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Cómo dejar atrás el laberinto

Ángel Sáez García 13 Ene 2022 - 14:00 CET
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CÓMO DEJAR ATRÁS EL LABERINTO

Cuando Edurne Gotor, “Metonimia”, siendo una niña de corta de edad, acudió por primera vez al cine, acompañando a sus progenitores, cinéfilos, se fijó, como el resto de los espectadores (ellas y ellos) de la película, en qué hacían y decían los actores y cómo lo decían los personajes cuyos papeles los susodichos interpretaban. Si no fue en la segunda o tercera, fue en la cuarta ocasión u oportunidad cuando Edurne empezó a interesarse por quién había dirigido el cotarro, no solo a aquel elenco de actores, sino también al resto del personal técnico y de producción, que evolucionaba detrás de las cámaras, para que la toma fuera considerada por el/la realizador/a como fetén, válida y, tras el preceptivo montaje de las imágenes, proyectada tal y como ella la veía y oía ahora en la pantalla del cine.

Si hoy en día cada vez son más las directoras de cine, las realizadoras, la razón descansa, estriba o radica en este incontrovertible quid, en que una mujer es capaz de hacer cuanto corona o culmina un varón y hasta mejor.

Si Edurne es hoy lo que otrora soñó y decidió ser, amén de otras muchas cosas más, directora de cine, es porque, además de desearlo con todas sus ganas y fuerzas, insistió con tesón en serlo. Su madre tuvo mucha culpa de ello. Elvira le dijo, más de una vez, que una mujer podía aspirar a ser de mayor lo que quisiera, si se preparaba concienzudamente para lograrlo. Le adujo que con empeño, con DES, acrónimo de dedicación, esfuerzo y sacrificio, trébede indeleble, no hubo nunca, ni hay, ni habrá jamás de los jamases nada en este mundo nuestro que sea factible y no quepa obtener antes o después.

Edurne declaró en muchas interviús lo mismo que puede leerse en sus memorias, que se consideraba una persona afortunada y hasta elegida, por haber asimilado en su niñez, a tan temprana edad, que aquello que parece imposible, que tiene las trazas de ser un desafío o reto inalcanzable, inasequible, no lo es, ya que una es capaz de conseguir que cuanto es irrealizable pueda devenir probable. Si como sostuvo Antonio Machado (por boca del maestro de su heterónimo, Juan de Mairena), “pensar es deambular de calle en calleja, de calleja en callejón, hasta dar en un callejón sin salida. Llegados a este callejón pensamos que la gracia estaría en salir de él. Y entonces es cuando se busca la puerta al campo”, una podía (si quería) inventarse, cuando se viera en dicha situación, una puerta secreta por donde salir o una ventana por la que saltar y escaparse sana y salva, ilesa, de ese brete, ese pasillo angosto del laberinto.

A “Metonimia” su audacia y su tesoro, un cofre repleto de talentos (no tan lentos como alguien, haciendo un burdo juego de palabras, sentenció; su propia pareja, en una entrevista que les hicieron a ambos, vino a reconocer la genialidad de su esposa, pues corroboró o ratificó lo que había manifestado antes, que Edurne diseñó el plano secuencia de la escena que más fama le ha reportado hasta el momento en un pispás, mientras él mantenía una conversación telefónica de no más de cinco minutos) inagotables, le han hecho ser quien es, para crítica y público, una de las mejores directoras de cine del mundo.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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