OTRO DÍA SIN ÁPICE DE PENA/GLORIA
¿LE PLACE LA VERDAD DE LAS MENTIRAS?
El primer día de agosto ha pasado incompleto (llamo así a las jornadas en las que he recordado e imaginado a quienes he amado y amo, en su diversa o variopinta gradación, pero no he visto ni he cruzado unas pocas palabras con ellas/os; sobre todo, con quien, aunque Iris es el nombre de un ser real, he metamorfoseado en una entelequia aristotélica, en mi ideal de fémina, madre y esposa), sin pena ni gloria, sin dejar un poso con peso, o sea, como otros muchos de mi viuda (que acostumbro a nombrar, genéricamente, días de na(da) o de ni fu ni fa), pues, si bien he felicitado por el aniversario de su alumbramiento a mi querido hermano Miguel Ángel, el “Chato” (todo el mundo que lo conoce lo llama de esa guisa y, por ende, no es extraño que a sus hijas, mis sobrinas Rocío y Natalia, que dio a luz Alicia, su esposa y progenitora, las nombren a veces, en conjunto, así, las “Chatas”, aunque no sean de nariz roma, que ahora mismo, por cierto, dudo si la menor lo es o no), no he hecho lo propio, como otros años antes sí hice, mandarle, vía invento de Bell, mis muchas felicidades por su cumple(años), asimismo, a Jesús Manuel Arellano Barja, excompañero de un montón de casas, casos, cosas y cosos y amigo, uno de los mejores que he tenido, y, sobre todo, a quien debo haber superado la signatura de Psicología del Aprendizaje, del CAP, Certificado de Aptitud Pedagógica, porque, básicamente, lo culminó él solito (aunque aparecen los nombres y los apellidos de los dos en su portada). Yo no contribuí a dicho trabajo, salvo al diseño o planteamiento general, por vagancia, no, porque nunca he sido un vago, sino porque otras tareas perentorias requirieron mi atención y tiempo. La verdad es que estoy muy orgulloso y satisfecho de esas labores propias y muy agradecido a Arellano, porque supo estar a la altura de las circunstancias, al quite, para echarme el capote que necesitaba, uno de los más excelsos entre los recibidos a lo ancho y largo de toda mi existencia.
He releído el primer párrafo del presente texto y, aunque creo, a pies juntillas, que he sido en todas las líneas que contiene exacto y veraz, me ha dejado y quedado, a ras de poro, la estela o el rastro de haber mentido como un bellaco. No he visto ni he departido amorosa o amistosamente con las personas susodichas, pero, cuando las he recordado o he fantaseado que estaba con ellas, a su lado, he rememorado o imaginado que algo me decían y les decía lo que fuera, ora jocoso, ora enjundioso, ora una mezcla salerosa y sutil de ambos, el “utile dulci” horaciano.
He mandado un correo electrónico, un “emilio”, con los dos parágrafos precedentes a mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, para ver qué le parecían, y me ha contestado, por el mismo canal o procedimiento, esto:
“Dilecto amigo Ángel/Otramotro:
“Todos tus días son incompletos. Hasta los que te extasiaste, estuviste y departiste con Iris lo fueron. Eso es, al menos, lo que me narraste; que, como no había ocurrido nada de nada de lo que habías ideado, como tus sueños no se habían cumplido, porque no habían devenido realidad, debías catalogarlos de ese modo, incompletos.
“Reconozco que a mí me encanta que tus días hayan sido y sigan siendo incompletos, porque, como me he hecho a leerte a diario y me place cuanto lleva tu rúbrica y leo, los completas literariamente. Puede que, si algún día son completos, estés tan satisfecho que no sientas la urgencia de completarlos o complementarlos y nos dejes a tus adictos lectores, ellas y ellos, sin nuestra ración hodierna y ‘otramotrera’.
“‘Otramotro es el pan de cada día’ podría ser el rótulo del texto.
“Un abrazo.
“Emilio González, ‘Metomentodo’”.
Puede que “Metomentodo” haya dado de lleno en el blanco o centro de la diana o puede que haya marrado estrepitosamente. El atento y desocupado lector de estos renglones torcidos, sea o se sienta ella, sea o se sienta él, (ur)dirá, si es que le brota comentar algo y le apetece comunicarlo.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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