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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (XXIII)

Ángel Sáez García 20 Jul 2013 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XXIII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Lo que más me molesta de los comportamientos concretos de los dos políticos citados no es que fueran pillados, mientras conducían sus coches, bebidos (los taxistas y sus taxis están para casos tales), borrachos, o sea, que dieran pésimos ejemplos, es decir, en plata, o a la pata la llana, que la ejemplaridad (la coherencia o congruencia) de ambos brillara por su ausencia, sino que al primero, el mentado por mí en la décima, don Roberto Sanz Pinacho, se le premiara, pocos días después de haber tenido que dimitir, por haber incurrido en una conducta censurable, con otra mamandurria o sinecura.

Seguramente, a lo largo de la historia de la humanidad, no ha habido una sola progenitora (que estuviera en sus cabales) que no diera en diversas oportunidades buenos consejos y hasta excelentes a sus hijas/os. Si esa amiga tuya se te asemeja, no solo me parecerá buena dicha lección, sino que la tendré incluso por óptima; de veras.

Las buenas (y aún mejor si son excelsas) formas nunca están de más cuando las usamos con los demás.

Has hecho bien en no reprimirte. Yo, verbigracia, abundo en tu comportamiento o te secundo cuando hago ahora tres cuartos de lo mismo y, aprovechando la ocasión, que la pintan calva, me sumo, sin ambages, a tu brindis. Por lo tanto, que vivan también todas las abuelas habidas (aunque estén criando malvas, sus espíritus respectivos vivirán en las memorias de sus correspondientes hijas —deseo y espero que, asimismo, lo hagan en las de sus hijos—, que las recuerdan) y por haber.

Te consta que, en ciertas ocasiones, trenzo mis urdiduras (o “urdiblandas”) con esparto irónico. Empero, lo que vas a leer a continuación, en el parágrafo que acabo de inaugurar, va en serio. Ojalá todos los días me enmendara la plana (como han venido a hacer los datos que se han conocido hoy en torno al paro) la realidad. Y no insisto en lo que ya sabes; esta décima fue escrita hace algunas jornadas.

Hay días en que discrepamos (esta verdad no se nos escapa ni a ti, ni a mí, ni a ninguna/o de las/os lectoras/es habituales de este blog) en esta, en esa y hasta en aquella cuestión, pero también los hay, como el de hoy, en los que coincidimos en (casi) todo. Hoy, por ejemplo, apoyo, íntegramente, sin formular objeciones (ni hallar fisuras), todos los puntos de tu moción.

Urdiré, en el penúltimo párrafo de esta epístola, algo que echa en falta mi estro en lo referente a tu hodierna moción, esto, que la tal tiene la virtud de contener un escueto programa de gobierno. A ver si hay alguien con autoridad y potestad que te hace caso y lo emula. Y es que, como adujo Concepción Arenal, “el mejor homenaje que puede tributarse a las personas buenas es imitarlas”.

Te agradece sobremanera que cumplieras con el encargo que te hizo ayer por teléfono quien te saluda, aprecia y abraza,

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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