EL DÍA QUE NOS DIMOS UN ABRAZO
Puede que mis palabras no se entiendan
Y acaso humildad huelan en las tales
Unos y otros orgullo. Son los males
Del pronto parecer. ¿Luego lo enmiendan?
¿Cuando, por el azar, tal vez se enciendan
Bombillas que derriben las letales
Verdades con marchamo de inmortales
Que en un pispás desagües se meriendan?
Si a Iris, mi amada musa tinerfeña,
Un soneto tras otro le verseo
Es porque servidor, un alma isleña,
Vuelto a Ítaca, se vio como Odiseo
El día que nos dimos un abrazo
Y nuestros corazones unió un lazo,
La flecha del amor que fue lanzada
Por Cupido, eviterna llamarada.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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