¿POR QUÉ TIENE EL PONTÍFICE PRESTIGIO?
INTENTA CREAR PUENTES, NO VOLARLOS
El último viernes, nihil novum sub sole, también acudí al convento de Algaso para visitar a mi maestro y mentor, fray Ejemplo. Esta razón es tan evidente que nadie que conozca los procederes habituales de ambos osará poner en tela de juicio el hecho, pues es apodíctico, irrefutable. Sin embargo, acaso pese (sin que le pese reconocer esa obviedad) hoy más este argumento secundario, que le suele servir de apoyo o sostén al principal, para escuchar con la máxima atención posible cuanto saliera libremente por su mui o de su verbo.
Tras saludarnos en el recibidor con el abrazo de rigor y darnos la sabrosa propina acostumbrada, las dos, tres o cuatro palmadas en nuestras respectivas espaldas, le pregunté a mi guía:
—¿Qué tal le va por este valle de lágrimas?
—Procurando que algunas de esas gotas sean consecuencia de haberme reído a carcajada tendida, a mandíbula batiente; o sea, aprovechando la ocasión, que la siguen pintando calva, para reír, que tanto bien nos hace a los seres humanos. Llorar también nos beneficia, pero, lo reconozco sin ambages, tiene peor prensa que reír.
—Desde que lo conozco, hace una década y media, cuando aprobé las oposiciones y obtuve plaza como profesor de griego clásico en el Instituto de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato “Juan de Mairena”, usted no ha cambiado un ápice, ni física ni intelectualmente. Esa es, al menos, mi impresión refractaria, que no tiene una sola arruga de más en su cara, ni una sola arruga de menos en su cerebro. Y, si alguien las ha hallado, que me diga, por favor, dónde.
—Pues te aseguro, amigo, Otramotro, que cuanto he vivido en los últimos quince años de mi vida me ha ido modelando el temperamento y me ha convertido en el ser escéptico que soy, tan complejo como contradictorio; y, así, es lógico y normal que tome prestada de tu pluma esa expresión cabal, que noto que me cuadra o encaja, de que en mi existencia no ha habido un infierno, sino varios; o esa otra, shakesperiana, de que mi vida no conoció invierno, ya que los tales han sido legión, ochenta.
—Hoy, en clase, he comprobado, de manera fehaciente, que tan pernicioso puede ser el exceso de información como el defecto, su escasez; sobre todo, si no la sabes tamizar correctamente. ¿De qué nos sirve tener al alcance de la mano, en un clic, la mejor y más precisa información, si no logramos extraerle todo el jugo para aprovecharnos de él y beneficiar a la sociedad en su conjunto?
—Hasta el día de la fecha, las personas jamás habíamos tenido a nuestra disposición tanto conocimiento fetén y tanta información veraz de los diversos campos del saber. Ahora bien, entre nosotros y nuestros congéneres existe un clamoroso desacuerdo en lo concerniente al diagnóstico de los problemas que debemos resolver con más urgencia. Es más, instalados como estamos en el bibloquismo (nosotros/ellos), en la polarización pura y dura, hay discrepancias insalvables en torno a lo que los hunos y los hotros (según distinción unamuniana) consideramos problema perentorio (que haya que solucionar ya). Y, así, es meramente imposible tomar cartas en el asunto y ponerse a consensuar de qué modo podemos ayudarnos a establecer, de consuno, cuáles son los problemas que nos acucian y aquejan a todos, sin excepción.
—Entre nosotros y ellos, seamos nosotros los que seamos y ellos los que sean, se impone cruzar una autopista o autovía con mucho flujo de tráfico.
—Es una forma de verlo. Entre los hunos y los hotros yo veo un río, pero no me río de él. Tenemos que propiciar que una delegación nuestra pueda cruzar a nado a la otra orilla, y viceversa, a fin de que cada una de ellas pueda persuadir a los contrarios de la necesidad de acordar cómo construir un medio de transporte, una barcaza, verbigracia, que permita pasar a los hunos y a los hotros a la ribera opuesta. Ese es el paso previo para construir más adelante, entre ambas orillas, un puente.
—Pues me has puesto las bolas sobre el tapete verde para hacer una carambola hasta sin querer. ¿Por qué tiene el pontífice prestigio?
—Intenta crear puentes, no volarlos.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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