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Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCLXVI)

Ángel Sáez García 27 Ago 2016 - 14:00 CET
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EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCLXVI)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Así es, como dices. Hay que sobreponerse a las adversidades, hacer de tripas corazón.

No me peta estar triste (la razón la conoces), así que agradezco sobremanera que haya (por tanto, hallar) otras buenas nuevas o nuevas buenas que vengan a atenuar el duelo y hasta alegrarme la jornada: amén de que mi primo José celebra su cumpleaños (voy a llamarle por teléfono ahora; no sea que se me pase felicitarle), hoy llega a su destino francés mi sobrina Raquel para continuar con el Erasmus; mi sobrina Rocío ha aprobado el examen de conducir (¡enhorabuena!); mi sobrina Alba ha hecho un excelente trabajo literario (considerando que tiene quince años); etc.

Que tu señera y señora suegra vaya mejorando paulatinamente.

Ciertamente, el astro (o tiempo atmosférico) también nos influye. Nos condiciona, pero no determina nuestros actos, nuestras decisiones.

Son muchos los beneficios del ajo. Algún punto en contra tenía que tener. A las rosas también les acompañan las espinas.

Como bien dices a propósito de eructar (o regoldar), en ciertas culturas está bien visto. Todo depende del punto de vista o del cristal con o por (a través de) el que uno mira.

Los Reyes Magos (que, de consuno, mancomunadamente, decidieron unirse, fundirse y adoptar la personalidad —al menos, la apariencia o el disfraz— de mi hermano Eusebio) me trajeron ayer, en tres recipientes distintos, el roscón de rigor, ensaladilla rusa y caldo. Los tres (juntos y por separado) resultaron a mis papilas, a mi paladar, deliciosos, exquisitos.

Por la tarde, sentado en el sofá del salón de casa, estuve viendo admirado, atónito, varios trucos (im)posibles llevados a cabo por los ilusionistas Dynamo (Steven Frayne) y Mago Pop (Antonio Díaz). Como los dos me dejaron pasmado, maravillado, me vi empujado por ambos a escribir la décima que he titulado “¿QUE POR QUÉ ELOGIO LA MAGIA?”, que aparecerá pronto publicada aquí.

Así pues, a veces (no necesariamente siempre), como se colige, no hacer unas cosas (leer y/o escribir, sino ver, verbigracia, en la tele varios programas de magia, que te enganchan), las habituales, propicia que vuelvas a hacer luego lo asiduo.

Creo (aunque puede que marre morrocotudamente) que fuiste tú quien en un escolio coñón (al menos, en esa parte) a una de mis décimas o epístolas viniste a hacer la lógica y, por lo tanto, acaso redundante, distinción (que, por cierto, no recoge aún el DRAE) entre la expresión (que indica un descuido) de “echarse o tumbarse a la bartola” y la (procaz) de “tirarse a la Bartola”.

Así recibo, con abrazo incluido, cada una de tus apostillas hodiernas. Puedes estar seguro de que cada uno de los comentarios que haces aquí, en nuestra bitácora, a mis textos es un obsequio impar.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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