No, no me he leído la sentencia detenidamente, esa sentencia que ustedes saben, ni detenidamente ni sin detenerme. No tengo ninguna formación jurídica, no he pasado semanas escuchando a los testigos de la acusación, ni a los de la defensa; no he oído tampoco a los acusados ni a la denunciante, no conozco los argumentos de la acusación ni de la defensa. No tengo ni de lejos tanta información, tantos datos ni tan precisos como las personas que asistieron al juicio. Quiero ser comedido y escoger bien mis palabras. Solo he seguido las informaciones, siempre parciales, a veces contradictorias, de las agencias de prensa y medios de comunicación. Todo ello me lleva a ser muy cauto pero a sentir el dolor de la víctima y a no comprender dicha sentencia. (Mi colaboración semanal con Onda Cero Palencia)
Y es que no consigo entender que si cinco hombres encierran a una joven contra su voluntad en un portal, para asaltarla, por muy borrachos que estén los cinco… o los seis, la sentencia sea la que ha sido, no lo entiendo, me duele. ¿Cuánta violencia en los asaltantes es necesaria para que la Ley diga que es violación y no abuso? ¿Quien hizo esta ley? ¿No fue un ministro de los llamados progresistas? ¿Dónde está el progreso? Urge cambiarla, urge deshacerse al menos de esta parte. ¿Con esta sentencia, el más tonto del pueblo, ya saben que en todos los pueblos hay alguno y a veces varios, no podría pensar “ancha es Castilla”?
Pero es que hay muchas cosas que no comprendo en este mundo, en esta vida, en esta sociedad. ¿Esta sociedad que sale en masa a atacar esta sentencia, a mí me parece que de manera demasiado emocional, es la misma que celebra esas imágenes de los últimos sanfermines en las que una chica subida a los hombros de algún amigo y visiblemente empapada en vino muestra sus pechos a la multitud y se deja manosear por una masa borracha, infecta y seguramente maloliente? Y todo ello con general alegría y disfrute de todos los presentes, oiga. Les advierto que esas fotos no son producto aislado de una circunstancia casual, pasajera y momentánea, sino que se han repetido en los últimos años sin que nadie se escandalizara, yo lo tengo publicado en mi blog, hace ya dos o tres años… Eso estaba aceptado socialmente, al menos estaba tolerado, a nadie parecía machismo, nadie lo criticó, allí había centenares de señores y señoras, maduritos y talluditos todos, que festejaban con grandes risotadas la ocasión. ¿Eso no es machismo, no es ataque a la dignidad de la mujer? ¡Pues bien ha callado la masa social! ¿Dónde está la coherencia? Discúlpenme si no me fío de las masas. Nunca o casi nunca.
Porque son las masas las que han elevado a la cumbre de la música pop, moderna, actual o como se les ocurra a ustedes llamarla, a un señor llamado Maluma. Confieso mi absoluta y total ignorancia, confieso que mis limitaciones culturales me habían impedido saber de él y de sus cualidades musicales hasta hace cuatro días. ¿Cualidades musicales? Sí, según las masas enfervorecidas de sus conciertos, según sus seguidores multitudinarios.
¿Cuántos seguidores de esta joyita se estarán manifestando contra la famosa sentencia? Porque en definitiva es la misma sociedad la que acude en masa a los conciertos de este… de este prenda colombiano. ¿Queremos acabar con la despreciable violencia machista y compramos las canciones (oiga, ¿”canciones”?) de este tipo? ¿Nos gastamos millones en campañas contra los feminicidios y por el respeto a la mujer y al mismo tiempo sus canciones baten récords? ¿Quién me puede negar que esta sociedad es estúpidamente contradictoria? Si no lo remedian los miles de firmas que hay por ahí, Maluma cantará en Palencia, pero es que si no lo hace en Palencia lo hará en otro lado. Porque solos gilipuás, muy gilipuás y este individuo vive a cuenta de estas canciones y del dinero de sus miles de seguidores.
No sé, “no lo sé porque lo ignoro” decía alguien alguna vez, si habrá dinero público para este pájaro o para la empresa que promueva su concierto, pero ni un céntimo público, ni un céntimo de peseta, debería ir a sus bolsillos. Al contrario, todo lo recaudado en sus conciertos debería ir a la campaña contra la violencia de género, en pro de la dignidad de la mujer. ¿A que no hay lo que tiene que haber?
Más contradicciones… Hay partidos que rechazando desde la raíz a este “músico” y sus letras violentas no pide la anulación de este concierto porque sería poner en peligro la libertad de expresión. Llevo 22 años escribiendo en público, sé muy bien lo que es la libertad de expresión, sus fronteras y su carencia. Pero todas las libertades y todos los derechos tienen su límite, deben tener sus límites, que son el derecho de los demás, las libertades de los demás, la honorabilidad de los demás, su dignidad…, no se puede permitir determinadas cosas en nombre de la libertad de expresión porque hay valores más sagrados; la libertad de expresión no puede ser un cheque en blanco.
Y sí, sí, ya sé que con esto me voy a ganar unos cuantos capones de algunos oyentes. Pero la cultura machista, ( y no me refiero a los hombres que no ponen la mesa, que no hacen la compra, no, no, no es eso) …la cultura de la supremacía machista no puede ser combatida con unos anuncios en televisión, a todas luces ineficaces, mientras al mismo tiempo cuenta con el apoyo publicitario de quien canta, y vende, caray, que lo vende, su misoginia, o al menos hace de ella su sustento económico. O la sociedad defiende una cosa o la otra.
Ya les digo que, en general, me disgustan las masas. No siempre suelen pensar y se las mueve fácilmente. Con el político apropiado, con el mensaje apropiado. Con el tuit apropiado.
Hasta la semana que viene, señores, que encontraremos otra cosa pa’ echar una parrafada.