, filo terroristas, nacionalistas y populistas-separatistas, el responsable del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que comparezca ante ellos les va a contar las verdades del barquero.
Por eso la decisión de la irresponsable y servil Meritxell Batet Lamaña, presidenta del Congreso, acatando la orden de Sánchez para alterar el número de mayorías que impedía hasta ahora que Bildu y otros indeseables accedieran a los secretos del Estado, sólo servirá para aumentar la opacidad del Gobierno. Los perdedores de la claudicación serán los constitucionalistas que ya no tendrán información periódica, secreta y útil para conocer las cuadernas de la Nación, sus confidencias, enemigos y resultados.
Los independentistas catalanes, siempre deseosos de protagonismo, decorado y fanfarria, están encantados con el titular que han escrito en pancartas, pasquines y cabeceras: CatalanGate. ¡Qué bien suena! En su arcadia feliz ya son como Estados Unidos. “Ellos tuvieron su Watergate y nosotros el CatalanGate. Si es que somos unos fenómenos”, pregonan estos cobardes de salón que viven del victimismo e inventan un falso caso invocando la legalidad cuando ellos no hacen más que subvertirla.
¡Pero cuanto imbécil hay suelto y cuanto majadero nos dice gobernar! Los socios de Sánchez, tan necesarios para que el Dañino siga durmiendo en Moncloa, hacen su papel en la farsa y el Gobierno les baila el agua y les hace carantoñas, en lugar de decirles en público, a coro y a través de todos los medios de comunicación que controla:
“Sí señores, la obligación de todo Estado de derecho es que sus servicios de inteligencia espíen a los enemigos de la Nación, estén donde estén y sean los que sean. Mientras ustedes sigan queriendo romper España, incumplir la Constitución y conspirar contra su unidad, el CNI y los demás organismos secretos les espiaran hasta en la sopa”.
Con palabras más diplomáticas es lo que les ha dicho a la cara la ministra de Defensa, Margarita Robles Fernández, a quien su Presidente y sus compañeros de Gabinete han dejado sola o piden su dimisión. ¡Ver para creer!
Pero claro, esto, que es lo que advierte a sus enemigos cualquier Gobierno democrático que defiende el Estado, sus leyes, su Constitución y los intereses de sus ciudadanos, no lo hace el inquilino temporal de La Moncloa porque su pulsión destructiva para España y enriquecedora para él es superior a cualquier otro comportamiento ético y estético. Cuando pierda, su partido quedará como la hierba que pisaba el caballo de Atila.

