Muy buenos días, señores oyentes, les confieso que había empezado a escribir para ustedes otro trabajo distinto al que ahora les voy a ofrecer. Eran unas líneas nostálgicas y presuntamente poéticas sobre el mes de septiembre, el otoño que se nos avecina y la luz dorada propia de la época. Con el permiso de ustedes lo dejaré para mejor ocasión, para cuando no sepa qué escribir, por ejemplo.
(Mi colaboración semanal con Onda Cero Palencia)
Porque debo decirles que me ha llamado la atención que las fiestas de San Antolín nos hayan dejado dieciocho toneladas de basura más que el año pasado. No digo que hayamos producido 18 toneladas de basura, no, no, sino 18 toneladas más que el año pasado, dejadas por los consumidores en las zonas de tapas de la feria. En dos palabras: “Im-presionante”. Palillo a palillo, servilleta de papel a servilleta de papel. ¿Alguien se atreve a calcular cuántas cabezas de gamba entran en 18 toneladas de basura? Insisto: Somos 18 toneladas de basura más ricos que el año pasado. ¡Y eso con un gobierno en funciones, oigausté!
El caso es que medimos nuestra riqueza no en lo que tenemos, sino en lo que despreciamos, en lo que tiramos al suelo -siempre me ha llamado la atención esta marrana costumbre de los bares españoles- o en lo que dejamos en el plato para que los camareros lo echen en la basura. Iba a preguntarles a ustedes si es que había venido el exministro Soria a gastarse su nuevo sueldo a Palencia, pero ya que parece que ha renunciado tal vez sea que los palentinos somos más ricos que las Kardasian. El caso es que se nos van las pesetas, ya, bueno, vale, los euros, por las costuras de nuestra vida de ricos epulones. Lo demuestra nuestra basura, nuestra suciedad, nuestra mugre.
No faltará quien piense que después de San Antolín nos quieten lo bailao, pero si levantamos un poco la vista de nuestras narices se me ocurren más maneras peculiares de demostrar nuestro desarrollo social y económico… Podíamos, por ejemplo, hacer una clasificación de ciudades con más comercios cerrados, de campos desindustrializados o de cuántas regiones hay en España en las que el nuevo curso escolar empiece con seiscientos niños menos. Oiga, seiscientos y pico niños menos… ¿sabe la autoridad competente lo que significan seiscientos niños menos? ¿Y a qué esperan para remediarlo? Tengan en cuenta que eso son muchas toneladas de basura menos en los sanantolines de dentro de unos años… “traduzcamos” esos niños a toneladas de basura, aunque haya que descontar los que estadísticamente se van a ir a Madrid, Bilbao o Barcelona por falta de trabajo en su pueblo, que es el mío, el de todos ustedes.
Ustedes perdonen, me estaba volviendo pesimista y empezaba a hablarles de la vida real. Disculpen y aprovechen las mañanas templadas, el perfume que las doradas tardes empiezan a dejar sobre las viejas encinas del monte El Viejo; el otoño es la estación de Palencia, cuando la temperatura es más humana y el paisaje se ennoblece de hojas marrones y laderas de color de bronce…
Bueno, señores, les dejo; seiscientos niños menos entran este año a las escuelas de esta vieja Castilla y a nadie le preocupa la despoblación y el envejecimiento. A este paso no van a quedar niños para recoger basura en las ferias de tapas de dentro de unos años. Ni para emigrar a Bilbao.
Y si quieren más guerra en twitter les espera @pedrodehoyos que se despide de ustedes hasta la semana que viene, si el tiempo y la autoridad lo permiten.