Entre la náusea y el cabreo, comienzo este 2025, tras haber visto, en diferido, cómo un ´cacho de tocino con ojos´, ofendía gratuitamente, lo más profundo de mi sentimiento religioso, con el agravante de haber sido ´pagano´ forzoso, ´vía impuestos´, de la blasfema farsa, tipificada en el artículo 525.1 del Código Penal español.
Como cristiano, puedo y debo de perdonar a los que me ofenden; pero no puedo, ni tengo porqué perdonar a aquellos que ofenden a mi Señor Jesucristo.
No soy quién.
Me explicaré. Como cristiano podré poner la otra mejilla; ahora bien, si la bofetada no la recibo yo, sino un hijo mío, al ´abofeteador´, me lo como crudo.
Porque en ese caso, no cabe el perdón, ni el ´buenismo´.
Volviendo ahora al aquelarre televisivo, pagado con nuestros impuestos, estoy convencido de que Jesucristo los habrá perdonado, pero dudo mucho que su Padre lo haya hecho.
Yo, de ellos, no dormiría tranquilo.
Por otro lado, la Conferencia Episcopal Española, cómo no podía ser de otro modo, no sabe, no contesta, ni se la espera.