Se veía venir.
El dato adelantado del IPC a finales de julio de 2022 daba pistas más que suficientes.
El golpetazo a la economía doméstica de los españoles iba a ser de órdago a la grande.
Y por desgracia los malos augurios han quedado confirmados.
Ni más ni menos que un 10,8% es la cifra inflacionista con la que se ha cerrado el séptimo mes del año.
El IPC, como el Falcon de Pedro Sánchez, solo sabe subir y subir y estar cada vez más alejado de los ciudadanos.
Según el Instituto Nacional de Estadística, dicha escalada se debe a las subidas de los precios de la electricidad en la vivienda, hasta el 23%. El vestido y el calzado registró una variación anual del 5,0%, más de dos puntos y medio por encima de la registrada en junio de 2022. Esto se debe a que la bajada de sus precios es menor este mes que en julio de 2021.
Si se analiza la evolución de la inflación subyacente, que no incluye los precios de alimentos no elaborados ni productos energéticos, escaló al 6,1%, su nivel más elevado desde enero de 1993. Es decir, la subida de precios se ha ido trasladando a toda la cadena de productos.
El precio del aceite ha aumentado un 56% en España desde principios de 2021, cuando comenzó la escalada de precios de las materias primas alimenticias, mientras que los cereales se han encarecido un 17%, los lácteos y huevos, un 16%, y la carne, un 10%.
Un atraco a mano armada al bolsillo de los sufridos ciudadanos y que demuestra que las políticas de Sánchez son un fracaso absoluto.
Lo peor de todo es que no se ve la luz al final del túnel.
Más bien, todo lo contrario, y no hay que ir a la Sorbona para imaginar un escenario en el que el IPC sobrepase el 11%.
Por lo pronto, para desdoro de los ‘lumbreras’ que maldirigen España desde la Moncloa, el IPC de julio de 2022 es el más elevado desde enero de 1993.
Nada más y nada menos que 35 años han pasado para estar como en los peores tiempos del felipismo.
Aunque tampoco hay que remontarse tan lejos.
Curiosamente, esos mismos ciudadanos perciben las mismas sensaciones con Sánchez, pero con el agravante de que la cosa puede ir a peor, según lo expuesto por el índice de confianza del consumidor de julio de 2022 elaborado por la OCDE.
En este séptimo mes del año en curso, el índice de confianza del consumidor, encargado de tomarle la temperatura a la evolución futura del consumo y el ahorro de los hogares, en función de las respuestas sobre su situación financiera esperada, se ha situado en 92.9 puntos, frente a los 94.1 de junio y los 100.9 puntos que registró la media de los países europeos de la OCDE.
La cifra de la confianza de las familias españolas ha ido desplomándose desde hace meses hasta alcanzar en estr recién finiquitado julio de 2022 el nivel de 2008, fecha de la anterior crisis económica, con Zapatero en el poder. En septiembre de 2008, este índice de la OCDE marcó 92.8 puntos en el caso de las familias españolas, y bajó por debajo de los 92 puntos en los meses posteriores.
Y es que con ‘Falconetti‘ los españoles no hacemos otra cosa que vivir en bucle una película de terror.
Porque ya da pavor encender el aire acondicionado, repostar gasolina, poner la lavadora o al sacar la cartera para pagar la compra del supermercado.
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