LA IMPAR REPUTACIÓN DE LA IRONÍA
NADIE LOGRA PONERLA EN ENTREDICHO
Los escritores (me refiero aquí, en concreto, a quienes se nos empañan los cristales de nuestras gafas de pasta cuando empuñamos con empeño el BIC azul a diario y/o pulsamos con las yemas de nuestros dedos el teclado de una computadora de la biblioteca pública de nuestra localidad, o de donde nos hallemos, al día siguiente, como eso hace ahora, precisamente, verbigracia, quien firma estas líneas abajo; y, cuando no llevamos a cabo ese gesto o menester, pensamos sobre cuanto vamos a discurrir o disertar; aunque yo, lo reconozco sin requilorios, formo parte de ese colectivo o grupo que componemos quienes solemos dejar constancia, azul sobre gualdo, de manera asidua, ordinaria, de cuanto hemos reflexionado, porque, si no coronamos dicha gestión o trámite, a menudo, aquello que hemos pergeñado acostumbra a devenir o quedar en agua de borrajas o cerrajas, o sea, en nada) nos hemos ganado una fama (no sé si merecida o no) de personas serias, sobrias y soporíferas.
No afirmo ni tampoco niego que el grueso de los escritores agrupados bajo ese marbete de “las tres eses” (personas serias, sobrias y soporíferas), mencionado al final del parágrafo precedente, lo seamos, pero, como muchos de los mismos somos unos seductores empedernidos, de tomo y lomo (expertos en convencer con razones de peso al lector más reacio o renuente), a veces (no sabría decir, a ciencia cierta, si son muchas o pocas; aquí cada quien hace de su capa un sayo, esto es, opina según su personal perspectiva, prisma o punto de vista), nos ponemos el disfraz de coñón o guasón en un pispás y solemos echar mano del sentido del humor (quienes nos hallamos ayunos del roce y el goce del amor nos vemos impelidos a agregar doble ración del ingrediente del humor, a fin de compensar) y usar las distintas varillas que conforman los diversos abanicos que cabe advertir, contemplar y diferenciar, dispuestos ordenadamente, en la variopinta panoplia o colección que constituyen, amén de suertuda, surtida, y hacemos el mejor manejo que nuestra inteligencia nos da a entender de algunas de ellos, varillas de los abanicos. Como la ironía, entre nosotros, se ha ganado a pulso el prestigio que merece, al que se ha hecho digna acreedora, a muchos nos da por sacarle punta y pintar con ella cuanto nos apetece o dejan.
Un día de hace muchos años a un profesor de literatura muy sui géneris le dio por aleccionar a los alumnos presentes en el aula esa mañana en torno a las figuras literarias o recursos retóricos, y, evidentemente, salió a relucir, en primer lugar, porque fue preferida y proferida por su mui o sinhueso, la ironía, que, si no marro morrocotudamente, definió aquel día así: “Figura literaria mediante la cual quien habla o escribe quiere dar a entender algo distinto (y aun lo contrario u opuesto) de cuanto se escucha o lee”.
El profesor ya había mencionado la siguiente figura sobre la que iba a perorar brevemente, el oxímoron, cuando, como el mismo rayo, levanté mi brazo y mano derecha, que apuntaba con el BIC azul que empuñaba al techo, y le argüí y pregunté:
—Si esta lección o clase nos la hubiera impartido su guía y mentor, Eusebio Arteaga Piérola, su dilecto fray Ejemplo, seguramente, nos hubiera puesto uno, oportuno y clarificador, de la ironía. ¿Por qué usted no lo ha hecho?
Y el profe contestó:
—Porque vosotros podéis ponerlos sin mi ayuda; sois unos auténticos JAPS, expresión que se usó durante un tiempo antaño, acrónimo de “jóvenes, aunque sobradamente preparados”, para hallarlos en el lenguaje coloquial. Empieza tú misma, Estela Goterón. ¿Cómo llamamos a la taza del váter?
—Inodoro.
—¿Qué significa?
—Que no tiene olor o que no huele a nada. Y algunos, anda, que no huelen; a tigre.
—Exacto, bien traído.
—Pon tú otro de tu cosecha, aunque no sea original.
—Acaso valga este: ¿No es una soberana ironía o paradoja que “todo junto” se escriba separado y “separado” todo junto?
—¡Chapó!
Estela Goterón, “Metempsicosis”.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home