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El parecer de Emilio tiene crédito

Ángel Sáez García 12 Mar 2024 - 14:00 CET
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EL PARECER DE EMILIO TIENE CRÉDITO

Cada vez que en la tertulia (a la que, sin contar los doce contertulios habituales —ellas y ellos—, suelen acudir a escuchar, en sepulcral silencio —este es un requisito imprescindible; quien lo contraviene es avisado una única vez, porque, a la segunda, es, velis nolis, expulsado—, más de treinta oyentes —hembras y varones—, de ordinario; muchos de los cuales tienen que permanecer la hora y media que dura la susodicha de pie) de los viernes del casino “La Fuerza”, de Algaso, Emilio González, “Metomentodo”, primer tertuliano suplente (cuando falta, por la razón que sea, algún contertulio titular, si él se halla presente en la misma, tiene preferencia sobre el resto de los que comparten su misma condición, ser suplentes y arder en deseos de ser titulares, al menos, por un día —la tal comienza, indefectiblemente, aunque en el exterior nieve o caigan chuzos de punta, a las ocho de la tarde—; y, si así lo decide, deviene, en apenas un santiamén, dicho y hecho, en titular), hace una crítica encomiástica de un libro recién publicado, que él ha leído “en dos o tres tardes”, expresión que no pronuncia Emilio a humo de pajas, no, sino con fundamento, pues esa suele ser una verdad irrefutable, apodíctica, al lunes siguiente, Justo y Leo(cadio) Ovejas, hermanos y propietarios de la librería “El donoso escrutinio”, algasianos de pro, tienen que solicitar con urgencia a Tusquets Editores una nueva remesa de ejemplares del libro elogiado por Metomentodo, porque el sábado (o el domingo, como muy tarde; pues ese día abren, porque venden también prensa) ya han agotado los quince o veinte libros que habían recibido; y les han encargado una treintena de clientes asiduos otros tantos. Eso les había sucedido, me confesó Leo, durante la última década, con cuatro libros, a los que Metomentodo había subido a los altares, tras haberles hecho él sus respectivas críticas laudatorias, y con dos autores; con “Lluvia fina” (2019) y “El huerto de Emerson” (2021), de Luis Landero; y con “Patria” (2016) y “Los vencejos” (2021), de Fernando Aramburu.

Metomentodo no es partidario de denigrar ningún libro ni a ningún autor. Le habré escuchado innumerables veces proferir el latinajo de Plinio el Viejo, que escribió en letras de molde, negro sobre blanco, su sobrino Plinio el Joven en “Epístola a Baebio Macro”: “dicere etiam solebat nullum esse librum tam malum ut non aliqua parte prodesset (“incluso solía decir que no hay ningún libro tan malo que no aproveche en alguna parte”).

Metomentodo, asimismo, acostumbra a propagar y propalar su aserto de que la peor crítica que cabe hacer a un libro es el silencio del camposanto, pues este es más afrentoso incluso que la más deleznable e injuriosa de las críticas, porque esta, al menos, demuestra bien, a las claras, que lo que el autor escribió y publicó o le editaron alguien ha hecho el esfuerzo de pasar su vista por él (haya sido correctamente interpretado por el lector o no).

Desde que leí las “Fábulas literarias” (1782), de Tomás de Iriarte, viajan conmigo (quiero decir que acarrea mi memoria) los cuatro versos octosílabos de la cuarteta que corona su Fábula III, que lleva el rótulo de “El oso, la mona y el cerdo”: “Guarde para su regalo / Esta sentencia un autor: / Si el sabio no aprueba, ¡malo! / Si el necio aplaude, ¡peor!”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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