LA INSTANTÁNEA DEL SIGLO
Después de haber experimentado tan desacostumbrado goce, esto es, después de haber disfrutado y, como lógica consecuencia, haber encomiado la instantánea del año, del lustro, de la década y aun del siglo (a mí, al menos, no me resultará extravagante que todos los jurados de los certámenes fotográficos que se convoquen a partir de hoy en el ancho mundo la premien —bueno, mejor, dejémonos de jodas y mostrémonos como lo que somos, meros monos gramáticos, serios: que los retratados se apremien a hacerla añicos por esta razón de peso, por que barrunto que pueden ser muchos los perjuicios que puede acarrearles en el futuro la susodicha o, lo que es lo mismo, pero dicho de otro modo, que ningún bien puede depararles—, que devenga multipremiada), aquí, ahí y allí, después de contemplar tan insólita panorámica de la gloria, quiero decir, a Nicolás Maduro detrás de una estelada, me ha surgido, a bote pronto, una doble pregunta: ¿Qué han pretendido los acérrimos independentistas catalanes al hacerse una “autofoto” junto al presidente venezolano? ¿Montar un pollo, quiero decir, buscar el apoyo de uno de los dignatarios que menos brilla en el orbe, por sus escasas empatía y autoridad, a un proceso separatista que no tiene ni cabeza, ni cuerpo, ni pies, ni nada de nada, porque, si damos tiempo al tiempo, comprobaremos lo que una legión de sensatos (que acaso seamos ilusos, asimismo, en otros ámbitos) intuimos, que el tal va a quedar fatal, en agua de borrajas o cerrajas, o sea, en nada? Como otros asuntos de más enjundia, más importantes, interesantes y perentorios, reclamaban mi atención, he decidido dedicar un minuto de mi preciado y precioso tiempo a hacer una rauda reflexión sobre el tema y he llegado a esta conclusión con clara vocación de jaque mate. Como se conformen con el nulo puntal de Maduro y no encuentren mejores sostenes, soportes o fautores que el que puede brindarles el oxímoron, el inmaduro Maduro, me parece que vendrá a propósito o resultará oportuno echar mano de la expresión coloquial tal para cual, pues quienes están detrás del proceso y lo acompañan en el selfie semejan fruta madura, tan maduro como el del mismo apellido, que va a caer por su poca consistencia o peso, como lo propio va a ocurrir (me lo acaba de chivar Casandra, la musa que hoy me ha sido asignada o tocado en suerte, que tiene virtudes proféticas, mediante el vuelo revelador de una alondra o calandria), por cierto, con la moción de censura de Podemos.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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