Mi dulce vecina y yo

Generalmente mi vecina era elegante y vanidosa, siempre excesivamente maquillada y demasiado perfumada. Sin embargo tenía la mirada más basta que jamás había visto. Era necesario ser muy valiente para mirarle directamente a los ojos. Ni siquiera sé de qué color eran, tal vez negros… muy oscuros en cualquier caso.

Era rubia, con una melena rizada que le caía a lo largo de la espalda. Tenía unos hombros demasiado anchos y unos brazos demasiado fuertes, siempre supuse que de más joven había practicado habitualmente la natación Pero aunque u aspecto en conjunto era desagradable y un poco amenazador ella era una gran persona. Si alguien tenía un problema ella era la primera en ofrecerse y preguntar en qué podía ayudar. De hecho hasta nos hicimos amigas, salimos varias veces de compras e incluso intercambiamos esos secretos íntimos que se cuentan las buenas amigas.

Hace un año le pedí el favor de abrir la puerta de mi casa a un fontanero que venía a arreglarme la caldera del agua caliente. Yo tenía que salir urgentemente a la estación a recoger a mi novio.

– Pero no llames a nadie, mujer, si mi marido te lo arregla en un periquete, es a eso a lo que se dedica –me dijo

¡Su marido…! Yo jamás había visto a ningún hombre salir o entrar de su casa…

– Bueno –acerté a decir- no me gustaría molestarle ni causarle trastorno

– No te preocupes, vete sin problemas, en menos de una hora ya lo tienes solucionado todo, verás.

Mi novio iba a llegar de un momento a otro, yo ya debía estar en la estación y no tenía tiempo de andar dudando, así que salí disparada a la estación. Cuando ya estaba llegando sonó mi teléfono: “Cariño, no tengas prisa, ha habido problemas y nos queda todavía una hora de camino”

militares0607Volví a casa con algo de malhumor, subí los dos pisos sin ninguna prisa y nada más abrir la puerta me encontré con mi vecina que estaba arreglando la caldera. Llevaba pantalones cortos y una camiseta de tirantes. Sus brazos llenos de vello, sus piernas musculosas y sus asquerosamente visibles glúteos no me dejaron duda: la peluca rubia que descansaba sobre la lavadora era suya.

Él se echó a reír, yo me he enrolado en el ejército.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

Lo más leído