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Vacaciono en el Puerto de la Cruz

Ángel Sáez García 21 Sep 2023 - 14:00 CET
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VACACIONO EN EL PUERTO DE LA CRUZ

ME ENCANTA VER AQUÍ CÓMO EL MAR PIAFA

Las vacaciones son días sagrados, pero hay modos diversos de gozarlos. Durante esas jornadas hacer puede uno cuanto previó realizar o variar el programa a antojo propio y coronar un hecho de repente. Hay quien en vacaciones se limita a dejar de hacer cuanto planeó y ese es de disfrutarlo el mejor modo.

Si a Fernando de Rojas le hago caso, me creo, a pies juntillas, cuanto cuenta en el proemio o El autor a un su amigo (“Pero aunque no acierten, sería pago de mi osadía. Asimismo, pensarían que no quince días de unas vacaciones, mientras mis socios en sus tierras, en acabarlo me detuviese, como es lo cierto; pero aun más tiempo y menos acepto”), en prosa y, más adelante, en verso (“Yo vi en Salamanca la obra presente; / movime a acabarla por estas razones: / es la primera que estoy en vacaciones, / la otra, inventarla persona prudente, / y es la final ver ya la más gente / vuelta y mezclada en vicios de amor. / Estos amantes les pondrán temor / a fiar de alcahueta ni falso sirviente”), por la sencilla razón de que, durante los tales, yo suelo practicar el “dolce far niente”, que airean las/os italianas/os, el dulce no hacer nada; mas, si una idea original me brota, aunque este menda esté en tiempo de asueto, a seguido renglón, me nace o surge la obligación intelectual, que impone anotarla y también desarrollarla, pues, de modo ostensible, he comprobado que, luego, si sobre ese apunte vuelvo, ignoro, a ciencia cierta, sí, e infusa, qué idea encerraban las palabras que anoté brevemente en la libreta, ya que con el transcurso raudo o lento del tiempo ha devenido ese diamante en agua de borrajas o cerrajas, en nada o en nonada sin quilates.

He constatado que un montón me gusta más escuchar el mar que contemplarlo; mas, como servidor no es invidente, pongo los dos sentidos, dos, en marcha para saborear a tope cómo las olas en corceles se convierten. ¡Qué espectáculo es verlos cómo piafan!

Así que, despachado el desayuno, es decir, con el tal en el coleto, a la playa me acerco deambulando, donde, a esa hora, escasean los bañistas, pero no faltan los que auscultan cómo palpita el corazón azul marino.

Después de cenar, suelo hacer lo propio. Enfilo mis zapatos o sandalias en dirección correcta hacia el paseo marítimo, a otra playa del lugar, el Puerto de la Cruz, que yo he elegido (o que el Puerto ha escogido para mí) para un ósculo darle y buenas noches.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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