Satanás en Segovia

Dejemos las cartas boca arriba: soy católico, integrante de esta minoría española acostumbrada en los últimos tiempos a los desprecios y a las ofensas de seres intelectualmente superiores que nos consideran restos medievales, ratas de sacristía y meapilas. Somos objeto cotidianamente de sus diatribas, en privado y en actos públicos. No hay nada más progre que meterse con la religión en una entrega de premios de actores. Salvo que sea alguna religión animista, animalista o… o esa otra religión en la que está usted pensando.

Pero la oposición de un grupo católico al monumento del diablo en Segovia, del acueducto de Segovia, no la entiendo. Creo que los católicos deberíamos estar en otros asuntos y no dar imagen de medievales, ratas de sacristía y meapilas. Desde pequeño, desde mi infancia en pleno franquismo, he conocido el monumento al diablo del que “disfrutan” en Madrid sin que nadie se rasgara las vestiduras, grandes cardenales y poderosas organizaciones católicas incluidas. Cero ofensas.

La tradición, la leyenda que adorna la historia real del acueducto, nos habla de que el diablo construyó esa maravilla romana en una noche “comiéndole el coco” a una joven segoviana. ¿Deberíamos luchar contra esa leyenda tradicional? ¿Deberíamos combatirla, deberíamos prohibirla?

Nadie pretende homenajear al demonio. Al mal. A Lucifer. Al ángel caído. Al contrario, esa estatua a Satanás haciéndose un selfie es un permanente recuerdo de la historia de la ciudad, un homenaje a sus constructores, un atractivo para el turismo, una curiosidad que añadir a las piedras, a la gran historia de Castilla y al cochinillo. Otra cosa es que el escultor haya estado más o menos acertado.

¿De verdad hay que censurar la leyenda del acueducto y ocultarla, no vaya a ser que nos endemonie? O no vaya a ser que… ¿Que qué, oiga, que qué?

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Pedro de Hoyos

Escribir me permite disfrutar más y mejor de la vida, conocerme mejor y esforzarme en entender el mundo y a sus habitantes... porque ya os digo que de eso me gusta escribir: de la vida y de los que la viven.

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