AL DESEO SE IMPONE LO REAL
En los tiempos actuales, los que corren, en los que en el orbe reina el mismo monarca despiadado y cruel, el coronavirus, a la hora de hacer pronósticos, es toda una tentación apadrinar o amadrinar, esto es, prohijar, esa norma no escrita, pero que no deja de rular o rodar por doquier, que dice que, velis nolis, al final, ocurrirá, exactamente, todo lo contrario u opuesto a lo que les escuchemos decir que preven que acaezca equis mandatarios o representantes gubernamentales, de cualesquiera Ejecutivos del mundo no, solo lo que aseguren o aseveren que va a suceder, indefectiblemente, los del nuestro (ellas y ellos), porque esta idea ya es moneda común, corriente e intercambiable fácilmente entre ene ciudadanos de los diversos países del planeta Tierra.
Mires hacia donde mires y/o mires por donde mires, nada hace pensar que el hodierno estado de las cosas no vaya a ponerse peor o mucho peor de lo que ya lo está. Nada indica que la ley de Murphy haya dejado de estar en vigor por arte de birlibirloque.
Y es que, a la hora de elegir, entre los optimistas y los pesimistas, los que ven el vaso medio lleno y los que lo ven medio vacío, suelo decantarme y quedarme a departir amigablemente con los realistas.
Por dondequiera que uno vaya puede toparse con optimistas que, verbigracia, confían, desean y esperan que la recuperación, tras dejar atrás el confinamiento y los más de mil rebrotes activos de la ¿segunda oleada?, sea en uve (V), de victoria. Acaso no hayan asimilado aún esa lección eterna, que enseña el mero hecho de vivir responsable y sensato, de que una cosa es el deseo y otra, por lo general, distinta y aun opuesta, la realidad. Ojalá acierten, de veras; porque su confianza se verá confirmada con hechos irrefutables y satisfecha, y su deseo y su esperanza se habrán cumplido y, por ende, la sociedad entera resultará beneficiada por todo ello; pero lo que barrunto, intuyo, presiento y sospecho es que los mencionados optimistas de arriba se van a llevar, antes que después, un chasco morrocotudo. Y que conste en acta (y en el acto) que detesto ser agorero.
Más de uno, de dos y de tres dirigentes políticos en el orbe ansían con todas sus ganas y fuerzas tres cuartos de lo mismo, sendas recuperaciones raudas de las economías de sus países, porque estas servirán para ocultar y hasta borrar de un plumazo de la memoria individual y colectiva de sus ciudadanías respectivas el listado completo de los muchos errores cometidos durante la desastrosa gestión que de la pandemia del coronavirus los susodichos, pero sin nombrar, genios (uso el término con evidente ironía, por supuesto) han realizado.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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