VARÓN DE IZQUIERDAS Y DE IDEAS FIJAS
QUE, CON EL PASO DE LOS AÑOS, PULO
Cuando que me presente raudo ruegan, en apenas dos trazos, así lo hago: Varón de izquierdas y de ideas fijas que, con el paso de los años, pulo. Como hace unas jornadas vio la luz en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, una pieza literaria en la que este menda discurría o disertaba sobre uno de sus enamoramientos, ocurrido en la capital maña, habiendo transcurrido más de tres décadas del acontecimiento, en concreto, el de Nieves, una veterinaria reconvertida en enfermera (hecho que no censuro, pues yo también empecé estudiando Medicina y me licencié en Filosofía y Letras, en Filología Hispánica), no han faltado quienes (ellas y ellos) me han escrito a la dirección de correo que más uso en Gmail para afearme mi aparente misoginia. A todos les he intentado persuadir con el mismo argumento de peso: que no fui, ni soy, ni seré nunca, mientras viva, misógino, porque me siguen gustando y poniendo un montón las mujeres, a quienes me place mirar y admirar. Ahora bien, por la educación religiosa recibida, admito un déficit, que es una rémora, que he sido, desde siempre, un evidente inexperto en el trato con ellas. Así que reconozco lo obvio, que he sufrido mucho por las susodichas, por sus actitudes y procederes; y de algunos comportamientos propios, que tuve otrora, in illo tempore, por inconcuso contagio, no estuve, ni estoy, ni estaré jamás de los jamases orgulloso. Lo confieso sin ambages ni requilorios.
Me consta que, en la actualidad, hay una clara corriente de acertado/errado y rencoroso pensamiento, que viene gestándose desde hace un lustro, y hasta una década, que trata de responsabilizar a las féminas de las muchas conquistas que han alcanzado estas, ni más ni menos que las que les correspondían, y de culpabilizarlas de lo mal que se sienten ahora algunos varones por ello.
Basta echar un ojo (en realidad, los dos, que no somos tuertos) a las numerosas encuestas socioculturales que se vienen publicando en los mass media para llegar a alguna conclusión, si no definitiva, al menos, provisional, como para el filósofo austriaco-británico Karl Raimund Popper eran, asimismo, las verdades: los jóvenes varones, hiperconectados, mal pagados y enfermos mentalmente, están, contradictoriamente, cada día más aislados, más solos. Ahora bien, esta situación no es lo que más les preocupa a los varones jóvenes; lo que les aterroriza y/u horroriza es que esto va a empeorar; ergo, les va a aislar aún más. Y las féminas coetáneas se han infectado con el mismo virus, porque están comenzando a padecer el mismo mal y, por ende, el miedo cerval a ensimismarse, a aislarse, se ha generalizado. Ellos las temen a ellas, y viceversa; y muchos interesados en el asunto, de mala fe, viendo que podían sacar buena tajada de dicho enfrentamiento mutuo, se están frotando las manos por el gran rédito que les aguarda, las ganancias que les esperan.
¿Qué está acercando a los jóvenes, ellas, ellos y no binarios, a las ideas que sostienen los partidos de la extrema derecha? Que los políticos que se decían de izquierdas, que eran su fuente de inspiración social, los han orillado, los han arrumbado. No eran atendidas sus reivindicaciones, porque no eran ni siquiera escuchados. Por los mismos canales por los que circula y se transmite el mal puede canalizarse el bien, pero esos conductos no parecen haberse usado para dicho fin. Basta con ser inteligente y diligente, o sea, aprovechar los huecos que dejan los mass media y darles un enfoque nuevo, en el que están inmersos muchos usuarios en las redes, manifiesta y mayoritariamente jóvenes, para extraerles el máximo partido, al ser estos los que se ven beneficiados o perjudicados por esos políticos que pasaban olímpicamente de ellos.
Tengo el pleno convencimiento de que el partido político que en las próximas elecciones legislativas proponga la desregulación urbanística, que se facilite el acceso a la vivienda, que los jóvenes no pueden pagar con los sueldos que cobran, las ganará de calle. Ahora bien, si eso se les prometió en las precedentes y no cumplieron su compromiso, si este quedó en aguas de borrajas o cerrajas, en nada, que se atengan a las consecuencias, porque los votos, que metieron en aquella ocasión en las urnas, en esta oportunidad van a brillar por su ausencia; así que no les arriendo la ganancia.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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