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Son las peluquerías bibliotecas

Ángel Sáez García 11 Ene 2022 - 14:00 CET
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SON LAS PELUQUERÍAS BIBLIOTECAS

EN UN PISPÁS TE TOMA LUIS EL PELO

“(…) dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset (‘incluso solía decir que no hay ningún libro tan malo que no tenga alguna parte de la que sacar provecho’)”.

Plinio el Joven, sobrino de Plinio el Viejo, en su “Epístola a Baebio Macro”, le atribuye a su tío dicho pensamiento.

Y al lector que controle la sustancia, ella o él, no le estoy tomando el pelo. Si dicho menester se lleva a cabo, de literal manera, en las mentadas primero, eso, lo propio, también pasa, de modo literario, en las segundas.

Además de cortar bien las guedejas, ha de ser un maestro del toreo, pues ha de lidiar todo tipo de astas, de esta ganadería, la cercana, y de aquella, que queda allá, más lejos, porque une a ser distante el ser distinta.

El peluquero bien aleccionado aprende de quien llega a su terreno, o territorio, sí, establecimiento: del médico, del juez, del ingeniero; del locutor de radio y del artista; del edil, del lotero y del taxista; del jardinero fiel y del banquero; del conductor prudente y del poeta; del cura, del peón y del notario;…; al cabo de los años, ha acopiado, si atento ha estado a cuanto allí se dice, información bastante que haga digno de merecer un par de doctorados.

Si aquello que decía Plinio el Viejo, verdad irrefutable sigue siendo, que no hay libro tan malo que a una parte no pueda él extraerle rendimiento que salve de acabar incinerado, o sea, consumido en una hoguera, mudando lo apropiado, le será útil.

En todo peluquero cabe ver a un hombre que ha viajado y, si es discreto, que puede aconsejar y consolar mejor que el abogado más experto y el párroco más ducho en alma humana.

Fíjate en quien aquí tienes enfrente. Me basta con lo poco que he leído, bueno, y lo óptimo y mucho que he escuchado, dentro de estas paredes, suelo y techo, y ya ves cómo trenzo las ideas, pues no acostumbro a dar una puntada sin que la aguja deje estela de hilo.

Se adapta el peluquero pronto al medio, pues tiene una panoplia de registros.

No veta el peluquero ningún tema, pero son la política, el deporte y los fraudes asuntos socorridos.

Yo prefiero el sillón del peluquero a en el diván tumbarme del psiquiatra. Me ahorro la minuta del loquero.

Si te hallas en Tudela, te aconsejo que acudas al catorce de Herrerías (si me haces caso, acaso te sonrías) y subas donde está la biblioteca. Puede que tengas suerte y Luis te atienda, que gasta una sui géneris retranca: es un zumbón y tanto arte derrocha que en un pispás te toma todo el pelo.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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