EVITA LA OCASIÓN, SORTEA EL RIESGO
Mi difunto y piadoso padre, Eusebio, solía usar la misma sentencia breve para salir airoso, ileso, indemne, ergo, no resultar motejado de iluso, de varias situaciones arriesgadas. Para la coyuntura actual, verbigracia, de la segunda ola u oleada de la pandemia del coronavirus, por los numerosos rebrotes (identificados y rastreados bien, concienzudamente, algunos, solo algunos) que todos, unos de más cerca, otros de más lejos, sufrimos, la frase proverbial de mi pío progenitor sería (no tengo ninguna duda de ello al respecto, si aún viviera, que ya hace diecisiete años que falta) la que cuadra y/o encaja ajustada y cabalmente, como alianza en el dedo anular, con el momento hodierno: Quien evita la ocasión elude el peligro.
Está claro, cristalino, que hay quienes con su comportamiento o proceder habitual, irresponsable, irrespetuoso, falto de empatía y solidaridad, están adquiriendo voluntariamente más boletos que otras personas para que les toque en la rifa continua que, como el rayo de Miguel Hernández, tampoco cesa o deja de celebrarse (mientras no haya vacuna), el premio negativo de la infección.
Está claro, cristalino, que no hay riesgo cero. Y, de esta guisa, puede ocurrir (el azar es así de caprichoso e injusto) que los irresponsables de arriba tengan la suerte de cara hoy, mañana y el resto de los días que vivan y no se contagien nunca. Y, complementando y completando lo anterior, es posible que quien tome todas las precauciones y ponga todos los medios a su alcance para eludir el contagio, en un descuido fatal, fortuito, se infecte.
Mientras escribía el parágrafo precedente, he recordado un adagio sobre el derecho de Ulpiano, en latín, que dice como sigue: “Iuris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere, suum cuique tribuere” (“Estos son los principios del derecho: vivir honestamente, no molestar al otro y dar a cada uno lo suyo”). Puede que haya identificado al otro con su anagrama, toro. O puede que haya visto que con alterum, otro en latín, se puede formar un anagrama en castellano, multare/é. Y, si una abeja molesta al otro/toro, el coronavirus, este podrá multarla con el infierno de la infección. Para rematar este texto, como todo joven (ella o él) puede aprender a mejorar su actitud y/o ayudar a que otro, por mediación suya, la mejore, ora degustando prosa, ora saboreando verso, me he decantado por agregar a continuación este soneto, en el que su autor, el abajo firmante, se ha metamorfoseado en el patógeno de marras, el SARS-CoV-2.
HAZ CASO AL SARS-COV-2; ESCUCHA AL VIRUS
Están de mí los jóvenes pasando, / mas no está servidor emulando a ellos. / Se creen inmortales dioses, bellos. / Al que ayer infecté se halla rezando. // Quien iba a dentelladas acabando / con soles, emisores de destellos, / que no olvide la impronta de mis sellos, / pues pésimas secuelas va dejando. // Haz caso al SARS-CoV-2; escucha al virus. / Sé cauto, si alcanzar quieres la gloria. / La vida un microscópico la trunca. // Cuando fallezca yo, el coronavirus, / no sabré para qué era útil la historia, / pues nadie sus lecciones toma nunca.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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