Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

A la corazonada siguió el pálpito

Ángel Sáez García 19 Feb 2024 - 14:00 CET
Archivado en:

A LA CORAZONADA SIGUIÓ EL PÁLPITO

¿Qué es, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario) de estos renglones torcidos, para los seis sentidos de tu cuerpo (si a los cinco canónicos, vista, oído, olfato, gusto y tacto, le sumas el sexto, verbigracia, la intuición) lo lógico y normal? A mí me resulta meramente imposible catar, por el sentido o los sentidos que sean, a mi amigo del alma Luis de Pablo Jiménez, y que no hayan empezado a cantar y danzar de júbilo bastantes poros de mi piel (es, poco más o menos, lo que se lee en “El principito”, de Antoine de Saint-Exupéry: “Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad!”), pues a la corazonada le llega, en un santiamén, su refuerzo, o sea, le sigue el pálpito, aunque esto no se observe a simple vista. Se lo he dicho a él varias veces (unas, de broma; y otras, en serio, de veras) en ene sueños y en la realidad, en vela, que, si él hubiera nacido fémina, este menda hubiera hecho lo indecible, incluso luchar a brazo partido, para hacerme digno merecedor de su amor incondicional, pues, en el supuesto de que lo nuestro hubiera quedado en mera amistad, colijo (puedo acertar o equivocarme) que esa hipotética circunstancia, coyuntura o situación me hubiera dejado la impresión refractaria de una inconcusa frustración o irremediable insatisfacción.

Conocí a Luis de Pablo el mismo año que a otros cinco compañeros de piso (vivíamos en uno compartido, sí, de la zaragozana Avenida de Valencia, siete, varones todos), pero con De Pablo y Calvo, “los Luises”, hice estupendas migas, mejores que con el resto. Acaso (sin tal) que los tres trabajáramos juntos varios años durante las fiestas patronales de Rincón de Soto (La Rioja) en el bar “El Andaluz”, regentado por Joaquín y Teresa, sus dueños, contribuyó decisiva y eficazmente a ello.

“Los Luises” son lo que son, amigos del alma, porque, de perfectos desconocidos, pasaron, por asiduo roce o habitual trato (pues no miente el dicho cuando airea a los cuatro vientos, por doquier, que hace el cariño), a amigos especiales, inseparables, que son los que apenas echamos de menos o en falta, por la siguiente razón de peso, porque son los que tenemos siempre en la mente, presentes, cuando no en estado de vigilia, en sueños. No marraba un ápice o pizca Ralph Waldo Emerson, cuando comparó al amigo fetén, verdadero, con una obra maestra de la naturaleza, con el sol que da la sombra más sabrosa, salerosa y/o placentera.

“Los Luises” son seres humanos, demasiado humanos y humanitarios. En materia de amistad, que un ejemplo de la mejor es la que comparto con ellos, cabe airear tres cuartos de lo mismo que predicó Pierre-Augustin de Beaumarchais en lo tocante al amor, que “demasiado es todavía poco”.

Ambos, en sus puestos de trabajo, tienen poderes limitados, pero lo ejercen del mejor modo posible; se preocupan por las consecuencias que pueden tener y tienen sus actos y procuran que los beneficios ajenos vayan de la mano o a la par que los propios, promoviendo, en todo momento y lugar, el bien común, general.

Yo no admiro a “los Luises” por lo que piensan o dicen, yo me asombro de cuanto hacen. Y estoy plenamente convencido de que, si tuvieron existencias anteriores (tras la corazonada, vino el pálpito), pues hay días en que concedo validez plausible (o, sencillamente, creo, a pies juntillas) en la metempsicosis, en la transmigración de las almas, y días en que no, ambos participaron en la guerra de Troya, y hasta en ejércitos opuestos, uno fue aqueo y otro teucro, uno tirio y otro troyano, pero tanto el uno como el otro valoró lo mismo, que entre los enemigos también cabía hallar héroes. Y es que las valerosas hazañas que protagonizaban los de un bando prestigiaban las gestas culminadas por los del otro, y viceversa. Si el abajo firmante hubiera participado en dicho conflicto, hubiera gozado un montón siendo Calcas, pero barrunto que, en el reparto de papeles que se hizo antes de que echara a andar la obra, me apuesto doble contra sencillo a que me tocó interpretar a Esténtor.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

Más en El blog de Otramotro

Mobile Version Powered by