EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXVI)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Entre gente con pitos y gente con flautas, en el jefatura de Tráfico que vas a visitar se podrá formar (ahora que aún dura el antruejo o continúan los carnavales —porque cada quien lo/s vive de una manera peculiar, a su antojo—) una formidable chirigota, murga u orfeón.
No tienes ninguna obligación, pero me vienen bien y hasta de perilla/s tus comentarios. Me he acostumbrado a ellos, porque siempre resultan para mí incentivos, ora acicates, ora alicientes.
Que sepas que el menda, que hará las veces de empleado de dicha ventanilla, no te soltará el título que puso “Fígaro”, Mariano José de Larra y Sánchez de Castro, a uno de sus artículos: “Vuelva usted mañana”, sino “aunque no me haga ningún comentario, le ruego encarecidamente, que, dadas las circunstancias, quiero decir, los benéficos efectos que obra en mis ojos (y en el resto de mi anatomía) contemplar su presencia, vuelva usted a pasarse por aquí también mañana”.
¡Bienvenida, bienhallada y bienhadada intuición! Te confirmo (no porque sea un obispo ni un enviado por el susodicho a tu parroquia para hacer las veces del tal) o ratifico que dos de las flechas (ni que fueras un Cupido adelantado, de víspera) que has disparado con tu arco han dado de lleno en el blanco o centro de la diana, porque nuestra madre ya ha quedado con mi hermano Eusebio para que la lleve mañana en su coche (el de mi hermano, que ella y yo seguimos usando el de san Fernando) a la peluquería; y, antes de comer, ha hecho lo que aduces, regañarme por portar este menda en la mano el termómetro con el propósito de usarlo, a fin de comprobar si ella tenía o no fiebre.
Me consta lo que no se te escapa, que no todos los Nicolases son unos caraduras ni se comportan de igual guisa, mutatis mutandis, como hacían aquellos prestidigitadores fulleros que surcaban el río (y no me río; bueno, sí, sí) Misisipi, que se guardaban y sacaban en un visto y no visto los ases de debajo de las mangas de sus camisas.
Aquí, en Tudela (y en Calahorra —Ebro arriba—, que de la trata de blancas, por lo que se lee, oye y ve, tampoco se priva o ahorra), la noticia estrella es el operativo que la Guardia Civil ha montado para desarticular una red pakistaní que cometía más de un delito.
Déjame darte hoy, a ver si consigo hacerlo con un ápice o pizca de arte, al menos, ración doble de agradecidas gracias: porque me has sorprendido grata e inopinadamente con tu poema, que no esperaba (ni que me salieras en tu comentario con versos dirigidos a mi persona), pero que ha agradado tanto a mis ojos externos, de fuera, como a los cordiales, de dentro. Espero y deseo que a tu doña, que logra fundir con gracia en su nombre de pila el sol con el o la mar, le hayas procurado (hecho llegar) los suyos. Y ella haya hecho lo propio (si no ha sido con versos, buenos sustitutos habrán sido los besos, seguramente) contigo.
¡Feliz Día de los Enamorados (elijáis disfrazaros o lo dejéis para mejor ocasión, porque sé que está lloviendo en Logroño, en Tudela y en buena parte de la piel de toro puesta a mojar)!
Te saluda, aprecia, agradece (hoy la ración es doble) y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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