LA GUERRA DE GAZA ENTRA EN UNA FASE DE INCERTIDUMBRE

Hamás se abre al desarme en Gaza mientras Israel evalúa su retirada

El anuncio de Hamás acerca de su plan de desarme ligado a la retirada israelí transforma el panorama en Gaza y desafía tanto la estrategia de Donald Trump como la cohesión interna del grupo islamista.

Hamás se abre al desarme en Gaza mientras Israel evalúa su retirada
Terroristas de Hamas. PD

Los recientes bombardeos en la Franja, que han dejado nuevas víctimas civiles según Reuters en su informe sobre los ataques israelíes en Gaza, son un marcado contraste con la nueva postura que emana de ese mismo territorio: Hamás ha declarado aceptar el plan de desarme propuesto por Donald Trump, siempre y cuando Israel se retire de Gaza.

Este giro, que pone fin a años de una firme negativa al desarme, no implica que la guerra esté a punto de acabar. Sin embargo, sí abre una nueva perspectiva: por primera vez el grupo islamista vincula de manera explícita la entrega de armas a un proceso negociado de retirada israelí y reconstrucción.

Qué ha declarado Hamás

En su comunicación, Hamás afirma aceptar el esquema de desarme establecido por la denominada Junta de Paz promovida por Donald Trump, pero lo condiciona a que Israel:

  • retire todas sus fuerzas de la Franja
  • cese “toda forma de agresión”
  • acepte el despliegue de una fuerza internacional de protección

El grupo reitera que el armamento pesado —cohetes, misiles, explosivos y sistemas de lanzamiento— se entregará a un Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), una entidad tecnocrática palestina creada bajo el marco del plan de Trump, que se convertiría en el custodio y administrador de dichas armas, sin intervención directa de Israel.

La dirección política de Hamás intenta presentarlo como una decisión estratégica más que como una rendición. En sus comunicados, enfatizan que el desarme se llevará a cabo en etapas, y que cada avance dependerá de que Israel cumpla con sus propias obligaciones: retirada de tropas, levantamiento de restricciones y reconocimiento de una nueva autoridad palestina en el enclave.

Cómo se estructura el plan de desarme de Trump

El plan de Trump no es un simple documento, sino un conjunto de:

  • una propuesta de paz de 20 puntos para Gaza
  • un plan técnico de desarme en cinco fases durante ocho meses
  • un esquema de transición política y seguridad internacional

Según el informe al que ha tenido acceso Reuters:

  1. En los primeros 15 días, un comité de tecnócratas palestinos —el NCAG o CNAG— asume la responsabilidad de la seguridad en Gaza y comienza el registro de armas.
  2. Entre los días 16 y 40, Israel procederá a retirar su artillería y tanques de las áreas que ocupa, mientras se despliega una fuerza internacional de estabilización.
  3. Desde el día 31 hasta el 90, Hamás deberá entregar todo su armamento pesado y permitir la destrucción de túneles, bases y fábricas de armamento.
  4. Entre el día 91 y el 250, se recogerán armas ligeras y se consolidará la retirada progresiva de las fuerzas israelíes.
  5. En la fase final, una verificación internacional confirmará que Gaza ha quedado desmilitarizada, abriendo así la posibilidad de una retirada completa de las fuerzas israelíes y el inicio de la reconstrucción.

El marco político se complementa con el llamado plan integral para finalizar la guerra en Gaza, que incluye:

  • alto el fuego
  • liberación de rehenes
  • desarme de Hamás y otros grupos
  • retirada progresiva del ejército israelí
  • establecimiento de una nueva administración palestina supervisada por una fuerza internacional.

