La Unión Europea, proyecto emblemático de integración y libre circulación, enfrenta su mayor crisis interna desde el Brexit

Europa dividida: La frontera que aisla el futuro del ‘Espacio schengen’

Alemania ha decidido imponer controles fronterizos que afectan a más de la mitad de sus fronteras terrestres. Esta medida responde a la presión migratoria y a un creciente sentimiento de inseguridad

Europa dividida: La frontera que aisla el futuro del 'Espacio schengen'

Pero, ¿qué implica realmente para el futuro de la Unión?

Para Olaf Scholz, la decisión de blindar las fronteras alemanas parece ser una respuesta a las demandas internas de control ante la migración irregular y la delincuencia transfronteriza. No obstante, la realidad es más compleja.

Alemania no está sola en esta tendencia proteccionista: Francia, Italia, Noruega y otros seis países europeos también han reforzado sus fronteras. Los motivos van desde la presión migratoria hasta la seguridad ante posibles amenazas terroristas. En todos los casos, el denominador común es la percepción de una Europa cada vez más fragmentada.

La reintroducción de controles fronterizos, aunque temporales, amenaza con socavar uno de los principios fundamentales de la UE: el espacio Schengen, que permite la libre circulación de personas y mercancías entre sus 27 estados miembros y otros países asociados. Este principio, que ha sido celebrado como un símbolo de la unidad europea, se tambalea ante las decisiones unilaterales de sus propios miembros.

La Unión enfrenta un dilema. Por un lado, el aumento de la migración es innegable. Los datos de ACNUR revelan que solo en 2024 hubo un incremento del 148% en los cruces fronterizos irregulares en la frontera oriental de la UE.

Pero, ¿justifica esto el cierre de fronteras? Para Javier Díaz Giménez, profesor de Economía del IESE Business School, estas decisiones son más políticas que pragmáticas. «La presión de la extrema derecha ha forzado a muchos gobiernos a tomar medidas drásticas, que a la larga podrían costar más de lo que buscan proteger».

Y el costo no es solo económico, aunque este no debe subestimarse. Un informe de la Fundación Bertelsmann ya advertía en 2016 que la reintroducción de controles fronterizos podría costarle a la UE hasta 470.000 millones de euros en pérdidas de crecimiento en una década. La logística se complica, las cadenas de suministro se tensan y, como señala Samuel Rico, CEO de TCR Group, “para atravesar Europa, los camiones necesitan un montón de papeles, y cada uno es diferente según el país. Esto no debería ser así”.

Además, la percepción de una Europa cerrada y dividida podría tener repercusiones aún más profundas. Alberto Ares Mateos, experto en migraciones, lo advierte claramente:

“El discurso del miedo, promovido por partidos de extrema derecha, ha impregnado toda la esfera política y social. Europa necesita mano de obra, pero en lugar de integrar, está cerrando sus puertas”.

Los controles en Alemania no son una respuesta definitiva; son un síntoma de un problema mayor. Europa, al apostar por soluciones nacionales a problemas continentales, podría estar cavando su propia tumba. La unidad no se construye con fronteras, y el futuro del proyecto europeo pende de un hilo. La integración y la solidaridad son los únicos caminos para afrontar desafíos como la migración y la seguridad.

El tiempo dirá si esta Europa fragmentada es capaz de reponerse y, sobre todo, de recordar que la fortaleza de su unión radica en la cooperación, no en el aislamiento.

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Autor

Paul Monzón

Redactor de viajes de Periodista Digital desde sus orígenes. Actual editor del suplemento Travellers.

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