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Lúcida e inmarchitable certidumbre

Ángel Sáez García 11 Dic 2019 - 14:00 CET
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LÚCIDA E INMARCHITABLE CERTIDUMBRE

Te recomiendo encarecidamente, atento y desocupado lector (ya ella, ya él), que no seas un/a amado/a que a todo lo que argumente tu amada/o digas amén. Te recomiendo, asimismo, que no seas siempre un/a amante obediente, que no ponga nunca objeciones a cuanto arguya quien amas. Te recomiendo, por último, que, en todo momento y lugar, seas un/a amigo/a leal, pero con derecho a discutir lo que entiendes que pueden ser, si no intervienes, las próximas meteduras de pata de tu amiga/o.

Si te he hecho en el parágrafo precedente la triple advertencia o recomendación ha sido porque he llegado a la conclusión provisional (por el momento) de que ser un/a amado/a que diga siempre amén, un/a amante superobediente y un/a amigo/a pasota puede ser para alguien una estrategia, pero esta es, no me cabe la menor duda, mala, peor, pésima.

No me creo, ni harto de pacharán, que un/a amado/a vaya a tomarte, en serio, por su amado/a definitivo/a, si ve en ti a un/a excelso/a encajador/a de golpes, físicamente fuerte, pero de una debilidad de ánimo o una endeblez de carácter desasosegante.

Una pareja con futuro requiere de dos personas complementarias e intercambiables. Ambas, en momentos distintos, pueden pasar por un período de bajón moral, pero siempre van a contar y encontrar en el/la otro/a quien les brinde apoyo y ayuda, a su fautor/a.

Decirle a quien amas sí a/en todo (o no a/en todo, si eso es lo que desea) puede convertirte a ti en su esclavo/a o víctima, y a él/ella en tu dueño/a y señor/a o verdugo. Si él/ella es un/a sádico/a y tú un/a masoquista, puede ser la repanocha, miel sobre hojuelas, pero esa no es una situación normal, una relación habitual.

Cualquier persona ve la realidad desde su perspectiva o punto de vista. Su opinión puede ser enriquecida por la del otro (hembra o varón), y verse reforzada, matizada, mitigada o rebatida por el parecer del ser querido.

No es mala cosa poder contar con quien va a decirte la/su verdad, cómo ve el asunto o tema en cuestión, desde su prisma personal.

A veces, mantener una discusión, disputa o pulso argumental no es algo malo, pues puede resultar beneficioso para ambos/as.

Cuando uno/a considera que ha conseguido formar un matrimonio, pareja o tándem duradero, diuturno, con el otro (ella o él), ha de hacer todo lo posible para no ponerlo/a en riesgo, para no quebrarlo/a. Y más si ha llegado a la conclusión de que hay un adagio sueco que no se hace el tal, sino que encierra una lúcida e inmarchitable certidumbre, que una alegría compartida con la persona que amas es una alegría doble; y que una pena compartida con quien amas deviene, por arte de birlibirloque o magia, en la mitad de una pena.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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