EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCL)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Si no conviene generalizar, no hay que hacerlo. Aunque tropecemos un día sí y otro también en la misma piedra y caigamos un día sí y otro también en la cuenta de que no conviene generalizar y, por lo tanto, no hacerlo, seguramente, como los seres humanos somos animales de costumbres, seguiremos, erre que erre, cometiendo el/los mismo/s yerro/s hasta la laude.
Como bien dices, el jurado, el juez y ellos (los padres penados, poco apenados, porque no tuvieron los redaños de reconocer en el juicio la verdad judicial, que fueron ambos, al alimón, los autores del filicidio) sabrán.
Participo de (o me sumo a) la misma empatía que brindas y diriges a Dolores Vázquez (recuerdo haber escrito, al menos, una décima sobre el injusto asunto en cuestión).
No solo tú. Todos podemos ser (y somos, dependiendo de la suma de las circunstancias) ángeles y demonios, los stevensonianos doctor Jekyll y señor Hyde. Si alguien nos conoce el día que tenemos un humor de perros qué dirá de nosotros.
Como la ciencia evoluciona a pasos agigantados, lo que hoy vemos poco probable (hallar un repuesto para el cerebro) acaso pronto sea una realidad.
Por cierto, ignoro si has leído “La lengua del Tercer Reich”, del filólogo alemán Victor Klemperer. Si no lo has hecho, te recomiendo encarecidamente que pases la vista con atención y detenimiento por el párrafo que he seleccionado y sigue a continuación. Ya me dirás qué te dice. Acaso sea, poco más o menos, tres cuartos de lo colijo, en concreto, sobre lo que lleva acaeciendo meses y aun años en la Catalunya de los menos indicados para gobernarla, Mas y sus secuaces: “Pero el lenguaje no solo crea y piensa por mí, sino que guía a la vez mis emociones, dirige mi personalidad psíquica, tanto más cuanto mayores son la naturalidad y la inconsciencia con que me entrego a él. ¿Y si la lengua culta se ha formado a partir de elementos tóxicos o se ha convertido en portadora de sustancias tóxicas? Las palabras pueden actuar como dosis ínfimas de arsénico: uno las traga sin darse cuenta, parecen no surtir efecto alguno, y al cabo de un tiempo se produce el efecto tóxico. Si alguien dice una y otra vez “fanático” en vez de “heroico” y “virtuoso”, creerá finalmente que, en efecto, un fanático es un héroe virtuoso y que sin fanatismo no se puede ser héroe. Las palabras “fanático” y “fanatismo” no fueron inventadas por el Tercer Reich; este solo modificó su valor y las utilizaba más en un solo día que otras épocas en varios años. Son escasísimas las palabras acuñadas por el Tercer Reich que fueron creadas por él; quizá, incluso probablemente, ninguna. En muchos aspectos, el lenguaje nazi remite al extranjero, pero gran parte del resto proviene del alemán prehitleriano. No obstante, altera el valor y la frecuencia de las palabras, convierte en bien general lo que antes pertenecía a algún individuo o a un grupo minúsculo, y a todo esto impregna palabras, grupos de palabras y formas sintácticas con su veneno, pone el lenguaje al servicio de su terrorífico sistema y hace del lenguaje su medio de propaganda más potente, más público y secreto a la vez”.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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