QUE NO LE FALTE A NADIE SU VACUNA
¿NO TENGO PARA MÍ DE LO QUE VENDO?
Si no todos (ya se sabe: quien generaliza comete injusticia; y, además, no hay regla sin excepción), casi todos los seres humanos somos (seamos conscientes o no de ello) unos incongruentes, inconsecuentes, incoherentes, pues venimos a caer en el mismo error que achacamos o criticamos a los demás. Como no hay mejor maestro que fray Ejemplo, pondré un ídem.
Hace un par de meses, el vicepresidente estadounidense Mike Pence remitió una tribuna de opinión al diario The Wall Street Journal, y se la publicaron. Llevaba el rótulo de “No hay ‘segunda ola’ de coronavirus” (en EE. UU., se sobreentendía). En ella el político republicano se limitaba a formular un deseo más que a hacer un retrato fidedigno de la realidad económica y sanitaria del país. Pretendía dar ánimos y levantar la moral alicaída de sus conciudadanos. Pero, como cada quisque conoce: el infierno está lleno de buenos deseos, o propósitos, y el cielo de buenas obras.
Si en España alguno de los tres vicepresidentes del Gobierno de la nación o el Estado, con la misma pretensión e idéntico título, hiciera hoy lo propio (y también le publicaran dicha colaboración), tanto el abucheo como el cachondeo (me temo) serían generales. Algunos militantes de las propias filas de las dos formaciones políticas que lo conforman, PSOE y UP, seguramente (en todos los grupos humanos cabe hallar guasones, hembras y varones), se reirían a mandíbula batiente con razón.
Los más de ochocientos rebrotes actuales y los avisos de obligatoria e inexcusable cuarentena a los españoles que viajen a determinados países (grupo al que cada día que pasa se van sumando más) y a los ciudadanos que regresen a esos países, tras pasar sus vacaciones en algunas CC. AA. de España, verbigracia, están haciendo, más que pupa, polvo al turismo nacional, el 12% del Producto Interior Bruto, PIB.
Al hacerse ahora más pruebas de PCR que en marzo y abril, eso, ha contribuido a que se identifiquen más casos de infección por covid-19 y, por ende, el número de infectados aumente. Con todo, en las diferentes CC. AA. no hay el mismo número de rastreadores (por cada cien mil habitantes) adecuado (el idóneo y necesario para controlar oportunamente los rebrotes de la pandemia).
El número de muertos ha descendido por varias razones. Señalaré dos: los infectados por el SARS-CoV-2 son más jóvenes (y muchos de ellos son asintomáticos); y los médicos saben más sobre el patógeno, sobre todo, qué medicamentos lo combaten más satisfactoriamente, mejor.
Tengo para mí que el Gobierno no ha hecho toda la labor pedagógica necesaria, pertinente. Tendría que haber persuadido, por ejemplo, a varios jóvenes que han superado la enfermedad y les han quedado severas secuelas, para que aleccionaran a sus coetáneos de los riesgos y estos tomaran conciencia de los hechos, crudos, crudísimos, y supieran, de primera mano, a qué atenerse y esto les llevara a escarmentar en cabeza ajena. Ciertamente, hay muchos comportamientos faltos de empatía, responsabilidad y solidaridad entre los jóvenes (pero, asimismo, entre los no tan jóvenes, aunque muchos se crean que aún lo son; por cierto, ¿tan difícil es llevar puesta la mascarilla como mandan los cánones y han explicado hasta la saciedad los galenos?), que deberíamos reprobar y desterrar de nuestras actitudes comunes, habituales.
Somos legión los ciudadanos en el mundo que tenemos depositada (si no toda) el grueso de nuestra esperanza en que se termine de demostrar pronto que hay una vacuna aprobada y apropiada y muchos viales de la susodicha vacuna a nuestra disposición; al menos, uno por cada civis mundi, ciudadano del mundo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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