Martín Velasco "apuesta decididamente por lo cristiano como estilo de vida, y por la Iglesia del Concilio Vaticano II, alejándose de cualquier restauracionismo o giro copernicano
(Jesús Bastante).- No fue un homenaje, porque él mismo no lo hubiera permitido, pero se le pareció mucho. El Colegio Mayor Chaminade de Madrid acogió ayer la presentación de «¡Ojalá escuchéis su voz!«, la última obra del profesor Juan de Dios Martín Velasco que edita PPC y que recoge buena parte de sus últimos artículos publicados en 21RS y la revista dominical. Junto a él, distintas generaciones de cristianos y, en el ambiente, un aroma -tal vez nostálgico- a Concilio Vaticano II.
«He hablado de la Iglesia, para bien y para mal, expresando el dolor al ver cómo determinadas formas de realizarse en la iglesia parecen no ser fieles al Evangelio«, apuntó el autor, que fuera rector del Seminario de Madrid en tiempos de Tarancón, y maestro de muchos de los que allí acudieron a reconocer su obra y su vida. A sus 78 años, aseguraba «haberlo hecho desde el interior de la Iglesia, y desde el amor a la Iglesia, y siempre incluyéndome en la crítica».
Una crítica que basa en distintas convicciones: «Lo primero, Dios«, Lo segundo, «no sin los otros. Que mi visión de las cosas dialogue con la que otros ofrecen de su realidad». Y es que «Dios nos está hablando todos los días» y la clave está, entonces, en «escuchar precisamente hoy». Sin rendir absoluta pleitesía a las mediaciones ni caer en el error de considerar que las propias «tienen el monopolio exclusivo de la verdad».
«Hay que relativizar la idea de encerrar a Dios en un conjunto de doctrinas y de verdades», recalcó Martín Velasco, quien insistió en que «nuestra fe es sólo fe en Dios, aunque profundamente eclesial. No se trata de refundar la Igleia, ni de crear una Iglesia paralela, sino darle un rostro creíble para los hombres de nuestro tiempo. Una Iglesia intelectualmente habitable, compañera del sufrimiento de la Humanidad».
A su lado, Juan María Laboa reivindicó a la que dio en llamar, en palabras del Nuncio Tagliaferri, «generación perdida». «No debimos ser tan malos, porque algunos, como el cardenal Rouco, también son de nuestra edad». Tal vez, apuntó Laboa, les tachen de «peligrosos» por «haber encontrado el Concilio«, frente a otras generaciones «que han llegado decir que Jesús era un burgués porque era hijo de un carpintero, o que no quieren concelebrar porque la Eucaristía es entre él y Dios. ¿Cómo van a rezar en comunidad, si no entienden?«.
Sobre el libro, pero también sobre esa generación, Laboa reivindicó la búsqueda de la «democracia», entendida como «la igualdad de los hijos de Dios. Es un libro que nos respalda, da argumentos, es fácil de leer, y nos muestra cómo convivir, dentro de la Iglesia, gentes de distintas sensibilidades… Y es que tal vez estamos todos un poco perdidos, y esto puede centrar a unos y a otros».
Por su parte, Luis Aranguren, de PPC, destacó la «teología de la vida cotidiana» que se refleja en los escritos de Martín Velasco, «un auténtico regalo para movernos en la Iglesia en estos tiempos de incertidumbre». «Juan nos reconforta, sacude y espabila, porque si bien es cierto que una forma de Cristianismo se está desmoronando, entre sus ruinas están apareciendo cosas nuevas, desde dentro».
Había distintas generaciones en la presentación de ayer. Representando a la de aquellos que no vivimos durante el Concilio se encontraba Mª Ángeles López, redactora jefe de 21RS, quien recordó cómo uno de sus primeros «fichajes» para la entonces Reinado Social fue precisamente el de Martín Velasco. «Un hombre sabio, tranquilo, sencillo, humilde, bienhumorado, generoso«, cuyas ideas «siguen vigentes y son motivos de esperanza, de inclusión, de una Iglesia de fraternidad».
Finalmente, José Luis Segovia, alumno como tantos de Martín Velasco en el Seminario de Madrid, reivindicó la figura del autor, «que nos enseñaba sobre Dios, y no hablaba sólo de oídas sobre Él». Segovia destacó la pasión del homenajeado por «facilitarnos el acceso al Misterio de Dios, al de un Dios al que tenemos que dejar ser Dios, sin olvidar el riesgo permanente de idealizar las mediaciones. Hay que relativizar lo relativo, y absolutizar lo absoluto».
Para Segovia, Martín Velasco «apuesta decididamente por lo cristiano como estilo de vida, y por la Iglesia del Concilio Vaticano II, alejándose de cualquier restauracionismo o giro copernicano», y defendiendo «un ministerio abierto al diálogo con el mundo y capaz de vivir en la horizontalidad y la fraternidad».





