El futuro del modelo económico y social de desarrollo en España pasa por transformar la información en conocimiento.
(Alfredo Hernando, Escuelas católicas).- La escuela no es una entidad impermeable que no sienta los cambios del tiempo, ni de las ciencias, ni de nuestra sociedad. En 1985, el innovador y revolucionario pedagogo Andy Hargreaves escribía: «Será necesario asumir grandes riesgos para crear el saber que dará nacimiento a una innovación radical de la escuela si se quiere que sea capaz de responder al desafío actual. La experiencia puede ser dolorosa pero también apasionante. Se requiere de un saber creado en una dinámica «de ida y vuelta» de la práctica a la reflexión y viceversa, en el que se ha de correr el riesgo de pensar y hacer las cosas de otro modo, de ir a contracorriente del inmovilismo y del desánimo del «todo es un desastre» y del «siempre se ha hecho así».
Cada vez sabemos más sobre el funcionamiento del cerebro, o sobre las emociones y la concentración; estamos conectados con el mundo entero a tan sólo un «click» de distancia y tenemos acceso a una cantidad ingente de información en red. Estos cambios, por citar los fundamentales, están presentes en el día a día, modificando nuestras relaciones y la forma en que pensamos o el modo en que aprendemos; pero no sólo eso, sino que nos avisan, a su vez, de que el futuro del modelo económico y social de desarrollo en España pasa por transformar la información en conocimiento.
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