La historia se repite y parece que los partidos no son capces de ganar una elección si no es porque las pierde el otro. Pasó cuando Felipe González no supo enfrentarse a la corrupción de su último mandato y arrasó Aznar; pasó cuando Aznar apoyó con gestos y hechos una guerra que España no quería; ha vuelto a pasar cuando Zapatero negó durante años la crisis que le señalaban otros socialistas como Almunia y Fernández Ordóñez.
El PP gana sólo alguno de los cinco millones de votos perdidos por el zapaterismo. Si yo fuera socialista le pediría cuentas a Zapatero en vez de dejarle ir entre palmaditas y aplausos. Ha dejado el partido hecho unos zorros y quienes le quieren (al partido) harían bien en hacer saber que no perdonan semejante destrozo. Los votos se han ido mayoritariamenete a la izquierda, ésa es España. Pendular, por otra parte.
La ley electoral prima a PP y PSOE, nunca la cambiarán, por la cuenta que les tiene, pero es una ley que favorece también a partidos nacionalistas radicales, la ley es por tanto perjudicial para España. ¿Estamos obligados al suicidio facilitando los intereses de quienes bien quieren destruir el Estado o bien quieren chantajearlo para sacarle más y más dinero a su favor? Las amenazas de Amaiur y CiU, si bien ambas son amenazas que no tienen nada en común, estarán presentes durante la legislatura y nos marcarán a todos. Un voto en Castilla vale infinitamente menos que en Cataluña o en el País Vasco. Estamos primando a quienes quieren destuir el Estado u ordeñarlo. Ordeñarnos, pues de Castilla hablamos.
La injusta situación de IU y de UPyD no es sino un aldabonazo en la frente de los regidores de una nación sin que nadie quiera reaccionar, todos sometidos a la dictadura de lo políticamente correcto y a la de las conveniencias egoístas de PP y PSOE. Sólo reaccionaremos si algún día la injusticia nos pusiese en una situación de extrema gravedad o si afectase a los dos grandes partidos. Mientras tanto España puede esperar y los partidos minoritarios, injustamente tratados por la ley electoral, son… nadie, nada, dos ceros a la izquierda, nunca mejor dicho.
Dicen que España va a cambiar. Lo creeré cuando desaparezcan determinados programas de televisión, y no sólo hablo de «La Noria», porque la educación de los ciudadanos les deja sin espectadores. Ah, y cuando no haya adoctrinadoras teles públicas que pagadas con mis impuestos estén con el espinazo doblado ante el cacique regional.