Dicen que en España no cabe un tonto más.
O también que en nuestra piel de toro (islas y ciudades autónomas incluidas) hay más tontos que botellines.
Lo cierto es que como todos sean del estilo del ministro de Consumo, el país se puede ir directamente al guano.
Porque la última ocurrencia de Alberto Garzón al frente de su departamento no tiene que ver, precisamente, con buscar soluciones para el problema de la alta factura de la luz.
Su ‘iluminada’ mente ha parido esta propuesta, ir contra la publicidad de los dulces de los más pequeños de la casa:
Obviamente, la propuesta del titular de Consumo iba a recibir cumplida respuesta y uno de los que se ha puesto manos a la obra ha sido Carlos Herrera.
El director de ‘Herrera en COPE‘ definió las ‘genialidades’ que emanan del magín de Alberto Garzón como unas auténticas «albertadas»:
Alberto Garzón, el ministro de Consumo del Gobierno de España, ha vuelto a poner en marcha la máquina de prohibir, ahora le ha tocado a los anuncios de los dulces para los niños.
Lo primero de todo es un mensaje tranquilizador de servicio público. Alberto Garzón está bien, sus constantes vitales son estupendas, en las cerebrales puede haber dudas. Estaba en paradero desconocido, pero ha sido visto de nuevo y en perfecto estado, lo cual ya nos quita inquietud.
A Carlos Herrera le ‘maravilla’ la finalidad para la que se ha creado en realidad el Ministerio de Consumo:
Ahora ha anunciado una nueva ‘albertada’, prohibir la publicidad de bollos, helados y chucherías para los menores de edad. Primero se metió con el chuletón de los padres y ahora con las galletas de los niños, y para eso se ha montado un Ministerio de Consumo.
No está en contra el periodista almeriense de esa lucha contra la obesidad, pero sí que discrepa de los modos utilizados, de meter una cuña comunista en toda acción que se realiza desde ese ministerio:
Está muy bien advertir sobre la obesidad infantil porque es un problema muy serio y grave en todas las sociedades occidentales y es razonable señalar las relaciones entre los hábitos de consumo, de fabricación, de embalaje en un mundo sometido a una tensión ambiental evidente, pero eso es otra cosa, frívola, totalitaria, como es habitual en cualquier buen comunista. Y Garzón lo es.
Y arremete contra los ataques a la industria por parte del Ejecutivo socialcomunista:
En tiempos de crisis como este no se puede agredir gratuitamente a cualquier sector industrial, ya sea el de los dulces, el de ganaderos o el de fabricante de coches. No se puede agredir y no andar con proyectos de ingeniería social, que este Gobierno lo empapa todo. Es decir, lo que tienen que creer, comer, beber, sentir, votar y por qué agujero hay que meter lo demás.
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