AMOR Y HUMOR QUÉ BUENA PAREJA HACEN
He escuchado referir a más de un escritor (ella, él o no binario) en horas bajas el mismo o parecido argumento o discurso, que había perdido a su musa, y esa aciaga circunstancia, precisamente, lo mantenía sin existencias, sin género que exhibir en el escaparate de su tienda o su bitácora, verbigracia; ya que dicho extravío le impedía auscultar, de modo correcto y regular, cuanto ella le inspiraba mediante susurros, como si él se limitara, única y exclusivamente, a fungir de pabellón auricular externo, de oreja atenta, y de mano diestra, y copiar, al momento, como mero amanuense, cuanto ella le revelaba. Yo siempre he visto en ese “sin género que ofrecer u ofertar para vender” la excusa perfecta para no tener que estrujarse las meninges y, de resultas de ello, no dar un palo al agua.
Este menda, quien firmará abajo los renglones torcidos que esta urdidura o “urdiblanda” contenga, con la realidad del día a día hace tres cuartos de lo propio que llevaban a cabo las familias de los pueblos de la incivil posguerra española (y aun décadas después) con el cuto que cebaban durante el año, que, llegado el día de san Martín o san Andrés, en el mes de noviembre, lo mataban y de él aprovechaban todo (una paremia patria aún vigente predica que hasta los andares). A servidor, cuando está de bajón, la realidad le sigue abasteciendo asuntos sobre los que poder discurrir o disertar.
Esta mañana, por ejemplo, me refiero a la tierna, del día de hoy, viernes 3 de enero de 2025, cuando redacto estos parágrafos, de camino a la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, en la calle dedicada en la villa navarra al mismo autor tudelano, nada más pasar el arco de la derecha de la plaza de Los Fueros o Nueva, me he dado de bruces con Vicente, Agustín y Cía. (abreviación de compañía). Vicente ha estado raudo al quite, como el mismo rayo, y ha puesto nombre a la abreviatura, Jesús, y ha agregado que la iglesia católica, apostólica y romana consagraba dicha jornada a conmemorar el nombre de Jesús. Como el así llamado se ayudaba de dos muletas, me ha brotado pensar que así tenía yo al otro Jesús, al de Nazaret, al Dios hecho Hijo y hombre por culpa de las numerosas zancadillas que le ponía, al no ver por ningún sitio su divinidad (en todo caso, de pacotilla; yo sería otro santo Tomás o formaría parte de su cordada). ¿De qué le sirve a Dios ser Dios, si no puede demostrarlo, pues es incapaz de echar mano de los dones, poderes o virtudes características para evidenciarlo? ¿De qué le sirve a Dios ser Omnipotente y Omnisciente, si no puede callar, de ese modo, tantas bocas que ponen en tela de juicio que exista, entre ellas, la mía, que advierte en dichas capacidades divinas falta de recorrido? No se preocupe usted, atento y desocupado lector, ora sea o se sienta ella, él o no binario, de estos parágrafos, que no deseo ponerle en un compromiso, ni mucho menos que cometa una herejía; déjeme que responda yo y no me dé por ello las gracias: ¡De nada!
Antes de las siete y cuarto de la tarde, hora a la que suelo acudir al Sweet Sisters Coffee a pinchopotear con Pacho, Ricardo y Armando (pero hoy no, porque Maite/Mayte, la dueña, durante las tardes de las Navidades cierra su local para descansar; se lo tiene bien ganado o merecido), he bajado a la tienda que regenta Mustafá (no sé si lo escribo correctamente), el morico (lo llamo así, porque él ha hecho antes referencia a su persona de esa guisa) a comprar nueces. Tiene el susodicho morico un humor excelente. Así que le he aconsejado que nunca le falte. Y le he comentado la tesis que vengo sosteniendo desde ni se sabe cuánto tiempo hace, que los dos ingredientes fundamentales, imprescindibles, para seguir peregrinando por este valle de lágrimas, son el amor y el humor; el primero para comprender, y el segundo para soportar. Y he rematado el razonamiento agregando que, como a mí me falta el amor, intento suplir dicha carencia con el doble de humor.
Nota bene
Olvidábaseme de decir que, durante el breve rato de siesta, los doce o quince minutos que he estado descansando en los mullidos brazos de Hipnos o Morfeo, he soñado con un vocablo que luego he usado aquí, en este texto, escaparate, que tiene etimología neerlandesa y es un oxímoron en sí mismo: la primera parte de dicha voz, escapa, te impele a que te vayas; la segunda, parate (mera variante de párate), a que te quedes. Y uno no sabe por cuál optar; aunque, al final, se decanta por permanecer junto al escaparate, achatando la nariz contra su cristal, viendo lo que pudo haber escrito y no trenzó. ¿Por comportarse como un gandul? Quizá, quizá, quizá.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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