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ARTÍCULO PUBLICADO EN ‘THE OBJECTIVE’

Vean la forma asquerosa en que la izquierda denuncia racistas y homófobos, pero también los usa como insulto

"Ser progre es un gran ejercicio de proyección, de pereza intelectual y de atribución gratuita de maldades al resto de la sociedad. Es ver racistas mientras eres tú el único que subraya el color de piel de tus conciudadanos, es ver homófobos mientras utilizas la homofobia como insulto"

Periodista Digital 10 Jul 2026 - 08:41 CET
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Tremendamente interesante lo que expone Marcos Ondarra en su columna publicada este 10 de julio en The Objective, titulada «Del color de piel de Lamine Yamal a la homosexualidad de Vito Quiles».

El artículo desentraña cómo el racismo y la homofobia o el machismo son solo un arma de guerra para la izquierda lamentable de este país, porque los van a señalar mientras los practican. Pobres criaturas.

La tesis central de Ondarra es que la controversia en torno a estas figuras no es un simple eco de odio; es un reflejo de una degradación del espacio público. Es un fenómeno más amplio donde cuestiones de identidad, origen y sexualidad se han transformado en herramientas de descrédito. El autor sostiene que estos casos son síntomas de un problema que afecta a la conversación pública sobre el deporte y la política en España.

Explica el autor:

«No hay que dejar de recordar que las actuaciones de Lamine Yamal no molestan a la derecha, sino a los marroquíes y a los separatistas, catalanes y vascos, esto es, a los socios de izquierda, que, como muestra Jonathan Haidt en La mente de los justos, ante su incapacidad de comprender a la derecha, le atribuyen todo tipo de maldades: racismo, machismo, homofobia… Muchas veces, en un ejercicio de proyección».

Por otro lado, el artículo centra su mirada en Vito Quiles, un personaje de lo más relevante en la agitada agenda mediática española y a quien, ya saben, Mitad tonta mitad tetas (Sarah Santaolalla), atacó un día hablando de su homosexualidad. Ella, de izquierdas, sí, como lo leen. Mitad tonta mitad tetas como dijo la gran Rosa Belmonte. 

Ondarra reflexiona sobre la forma en que la orientación sexual se utiliza como una etiqueta que descalifica, donde se confunde la crítica política con un ataque personal y se normaliza la homofobia bajo las máscaras de la «corrección» o el «humor».

 «Utilizar la homosexualidad como un insulto hacia Vito no solo demuestra, de nuevo, desconocimiento de la derecha mediática, sino que refleja la homofobia implícita del que insulta. Creen que esa atribución le va a ofender o le va a hacer perder apoyos entre los suyos, cuando solo consiguen remover la bilis».

Y por último, el autor se mete en la más reciente imbecilidad de estos podemitas mal encamados. Ahora, Iglesias y los suyos, después de criticar de todas las formas posibles a reporteros incisivos como el propio Vito Quiles o nuestro Bertrand Ndongo, hacen lo propio enviando a una faltona, deslenguada y cateta suerte de reportera a -ojo- insultar a los personajes que pilla. El problema para ella es que le van a caer demandas de todos los colores. Vean. 

Los dos párrafos finales son brillantes:

Ser progre es un gran ejercicio de proyección, de pereza intelectual y de atribución gratuita de maldades al resto de la sociedad. Es ver racistas mientras eres tú el único que subraya el color de piel de tus conciudadanos, es ver homófobos mientras utilizas la homofobia como insulto, y ver machistas por todos lados, con la turra de que todos lo somos en mayor o menor grado, solo porque tú lo eres.

Es, en definitiva, cargar al resto con tus miserias. Ahora, tras años acusando a Vito Quiles y Bertrand Ndongo de «escuadrismo» por hacer preguntas incómodas pero pertinentes, Pablo Iglesias ha mandado a una reportera, comunista queer (así se dice la criatura) y antifa, a perseguir a personajes de la derecha sociológica (ni siquiera política) por la calle y hacerles preguntas insultantes. Porque el fascismo, como la homofobia o el racismo, era solo una proyección.

 

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