Creo que se titulaba así una canción de los Rolling, esos decrépitos ancianetes que se niegan a reconocerse como tales a pesar de su decadente aspecto de viejos verdes y fuera de contexto. Y si no fueran ellos los autores que el lector sepa disculpar mi despiste, hace demasiados años que perdí mi juventud y mi vista no alcanza tan lejos.

El caso es que el titulo me ha parecido muy adecuado para referirme al pobre diablo que pretende doblarle el brazo a Rubalcaba. Y a Zapatero, a Rubalcaba y a Zapatero a la vez. Solamente por ello le tengo simpatía. Pero son demasiados enemigos, demasiado poderosos. Y demasiada osadía la del militante sevillano, demasiada aventura. Demasiada ingenuidad, demasiada simpleza. Demasiado descaro, demasiada inconsciencia, luchar él solo contra los gigantes.
Es imposible y además no puede ser. Parece desconocer Don José Carlos Carmona las estructuras monolíticas y herméticas que aíslan a los poderosos y selectos de plebe como él y armado de dialéctica y valor pretende asaltar el palacio de invierno donde viven los zares del socialismo. Me apuesto la barba a que no consigue los avales necesarios, no hay tantos suicidas en el PSOE; me apuesto la barba a que encuentra demasiados obstáculos “democráticos” para hacerle sombra al todopoderoso. Al fin y al cabo todavía hay clases, mal que les pese a los socialistas, o tal vez precisamente por ellos, y el ascenso al poder es sólo para las castas más altas. Abstenerse “Intocables”.

El hombrico no pasará de ser una anécdota trivial, insustancial y risible. Y ello a pesar de que anuncia sintonizar con las demandas más básicas y comunes de los Indignados, ésas tan elementales y primordiales que todos aceptamos como buenas, independientemente de nuestras orientaciones políticas, ésas que han conseguido miles y miles de simpatizantes por toda España y sus redes sociales habituales, las mismas peticiones que han pasado desapercibidas para la nomenklatura.
Siento simpatía por este pobre diablo, siempre he sentido afecto por el débil, por el perdedor, por el friki de la clase al que todos sacudían en cuanto el maestro se daba la vuelta. Éste pobre socialista cree que va a vencer a los empresarios. Del Poder