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Debemos aspirar a ser sensatos

Ángel Sáez García 07 Jul 2020 - 14:00 CET
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DEBEMOS ASPIRAR A SER SENSATOS

Dilecta Pilar:

Creo que todos debemos aspirar a ser sensatos, porque más de una vez servidor se ha comportado de manera insensata (cuando hacía la insensatez no era consciente de que la llevaba a cabo; lo supe luego, cuando alguien me hizo saber que había incurrido en una o, tras reflexionar quien firma abajo al respecto, por propia iniciativa e interés).

De José Cadalso a mí me gustaron sobremanera sus “Cartas marruecas” (a veces, tiendo a pensar que acaso sea, de manera involuntaria, por ambas partes, en un pequeño o gran porcentaje, hijo literario suyo, por las muchas epístolas que he escrito) y su sátira “Los eruditos a la violeta” y algunos de sus poemas. Menos me petaron sus “Noches lúgubres”. En una vida corta (de escasos 41 años; como la del portuense Tomás de Iriarte, contemporáneo suyo) escribió obras que han perdurado y perdurarán en el tiempo. No leí su tragedia “Don Sancho García”.

Bueno, pero ambos (tanto tú como yo, como nuestros respectivos compañeros) nos ejercitamos en el arte de la papiroflexia u origami.

Cierto, gracias a los hados, al azar o al Dios en que cada quien crea, no todos los alumnos aspiran a ser políticos profesionales. Como considero que la labor de político (como la entendían los ciudadanos de la antigua Grecia, donde se distinguía al “zoón politikón”, el hombre que se preocupaba por el bien común, de la “polis” o ciudad-estado, del “zoón idiotés”, que solo se ocupaba de su propio bien) debe ser de clara vocación de servicio a la comunidad, por tanto, interina, provisional, no definitiva, detesto a quienes quieren seguir mamando de la teta del Estado, res o cosa pública, hoy, mañana y siempre.

Es bueno estar en buenas manos; y más bueno aún, buenísimo, entre quienes hacen que las manos de los demás devengan en mejores y aun en óptimas manos.

A los políticos, que son nuestros representantes, debemos exigirles que su comportamiento sea mejor del que es. Soy consciente de que no podemos pedir peras al olmo, quiero decir, que es meridianamente imposible que su proceder sea impecable, intachable, porque todos los seres humanos, por el mero hecho de serlo, cometemos errores, pero, insisto, hemos de exigirles, al menos, lo mismo que nos exigimos a nosotros mismos, propósito de mejora.

No, nadie me ha dicho hasta hoy, salvo tú, claro, que escribo como Santa Teresa. Sí me han dicho muchas veces que hablo como si fuera un cura.  A estos, si no conocen mis antecedentes, les suelo confesar que anduve siete inolvidables años con y entre estupendos formadores, los religiosos Camilos, que no se comportaron como lo hicieron otros muchos sacerdotes, como verdaderos y ominosos depredadores sexuales o, sencillamente, como una simple aféresis de dicho vocablo, cerdotes.

Otro (de tu amigo Otramotro).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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