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Verdades suminístrame diuturnas

Ángel Sáez García 03 Abr 2024 - 14:00 CET
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VERDADES SUMINÍSTRAME DIUTURNAS

ARROJA A LA BASURA LAS EFÍMERAS

Con el lento (o raudo, según la percepción, perspectiva o prisma de cada hijo de vecino, quien o quisque) transcurso del tiempo, unos antes, otros después, todos (hembras, varones y no binarios) hemos podido comprobar, de manera fehaciente, que hay verdades duraderas, que duran y duran y duran, como evidenciaba otrora, con notoria y persuasiva publicidad (engañosa o no), aquel anuncio pretérito de las pilas Duracell, en el que los conejitos autómatas de aquella marca registrada de pilas, que las portaban en sus respectivos costados, espaldas o mochilas, seguían evolucionando normalmente, mientras que los que llevaban ocultas, supuestamente, las de la competencia habían consumido su energía acumulada y habían dejado de funcionar; y verdades efímeras, que agotan su eficacia o poder en un solo día, que eso significa, precisamente, dicho vocablo, efímero, en griego clásico, que transcurre o tiene una vida real de una sola jornada.

Entre las primeras, este menda sigue considerando verdad radical y juzgando una ídem diuturna, el que acaso haya devenido o sea el adagio por excelencia del filósofo José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. Ese doble hecho (que es un binomio irrefutable para otros) de que el ser humano sea un ente social, sociable, y que la compasión y la empatía hayan echado raíces o arraigado como valores incuestionables en él, además de en el grueso de sus congéneres o semejantes, ha venido a favorecer y, al alimón, a demostrar que ese dúo o constatación par sigue vigente. No es un dato baladí o inane que tanto el “Corán” como el “Talmud”, libros sagrados para creyentes musulmanes y judíos, respectivamente, recojan en sus páginas un mismo pensamiento, que quien salva una vida salva a la humanidad entera, con palabras similares.

Entre las segundas, citaré la más reciente, una que acabo de escuchar y, al momento, ha sido oportunamente arrojada al cubo de la basura o, si se prefiere, cancelada. Se la he oído aducir o alegar a un presunto representante varón de esa corriente neopuritana de más adolescentes que jóvenes, “puriteens”, que se sienten y muestran escandalizados ante un indicio de sexo (más aparente que explícito) u otros horrendos asuntos (para las/os tales): que el porno (por no llamarlo de otro modo más crudo) les da asco. Asco sí da, sin duda, pero se dispone a redactarlo con ironía quien hace más de cuatro lustros que no lo cata o prueba: ¡Qué asco más rico!

Las personas tenemos cerca, al alcance de nuestras manos, las razones de peso para solucionar y, de esa guisa, superar todo tipo de baches existenciales: nuestros amigos. Si estos, de verdad de la buena, lo son (nunca olvidaré, salvo que se cuele de rondón por una grieta o rendija de mi pesquis el alzhéimer, qué le parecía uno, auténtico, al escritor Ralph Waldo Emerson, la obra maestra de la naturaleza), las relaciones que mantenemos con ellos (eso me acaece a mí con “los Luises”, y con Diana, Pío y Pacho, verbigracia, pues, estando a su lado, de ellos nunca me empacho) son la cordada de una escalada alpinista, la tabla de salvación tras un naufragio. Las/os necesitamos para no caer al vacío ni morir ahogados. En los momentos de máxima ansiedad o desazón insoportable, los amigos fetenes son manos de santa o santo venerable, asideros a los que podemos agarrarnos. Así que harás lo correcto, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sienta él, ora seas o te sientas no binario) de estos renglones torcidos, si cultivas el roce o trato frecuente con tus amigos como cultivas tu cacumen; tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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