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Dos figuras imprescindibles de Pedro Sánchez no aparecen por ningún lado.
Por un lado su gurú, el expresidente y figura central del actual PSOE sanchista José Luis Rodríguez Zapatero, se ha esfumado de los escenarios públicos desde mediados de diciembre. Sin actos, sin declaraciones, ni rastro en redes sociales. En paralelo, su esposa, Begoña Gómez, acumula ya cuatro meses de mutismo total.
Este acto de magia sucede cuando avanzan las investigaciones judiciales que les salpican de lleno. Estas ausencias son notorias en un país donde la política se vive con fervor y desconfianza.
A Zapatero se le ha caído su falsa imagen de mediador internacional en lugares como Venezuela o Cuba. Sin embargo, su huella se difumina precisamente cuando el Gobierno de Sánchez parece distanciarse de él, para contener el daño reputacional por el escándalo Plus Ultra y por su cercanía con distintas dictaduras.
Mientras tanto, la pentaimputada Begoña Gómez se enfrenta a un proceso por corrupción vinculada con sus negocios privados y con su cátedra irregular en la Complutense. Sus reuniones con empresarios como Javier Hidalgo, de Air Europa, justo antes de rescates públicos, o el uso de una asesora de Moncloa -pagada con dinero público- para hacer de su secretaria para sus negocios han acaparado titulares.
Dos silencios estratégicos
No es la primera vez que Zapatero se ve envuelto en polémicas. Su etapa al frente del Gobierno reabrió viejas heridas gracias a su discurso guerracivilista para tensionar y polarizar a la sociedad. Su cercanía con el chavismo, al que ha defendido en elecciones claramente amañadas y que han sido puestas en duda hasta por la UE.
Los rumores sobre su patrimonio inmobiliario o sus presuntos chanchullos con el chavismo, señalados por Hugo Carvajal, y con el régimen chino no dejan de circular.
Con Sánchez lidiando con todos los escándalos por corrupción que rodean a su Gobierno y a su partido -especialmente por el llamado caso Koldo que salpica tanto al Ejecutivo como al PSOE- ha optado por mantener distancia: ni menciones ni imágenes. Quizá tampoco hayan más cenas juntos.
El silencio de Begoña Gómez comenzó a intensificarse al producirse distintas revelaciones. Las cartas de recomendación a Juan Carlos Barrabés, un software para pymes desarrollado por grandes empresas como Indra sin coste alguno, presiones a compañías beneficiadas por subvenciones públicas y unos opacos viajes a República Dominica.
Pese a los intentos de su marido para intentar acabar con la causa judicial que incluyeron ataques directos al juez instructor, Juan Carlos Peinado, esta sigue en marcha. La Audiencia Provincial de Madrid respalda las investigaciones, a pesar de los intentos por apartar al magistrado.
Ambas ausencias coinciden temporalmente. Sánchez y el PSOE enfrentan múltiples frentes: el hermano de Sánchez bajo juicio, escándalos de presunto acoso ante los que no se hizo nada, diversas tramas paralelas al caso Koldo como lo de Leire, la inutilidad de una pésima gestión, expuesta en la tragedia de Adamuz, y en medio de todo, elecciones en varias autonomías.
Por tanto, la figura de Zapatero, con su red internacional establecida, podría convertirse en un lastre ideológico. Si decide reaparecer, podría reavivar críticas sobre sus nexos con regímenes antioccidentales.
En cuanto a Gómez, cada mes sin aparecer intensifica las presiones: el próximo miércoles comparece Álvarez, y el caso está relacionado con los rescates a Air Europa y las irregularidades en la adquisición de mascarillas.
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