Qué implica la aceptación condicional de Hamás

Durante meses, Hamás había rechazado cualquier propuesta de desmilitarización sin garantías sólidas de retirada israelí y de avance hacia un Estado palestino. La aceptación actual conlleva tres cambios significativos:

  • Reconoce el marco Trump: por primera vez, acepta trabajar dentro de un plan diseñado desde Washington, bajo fuerte influencia israelí y árabe.
  • Admite un control de armas por parte de tecnócratas palestinos: el CNAG sería una autoridad distinta a Hamás, encargada de la seguridad y la gestión.
  • Acepta vincular su poder armado a plazos verificables: el desarme se conecta a hitos claros de retirada israelí y despliegue internacional.

A cambio, el grupo intenta proteger su narrativa interna: defiende el “derecho a la autodeterminación” y la creación de un “Estado palestino independiente” como objetivos inseparables del desarme. Es una manera de comunicar a sus bases que la lucha política sobrepasará a la lucha armada.

En Israel, las reacciones muestran un panorama más matizado. Fuentes diplomáticas celebran que el plan establezca el principio de “una autoridad, una ley y un arma” en Gaza, lo que eliminaría cualquier función formal de Hamás en el gobierno del enclave. Sin embargo, otros sectores señalan que la verificación del desarme real resulta compleja. La experiencia con otras milicias en la región invita a ser cautelosos.

Riesgos, fracturas internas y posibles escenarios

No hay señales de que este proceso vaya a ser sencillo. Existen tres grandes focos de riesgo:

  • La verificación del desarme: la destrucción de túneles y arsenales requiere acceso físico, tecnología y la verdadera cooperación de Hamás. Cualquier intento de ocultar armas podría resultar en nuevas operaciones israelíes.
  • La cohesión interna en Hamás: no se tiene claro si todas sus brigadas aceptarán entregar armamento pesado. Algunos sectores militares han rechazado cualquier desarme sin garantías concretas de soberanía palestina.
  • El calendario político en Israel y Estados Unidos: Trump presenta el acuerdo como un logro diplomático, pero su viabilidad dependerá de la política interna estadounidense y de la dinámica de poder en Jerusalén y Tel Aviv.

A partir de aquí, se perfila un abanico de escenarios:

  • Un desarme parcial, que podría incluir la entrega de cohetes de largo alcance pero la retención de armas ligeras, algo que ya se ha sugerido en algunas propuestas de negociación.
  • Una retirada escalonada por parte de Israel, que estaría estrictamente ligada al cumplimiento fase por fase, con posibilidades de pausas o incluso un retroceso si la verificación señalara irregularidades.
  • Una transición política inestable, donde el CNAG ostente el gobierno formal, pero Hamás conserve influencia social y capacidad de movilización, aunque sin control sobre arsenales pesados.

Si el proceso avanza, la gran incógnita será cuánto podría cambiar la vida cotidiana en Gaza: la libertad de movimiento, el acceso a materiales de reconstrucción, la reactivación económica y la certeza de que el enclave no regrese a ser un campo de batalla.

Miradas cruzadas y detalles cruciales

Más allá de la diplomacia, el éxito del plan reside en detalles que rara vez ven la luz en los titulares:

  • quién gestionará las bases policiales en barrios clave de Gaza City
  • qué tipo de drones y sistemas de vigilancia empleará la fuerza internacional
  • cómo se controlará el registro de “armas personales” para evitar que se conviertan en redes clandestinas de milicianos.

En este sentido, la influencia de personajes como Nickolay Mladenov, al frente de la Junta de Paz, y de mediadores egipcios, cataríes y turcos es más significativa de lo que se reconoce públicamente. Serán ellos quienes tengan la tarea de traducir acuerdos en listas de armas, mapas de túneles y protocolos de patrullaje.

Mientras tanto, las familias de Gaza siguen lamentando pérdidas y escuchando cada sonido de un avión o un dron. Las familias de Israel, por su parte, miran al sur, cuestionándose si esta vez el desarme de Hamás será algo más que una promesa en el papel. En esa distancia entre lo comunicado y la vida diaria se decidirá si este anuncio representa un verdadero cambio o se convierte en otro capítulo más de una guerra que parece no tener fin.

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