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El Arca 2018, un vino singular, monovarietal de garnachas centenarias, de un viñedo único en el Viejo Mundo

Juan Luis Recio 24 Jul 2021 - 08:53 CET
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Decíamos ayer que hoy continuaríamos hablando de El Arca 2018 y que el domingo, Día del Apóstol Santiago, concluiremos celebrándolo con un excelente reserva, Queirón de Gabriel 2011. y como lo prometido es deuda a ello con gusto nos ponemos pues si el vino de ayer, Mi Lugar 2018 era muy especial, no lo es menos este del que hoy aquí hablaremos, un monovarietal de garnacha que atienda al nombre de El Arca 2018.

Empezaremos por la denominación de este vino, ya que si me han ido siguiendo lo que cuento de esta bodega, habrán observado que los nombres de los vinos de Queirón están dotados de enjundia cultural e histórico y razonan muy bien la razón de los bautizos de sus elaboraciones. Y Y nosotros asumimos con gusto su relato, del que nos apropiamos en gran menuda ya que sus descripciones son ya de por sí insuperables. En este caso debemos decir de entrada que El Arca es un viaje al pasado. A la viticultura ancestral de Rioja, que refleja la austeridad de un suelo pobre, esencial, frágil, además de que el tiempo se parece detenerse en Quel, a los pies de su castillo del siglo XV. Se trata de un vino singular de un viñedo único en el Viejo Mundo, de una viña anclada en la memoria, una viña de apenas una hectárea de garnachas centenarias y un arca del siglo XIX para proteger un parteaguas con tres acequias: Arnedo, Autol y Quel. Todo ello en un terruño de secano hondo de vides ancestrales, de raíces profundas, con brazos retorcidos como un capricho moldeado por generaciones de viticultores.

Entrando en detalles debemos contar que la viña llamada El Arca está situada al norte del castillo roquero de Quel, del siglo XV, y recibe su nombre de una curiosa edificación aledaña del siglo XIX cuya función era la de dividir las aguas en tres acequias similares: una para Arnedo, otra para Autol y un tercer ramal con destino a Quel, sede de la bodega. Sin embargo, este viñedo vive en una curiosa paradoja hídrica, ya que a pesar de sentir el fluir constante del líquido elemento, su alma es de puro secano, de ínfimas pero maravillosas producciones. El Arca cuenta con una superficie de solo 0,89 hectáreas y es una verdadera reliquia de garnachas centenarias de las que ya se tienen datos de 1892. Su extrema longevidad demuestra la asombrosa adaptación de la casta garnacha a esta zona concreta de Rioja y la constatación más nítida de la identificación de una variedad con un terruño. Sus apenas 2.000 cepas conviven en una superficie de 7.000 m2 en la que además de garnachas aparecen individuos de otras variedades blancas como demostración exacta de la viticultura tradicional que se realizaba en esta zona de Rioja desde tiempo inmemorial.

Por otra parte, es igualmente interesante saber que Queirón El Arca es un vino que se engloba en la nueva categoría aprobada por el Consejo Regulador de la D.O.Ca. Rioja llamada ‘Viñedo Singular’, que consiste en una estratificación de las parcelas más singulares de Rioja, que previamente han sido reconocidas por parte del Ministerio de Agricultura y certificadas como singulares atendiendo a una serie de exigentes parámetros. El viñedo singular, entre otras muchas condiciones establecidas para obtener esta denominación, puede comprender una o varias parcelas catastrales y la edad mínima del viñedo es de 35 años.

Y entrando en el vino en concreto, diremos que El Arca es el primer vino de Viñedo Singular de Queirón. Es un vino único que representa la esencia de uno de los terruños más genuinos de la viticultura ancestral de Rioja, El Arca, una finca de garnacha de menos de una hectárea situada en el extremo norte del castillo de Quel de la que ya se tienen datos en 1892. Para su elaboración, tras una noche en cámara a 12 ºC, se seleccionan, se despalillan y se introducen las uvas en barricas de roble americano. Se realiza un suave pisado de algunas de ellas para liberar una pequeña cantidad de mosto y conseguir una semi-maceración carbónica, potenciar la intensidad aromática y el aumento de la cesión de taninos y antocianos. Con las uvas en las barricas ya cerradas, comienza la fermentación con levaduras del viñedo. Tras esta primera fermentación (que se extiende durante diez o doce días), se sangra el vino y se le vuelve a introducir de nuevo en barricas, en esta ocasión de roble francés de primer año y con diferentes tostados para que culmine la fermentación. Cuando termina, se trasiegan las barricas, se homogeneiza y se vuelve a introducir en barricas para que realice la maloláctica. Permanece de cinco a siete meses con sus propias lías. Tras el descube, se introduce el vino en depósitos de hormigón con forma de huevo durante veinte meses hasta su embotellado, alcanzando un grado alcohólico del 14,5 %/Vol. La producción se limita a solamente 1947 botellas.

En cuanto a la cata, diremos que a la vista se presenta limpio, vigoroso, brillante y con una alta capa de color. En la fase olfativa es un vino que resulta explosivo, potente, con un complejo bouquet debido al ensamblaje perfecto entre la fruta, el terroir que expresa la propia viña y los aromas de crianza del paso por madera de roble francés. Al principio aparecen notas de mora, grosella, casis y fruta compotada, así como notas trufadas y sotobosque. A continuación, muestra notas a pastelería, fruta pasa, ciruela, higo, notas especiadas, café y cacao. En boca resulta corpulento, voluptuoso, sensual, muy carnoso, largo, equilibrado y con un gran paso. Existe un exquisito equilibrio entre acidez y tanicidad. En la fase retronasal de nuevo exhibe su espíritu con un gran bouquet y potencia, volviendo a mostrar toda la complejidad y delicada finura mostrada en la fase ortonasal. Se aconseja consumir a 16-18 ºC. Se trata además de un vino con vocación de permanencia en el tiempo por su acidez y estructura. Si se conserva en condiciones óptimas (12-14 ºC) a 60% de humedad relativa y sin oscilaciones de temperatura, su vida puede prolongarse durante décadas. Su PVP aproximado en tienda es de 50 €.

Como decíamos arriba, mañana, Día del Apóstol Santiago, concluiremos celebrándolo con un excelente reserva, Queirón de Gabriel 2011.

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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