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¿Por qué un asunto siempre a otro nos lleva?

Ángel Sáez García 28 Ago 2024 - 14:00 CET
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¿POR QUÉ UN ASUNTO SIEMPRE A OTRO NOS LLEVA?

Como, según sostuvo Karl Raimund Popper, toda verdad es provisional, pues dura en pie mientras no es contradicha, el aserto de que la vida es un pañuelo (y un renuevo o vástago suyo, que una punta de ese moquero nos lleva a otra) nadie lo pone en tela de juicio, por la sencilla razón de peso de que no ha habido aún quien haya propuesto un argumento que lo haya refutado y, por ende, lo haya abatido del pedestal en el que sigue colocado, como verdad interina.

Hoy me he levantado de la cama recordando (vaya usted, atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, a saber cuál es el motivo desencadenante) una canción de misa con la que, durante los tres años que estuve estudiando en el seminario menor de Navarrete (La Rioja), los religiosos camilos pretendían ayudarnos a conciliar el sueño o a espabilarnos, mientras sonaba en el dormitorio común. La susodicha era “Tú has venido a la orilla” (“Pescador de hombres”), cuyas dos primeras estrofas dicen así: “Tú / Has venido a la orilla / No has buscado a sabios ni a ricos / Tan solo quieres que yo te siga.

“Señor, me has mirado a los ojos / Sonriendo, has dicho mi nombre / En la arena, he dejado mi barca / Junto a ti, buscaré otro mar”.

Bueno, pues, como dijo Albert Einstein, y no marraba, pues estaba en lo cierto, que “todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”, el abajo firmante de estos renglones torcidos reconoce, sin ambages ni requilorios, que hasta el día de la fecha desconocía que el autor de los versos de la citada canción los compuso Cesáreo Gabaráin Azurmendi (1936-1991), sacerdote y compositor español de canciones litúrgicas, como la mentada y “La muerte no es el final”, cuyas dos primeras estrofas dicen de esta guisa: “Tú nos dijiste que la muerte / no es el final del camino, / que, aunque morimos, no somos / carne de un ciego destino.

“Tú nos hiciste, tuyos somos, / nuestro destino es vivir, / siendo felices contigo,
sin padecer ni morir. / Siendo felices contigo, / sin padecer ni morir”.

La última canción, mencionada por servidor en el párrafo anterior, la creó Gabaráin, al parecer, como homenaje a Juan Pedro, un joven organista de su parroquia que había fallecido a los 17 años. A posteriori, las Fuerzas Armadas Españolas (a propuesta del teniente general José María Sáenz de Tejada, que había escuchado los versos de dicha canción durante unas exequias y había advertido que estos podían encajar perfectamente en el ámbito militar, a fin de encumbrar un momento crucial, el ceremonial en homenaje a los caídos por España) decidieron adoptar los versos de esta canción como el himno que se entona en homenaje y recuerdo de los miembros de las Fuerzas Armadas, y de los civiles vinculados especialmente con la defensa de la nación y las Fuerzas Armadas, que hubieran muerto en acto de servicio, al objeto de dar realce al traslado de la habitual corona de laurel hasta la cruz.

Y como está claro, cristalino, que el aserto con el que arrancaba este texto (que el mundo es un pañuelo, y, asimismo, su retoño, que un asunto nos suele llevar a otro) sigue vigente, sobre la peana, sin saber, a ciencia cierta, muy bien el porqué, lo cierto y verdad es que se le encargó al militar y compositor tudelano Tomás Asiain (lo he visto escrito con y sin tilde) Magaña (1922-1989) la adaptación musical de las estrofas de la composición religiosa creada por el sacerdote vasco Cesáreo Gabaráin.

  Nota bene

Bueno, pues, como, velis nolis, la vida nos sigue suministrando sorpresas sin cuento, unas positivas y otras negativas, ahí va, en primer lugar, la positiva. Aunque nos vemos poco (él reside en Barcelona), me precio de ser amigo del benjamín de Tomás Asiain, que se llama y apellida como su progenitor, Pedro Tomás Asiain, que es miembro de la Peña “La Teba” (que, como ya sabe usted, es el acrónimo de Tudelanos En Buena Armonía o Ambiente”). Y, para dar remate a esta urdidura o “urdiblanda”, ahí va la negativa. El ser humano puede ser capaz de la acción más bella o heroica, al escribir una obra musical imperecedera o llevar a cabo un hecho altruista, salvar de morir ahogado a un semejante, por ejemplo, y, como corolario inesperado, perder la vida él; y, al mismo tiempo, de lo peor, atentar sexualmente contra menores indefensos, como hizo (basta con leer lo que ha publicado el diario EL PAÍS al respecto, que habla de 17 testimonios de abusos sexuales a menores) el pederasta Cesáreo Gabaráin.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza. Casado (con la literatura —en traducción libre, literaria, “si la literatura no lo es todo, no vale la pena perder una hora con ella”, Jean-Paul Sartre dixit—, solo con […]

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